Sin datos sólidos de que los edulcorantes dañen la microbiota

Por El Nuevo Diario lunes 9 de julio, 2018

EL NUEVO DIARIO, Barcelona acaba de acoger el XVII Congreso de la Sociedad Española de Nutrición (SEN), un evento que ha reunido a cerca de 300 especialistas en nutrición que han debatido sobre los retos futuros de un campo que cada vez centra más la atención de todo el mundo.

Y es que cada vez está más claro que somos lo que comemos, por lo que vigilar aquello que ingerimos se vuelve un asunto crucial para mantener un buen estado de salud.

Los avances en investigación son continuos. Muchas veces estos hacen que se deban desechar ideas o teorías que se consideraban ciertas. Algo que sucede con frecuencia en la nutrición, a la que durante mucho tiempo no se le dio la importancia que merecía, lo que motiva la aparición de controversias, que sirven para hacer avanzar a la ciencia, pero que cuando llegan hasta un público más general pueden acabar generando desconfianza.

Edulcorantes y microbiota
Por eso, en el marco del congreso de la SEN se ha querido dar un espacio para hablar de un par de temas controvertidos en los últimos tiempos y ofrecer una versión de conjunto basada en las evidencias científicas.

Uno de estos temas ha sido el de la relación entre los edulcorantes y la microbiota. “Uno de los factores que incide más rápidamente en el cambio de la microbiota es el de la dieta; por eso no resulta descabellado pensar que el uso de edulcorantes podrían afectarla”, ha explicado Ángel Gil, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Granada.

Esto motivó que diversos estudios se plantearan analizar si en verdad había alguna relación, a la vista de la importancia de la microbiota para garantizar un buen estado de la salud y su relación con diversas enfermedades y patologías.

“En 2014 se publicó un artículo que desencadenaba una gran controversia, al asegurar que los edulcorantes artificiales inducían a una intolerancia a la glucosa al alterar la microbiota”, ha añadido Gil.

“Sin embargo, al analizar con detalle el estudio se observó que había sido realizado en ratones expuestos a cantidades enormes de edulcorantes, cuando en humanos la ingesta diaria admisible era muy inferior”, ha recalcado Gil, quien no ha dudado en lanzar un mensaje pidiendo calma y tranquilidad.

“Los edulcorantes que hay en el mercado han sido todos evaluados por muchos organismos para garantizar su seguridad, y no deben suponer ningún riesgo para la salud de las personas”.

Los edulcorantes disponibles para el consumo han sido evaluados y no deben suponer un perjuicio para la salud
A pesar de este mensaje, Gil ha reconocido también que hasta la fecha no se dispone de mucha investigación sobre la relación que pueda existir entre estos edulcorantes y la microbiota y que la mayoría de ellos, cerca del 90 por ciento, estaban solo realizados en modelos animales.

“Pero lo cierto es que en la mayoría de esos trabajos no se aprecian cambios en la microbiota y, si los hay, estos son marginales, con el descenso o incremento de alguna población en concreto, pero sin que se asocie con efectos adversos”.

De esta forma, y aunque la mayoría de los edulcorantes todavía no han sido evaluados de forma adecuada en humanos, Gil ha explicado que son seguros y bien tolerados siempre que se consuman de forma adecuada. “Algunos de ellos, como los de tipo poliol, incluso podrían actuar a modo de probióticos, pues al no ser asimilados acaban llegando al colon donde luego son empleados por cepas de bacterias para su desarrollo”.

Es necesario realizar más investigaciones para determinar la relación entre microbiota y edulcorantes
Aunque los estudios preliminares parecen indicar que la ingesta de sacarina por animales y humanos se ha asociado a alteraciones en vías metabólicas relacionadas con la tolerancia a la glucosa, según Gil sería necesario realizar más investigaciones. “Es posible que en el futuro haya que plantear la necesidad de llevar a cabo estudios que comprueben la relación entre la microbiota y los edulcorantes antes de su aprobación, algo que hasta ahora no se ha tenido muy en cuenta”.
Intolerancia a la histamina
El otro tema de controversia que se abordó en el congreso fue el de la intolerancia a la histamina. Carmen Vidal, catedrática de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Barcelona, fue quien se encargo de exponer este tema poco conocido hasta ahora y sometido a un gran debate.

“Lo primero es diferenciar bien entre lo que es intoxicación y lo que es intolerancia. La primera ocurre cuando se acumula en nuestro organismo una gran cantidad de histamina, lo que desencadena un problema. La intolerancia en cambio es cuando hay una deficiencia del enzima DAO, la más importante en la metabolización de la histamina”.

Según Vidal, la mayoría de los estudios apuntan a una posible predisposición genética a esta intolerancia, una teoría que está ganando fuerza en los últimos años. “Pero hay un gran desconocimiento entre los especialistas en nutrición, ya que la mayoría de los estudios suelen publicarse en el ámbito dermatológico”.

La literatura científica selaña a la predisposición genética como la causa de la intolerancia a la histamina
Al enfrentarse con esta intolerancia a la histamina, hasta la fecha existen dos aproximaciones.

La primera consiste en dietas bajas en histamina, ya que la dieta es una de las principales vías de adquisición de este compuesto. “Hay pocos estudios, como en todo en general, pero que tienen buenos resultados.

En estas dietas lo curioso es que junto a alimentos tradicionalmente considerados altos en histamina también se incluyen otros que tienen índices bajos”.

La inclusión en estas dietas de los alimentos con índices bajos de histamina se debe a que son los pacientes quienes los señalan como desencadenantes de los síntomas de la intolerancia a la histamina. “Es posible que se deba a la presencia de otras aminas, que interactúan y acaban produciendo histamina”, ha dicho Carmen Vidal.

El segundo abordaje consiste en la suplementación con enzima diamino oxidasa (DAO). “Igual que incluimos lactasa para que aquellos con intolerancia puedan consumir productos lácteos, complementando con este DAO exógena podríamos facilitar que cuando hay una ingesta baja de histamina no se produzcan problemas en los pacientes”. Los resultados son prometedores aunque los estudios no son numerosos ni cuentan con un gran número de pacientes o en tiempo prolongado.

Anuncios
Apple Store Google Play
Continuar