Sin nada que ofrecer y sin nada que decir

Por Florentino Paredes Reyes martes 26 de mayo, 2020

La propuesta presidencial del partido de gobierno (PLD), es una especie de candidato atípico, que mantiene a unos escandalizados, a otros asombrados y a otros sin respuestas. Viniendo de otro partido, es aceptable, pero de una escuela política como lo es el partido morado, resulta contradictorio, ya que, en veinte años de gobierno de esa organización, sus dos presidentes, han sido promovidos como hombres de grandes luces.

Antonio Guzmán e Hipólito Mejía (cuarenta, y veinte años atrás), encarnaron ese tipo de propuesta, que rompían con el esquema establecido por Balaguer y Juan Bosch: hombres de Estado, intelectuales y escritores. Tanto Guzmán como Hipólito, fueron el resultado coyuntural de un cansancio del tradicional modelo de gobernante. Las limitaciones comunicativas e intelectuales no fueron obstáculos para que esos candidatos (atípicos) recorrieran el país escuchando los reclamos y llevando sus propuestas. Sus debilidades intelectuales no fueron obstáculos para acercarse al pueblo, que los vio y aceptó como uno de ellos.

Aunque el mundo de hoy promueve nuevas formas de hacer política, nuevos estilos de trabajo, nuevos conceptos de familia, de religión, de respeto, de libertad y hasta cómo vivir la sexualidad, desde el oficialismos se empeñan en vender un desgastado prototipo de candidato, propio de la segunda década del siglo XX, no del XXI, siendo su mayor problema, no su persona, sino su propuesta.

Para vergüenza del propio candidato oficialista, tanto Antonio Guzmán como Hipólito Mejía, pudieron sentarse con los diversos sectores nacionales a explicar sus orígenes, sus programas de gobierno, sus recursos y sus sueños. Su escasa formación académica y su dificultad de expresión no fueron obstáculos para decir lo que querían para el pueblo y lo esperaban de los votantes.

El éxito de éste impróvido de la política, no le ha dado tiempo de dejar la timidez, algo que por costumbre o estatus debió superar. Su éxito le impide organizar y expresar ideas. No así empresas y proyectos. Resaltar entre sus virtudes su origen humilde, no tiene relevancia en una sociedad compuesta en toda su historia por personas de esa misma condición. Aquí todos los empresarios, médicos, ingenieros, abogados, políticos, profesores, periodistas y demás son de origen humilde.

Gonzalo Castillo es el típico candidato sin nada que ofrecer. Por eso su campaña está fundamentada en comprar conciencias con todo tipo de dádivas desde las más exageradas hasta las más ridículas. Con una propaganda abusiva y excesiva, es vendido como un ser mesiánico que está por encima de todo y de todos. Es la viva estampa del ser megalomaníaco, que ha entronizado el clientelismo como la única propuesta. No ofrece nada a los envejecientes, desempleados, emprendedores, empresarios, agricultores, profesionales de diversas áreas, pero quiere ser presidente.

No tiene nada que decir, por eso su alejamiento de los medios de comunicación, de un debate nacional con los demás candidatos, de llevar sus propuestas de gobierno a los diversos sectores que componen la vida nacional y mostrar el ser humano que es como padre, como esposo, como hermano e incluso como empresario.

Todo se limita entregar un conjunto de vanidades que intentan subsanar la pobreza más solemne que afecta este país, un clientelismo desgraciado, rastrero, infame, desalmado y asqueante, que es presentado como una acción social y como el único modo de hacer política. Es la encarnación de la ideología patrimonial de ver al Estado como una fuente de negocio, y la corrupción como una política.  Es simplemente aspirar a ser presidente sin nada que ofrecer y sin nada que decir.

Por: Florentino Paredes Reyes.

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