Sobre el voto militar

Por Manuel Hernández Villeta

A Pleno Sol

Es una idea alocada y afiebrada plantear que los militares y los policías voten en las elecciones. Los integrantes de los cuerpos armados tienen que ser apartidistas y respetuosos de las órdenes del poder civil.

La historia dominicana está tachonada de lo trágico que ha sido  la incursión de los militares en el partidismo. El hombre de cuartel debe seguir con sus labores asignadas, sin que tenga que tomar color con los diferentes grupos que buscan el poder.

Trujillo  orquestó las zapatas y las columnas  de su gobierno en atraer a los integrantes del nuevo ejército, orquestado por los norteamericanos a raíz de la intervención militar del 1916. Joaquín Balaguer también creó sus propias fuerzas armadas, luego de la intervención militar del 1965.

En los doce años el poder militar estuvo ligado a la hegemonía del doctor Balaguer y de los Reformistas. Es un recuerdo permanente el de los militares colocando la pañoleta roja en la punta de sus fusiles. Era la forma de dar el respaldo a los coloraos  en contra del doctor José Francisco Peña Gómez.

Los militares están para defender a la Patria, no para participar en política partidista, con toda su secuela de frustraciones, zancadillas, corrupción y actos de fuerza. La institucionalidad y la disciplina de una de las organizaciones básicas del sistema, correría peligro participando en las elecciones.

La vida institucional dominicana es muy frágil. Las pasiones de los civiles por conseguir el poder no deben llegar a los cuarteles. Cierto que el uniforme no impide que en su conciencia el militar tenga noción de a quién debe apoyar, o a quien rechazar.

Los militares si se deben colocar siempre al lado de la población civil. Ya está superada la época de Trujillo en que los militares eran un ente  aislado de la sociedad. Vivían en sus propios barrios, tenían solo contactos entre ellos, y hasta era sospechoso cuando un militar tenía convivencia  con un civil.

Los familiares de los militares si tienen derecho a participar en las elecciones. Son civiles, con todas las prerrogativas ciudadanas. Nadie le puede quitar su derecho a expresarse libremente, a elegir y ser electos.

Lo más importante para las fuerzas armadas dominicanas es que se le dé el apoyo para que continúe adelante con los planes de modernización. Que se respete la ley orgánica y el escalafón de los rangos. Que a cada militar se le entregue un salario justo y que los más necesitados  sean integrados a los planes de viviendas.

No metamos a los integrantes de las fuerzas armadas en el calor de las campañas electorales, porque sobre los hombros de los uniformados  descansa mantener el orden y la tranquilidad nacional, de acuerdo con  las normas institucionales y la Constitución. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

 

Por Manuel Hernández Villeta

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