Si el año escolar no lo abren, ¿cuánto dinero perderían los estudiantes de hoy que serán los trabajadores del mañana?

Por Haivanjoe NG Cortiñas jueves 13 de agosto, 2020

Sin considerar el nivel de desarrollo de los países, la cantidad de días de docencia pre universitaria al año varía sustancialmente en el mundo, moviéndose en un rango que va de 162 a 219 días. Del otro lado de la cara de la moneda educativa, la calidad de la enseñanza cambia de manera significativa entre un país y otro –más aun para los estudiantes pertenecientes a los grupos sociales de menor ingreso monetario-, que ven comprometido su nivel de competencia, reflejándose luego en el mercado laboral.

En el caso de la República Dominicana, no hay que ser conocedor de la problemática educativa nacional para saber de la baja calidad en la enseñanza y aprendizaje; los resultados desastrosos en Ciencias, Lectura y Matemáticas, alcanzados en la prueba Pisa así lo indican. En Matemáticas, el país ocupó el último lugar, teniendo que buscarle una nueva clasificación, denominada “Por debajo del nivel”, en Ciencias, también en último lugar y, en Lectura, en penúltimo lugar en el mundo.

Tanto para las autoridades salientes, como las designadas que gerenciaran la política educativa del país, se enfrentaron, por un lado, a un año escolar con dificultades por la llegada en marzo de la epidemia al país y, por el otro, a que ahora, enfrentan la disyuntiva de iniciar el año escolar programado para agosto del 2020, con una situación sanitaria, caracterizada por un deterioro en el comportamiento del Covid-19 y por esa vía, a una mayor exposición a riesgos de contagio, sustentado en el crecimiento de la tasa de positividad, que supera el 34.0 % en el país.

En cualquiera de los escenarios posibles, en forma mínima, iniciar el año escolar 2020-21, implica en forma obligada disponer de una nueva normalidad para la interacción dentro del plantel escolar, que garantice una acción educativa segura en términos sanitarios. La nueva normalidad debe garantizar los estándares del distanciamiento físico, para la detección temprana de algún síntoma por Covid- 19, que los planteles escolares estén desinfectados y que en forma permanente se disponga de agua potable, jabón y supervisión permanente.

La comunidad educativa internacional conoce la evidencia empírica que sustenta el juicio de que la interrupción por vacaciones de la docencia, provoca una perdida en las habilidades aprendidas por los estudiantes en las aulas; mientras, de lo que aún no se dispone evidencia, es de la incidencia que ha estado teniendo sobre los niños y jóvenes, el cierre de los centros educativos por la epidemia del Covid-19 en las habilidades adquiridas pre-coronavirus.

La presión y los dilemas respecto a la apertura del nuevo año escolar dominicano están presente en una gran parte de las discusiones y que pueden ser resumidas en los siguientes juicios: Si no abren los colegios muchos cerrarán. Si abren los colegios y las escuelas no, la enseñanza resulta desigual e injusta. Si abren todos los centros educativos, miles de niños, profesores y personal de apoyo podrían contagiarse y un número indeterminado hasta fallecer. Si no abren las escuelas y colegios hasta que haya seguridad en términos de salubridad, los contagiados serían menos por esa causa. Posponer el inicio del año escolar hasta cuando se controle el Covid-19.

Como alternativas para iniciar el nuevo año escolar se encuentran: la docencia virtual, la radio y la televisión, basada en un programa, como Aprendiendo en Casa. Acerca de los tres medios para impartir clases a distancia, la comunidad docente está consciente de que ninguno compensa y mucho menos sustituye en forma total el aprendizaje en el aula.

Sobre las limitantes de la educación a distancia, se encuentran: que no todos los hogares tienen conexión a internet; que no todos poseen computadoras, y que en aquellos hogares con más de un niño en edad escolar, el seguimiento por parte de sus padres, resulta dificultoso; que los padres tienen que trabajar y no disponen de tiempo para atender a sus hijos en las clases y aun disponiendo, no están capacitados para manejar el nuevo escenario educativo.

En la misma línea de las limitaciones, está el tema de la forma de evaluar a los estudiantes, dado de que no existe un medio electrónico totalmente fiable que garantice el monitoreo de la evaluación al estudiante y, respecto a los medios, como la radio y la televisión, estos son vehículos que solo ofrecen una comunicación en una dirección, impidiendo la interacción bidireccional entre profesor/estudiante.

¿Entonces, ante el cierre de las clases, cuánto dinero perderían los estudiantes de ahora y trabajadores del mañana?.

En el año escolar recién concluido, se perdieron tres meses de clases a causa de la emergencia nacional dispuesta por la epidemia del Covid-19, que obligó el cierre de los centros de enseñanzas en todo el país. La paralización de las escuelas y universidades afectó a cerca de 2.8 millones de estudiantes pre-universitarios y unos 600 mil a nivel de grado y post grado, para un total de 3.4 millones estudiantes matriculados.

De posponerse la apertura para enero del 2021, como han propuesto algunos sectores de la sociedad, los estudiantes estarían perdiendo unos cuatro meses de docencia presencial, los que unido a los tres meses del año escolar pasado, totalizarían siete meses.

Conforme al Banco Mundial, en su opinión inicial y preliminar, por cada año adicional de escolaridad, el estudiante en promedio aumenta un 10.0 % su nivel de competencia y la posibilidad alcanzar a futuro mayores niveles de salarios en el campo laboral. De aplicarse el parámetro citado en sentido contrario, los estudiantes tendrían una pérdida de un 10.0 %  en sus ingresos monetarios adicionales a futuro, por la disminución en la calidad de la enseñanza y perdida de escolaridad.

Basado en el parámetro referido y considerando que el ingreso promedio nominal del trabajador dominicano asciende a RD$ 19,065 al mes, con la perdida de siete meses de escolaridad efectiva, los estudiantes de ahora, que serán los trabajadores del mañana,  tendrían una disminución de ingresos monetarios nominales de RD$ 273.0 al mes y entre esa perdida y los dejado de adicionar, de no haberse cerrado la docencia, serían RD$ 546.0 al mes y al año RD$ 3,268 o RD$ 6,536.

Si el ejercicio propuesto de carácter preliminar, lo extendemos hacia la posibilidad de que se pierda el año escolar 2020-21 completo, la perdida de ingreso nominal que tendrían los estudiantes de hoy, que serán los trabajadores del mañana, serían RD$ 1,965 al mes y al año de RD$ 23,580, los que sumados a los tres meses del cierre de docencia del año escolar pasado, la pérdida anual alcanzaría unos RD$ 24,399.

Quedan por delante los desafíos de evitar contagios en los centros educativos del país, que la calidad del aprendizaje no disminuya a causa de pérdidas en días de docencia y que los ingresos monetarios de los que trabajarán en el mañana, no mermen por razones del cierre de las escuelas. La posposición del inicio del año escolar y luego la reducción del tiempo de las vacaciones y de días feriados para clases, podrían ser opciones sobre la mesa, mientras la ciencia avanza en soluciones definitivas.

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