Serias críticas y honestas autocríticas en el PLD

Por Juan López miércoles 22 de julio, 2020

“Con afectos al amigo Euri Cabral, fanático  No. 1 del danilismo”

Se ha comprobado que “las victorias tienen muchos padres y las derrotas son huérfanas” porque, en nuestro país, difícilmente, los líderes asuman, responsable y autocríticamente, su mea culpa de una derrota.

Por lo general, los líderes proyectan en “otros” las responsabilidades de los  errores cometidos durante el proceso electoral. Tienen “la mala costumbre” de echar las culpas de sus erráticas estrategias y fallidas tácticas a “un chivo expiatorio”.

Todavía es muy temprano para desentrañar, a ciencias ciertas, las múltiples causas que, el pasado 5 de julio, propinaron el tsunami político al PLD que, de partido hegemónico en el liderazgo político de la sociedad, durante 16 años consecutivos, saldrá desalojado del poder del Estado, el próximo 16 de agosto.

Para la materialización de una victoria o derrota electoral no existen culpables individuales. En la siembra de ambos acontecimientos se constituye un “convite” en el cual interactúan activamente varios actores, mecanismos, procedimientos, actividades proselitistas, estrategias, tácticas, recursos económicos, variables psicológicas  y diversos hechos estructurales y coyunturales.

En un proceso electoral se genera una dinámica compleja y activa. Por lo tanto, asignar responsabilidad exclusiva y absoluta a un líder o a un solo acto proselitista, por grande que fuera, es una burda aberración, tal cual lo están haciendo el comunicador Euri Cabral y otros dirigentes del PLD:

“Para Danilo consolidar su liderazgo interno en el PLD y poder explicar claramente a las bases de ese partido que él no ha sido el responsable principal de la derrota electoral y convencer a la dirigencia y militancia de ese partido que los peledeístas “se van” de los empleos del gobierno, por culpa de Leonel y los antiguos compañeros que abandonaron las filas de ese partido.”  (Artículo de Euri Cabral, 14-7-20)

Esa emotiva aseveración evidencia unilateralidad en el análisis, miopía, sectarismo, fanatismo y resentimiento político que producen muchos daños, estimulan la retaliación política y pavimentan el camino que conduce a una mayor división del PLD.

Si, equívocamente, la cúpula dirigente del PLD asumiere ese tipo de aseveración política se le “daría un tiro de gracia al Partido” y le sería muy difícil llevar a cabo la necesaria reorganización y relanzamiento político del PLD.

Por eso es oportuno recordar a los peledeistas que las críticas, autocríticas y evaluación orgánica de los acontecimientos políticos y sus resultados son partes intrínsecas de los métodos de trabajo del PLD, desde su fundación.

En ese sentido, es un simplismo y absurdo político afirmar que “…los peledeistas “se van” de los empleos del gobierno por culpa de Leonel” y contentarse por la poca cantidad de votos (8.9 %) obtenida por la FP-Leonel, sin valorar otros factores, tales como la fuerte polarización PLD-Gonzalo Vs. PRM-Luis, los recursos económicos que se gastaron en estos comicios, así como el peso específico del control del gobierno y de la tradicional maquinaria electoral peldeista.

Los miembros del CP-PLD y Danilo, principalmente, tienen la responsabilidad de producir, antes y durante el próximo IX Congreso peledeista, una avalancha de serias críticas y honestas autocríticas, en las que se incluya a la dirigencia media y a los militantes de las bases para identificar las múltiples causas que produjeron este tsunami político que sacó al PLD del poder.

En ese proceso de serias críticas y honestas autocríticas, es justo y necesario reiterar que “la verdad es siempre revolucionaria” y que la presencia de la transparencia es fundamental para generar confianza y obtener positivas conclusiones y justas recomendaciones para adecuar las nuevas estrategias a implementar para el venturoso relanzamiento del PLD.

En el proceso de críticas y autocríticas peledeistas es más que obligatorio visibilizar las razones que llevaron a un importante sector de la clase media a “echar su voto de castigo” contra el PLD y las causas que impidieron a los sectores populares reciprocar con sus votos los beneficios directos que están recibiendo de los diversos componentes de la política de asistencia social que, con efectividad,  se implementó durante estos 16 años.

En esa imprescindible evaluación también hay que tomar en consideración los intereses de la geopolítica norteamericana y los efectos directos del manejo político y social de la crisis sanitaria que produjo la pandemia del  COVID-19 en nuestro país.

Es obvio que, la ácida confrontación entre Danilo y Leonel, uno por mantenerse en el poder mediante la segunda reelección y el otro por retornar, produjo múltiples quisquillas políticas y personales que  propiciaron la muy lamentable división del PLD, como consecuencia directa de las primarias abiertas y sus  cuestionados resultados del 6 de octubre del 2019.

En otra reflexión nos vamos a referir a otros factores políticos y sociales que contribuyeron con el tsunami político, que empezó el 15 de marzo con las elecciones municipales y concluyó, este 5 de julio, con los comicios congresuales y presidenciales, para finiquitar la hegemonía política del PLD, sin cumplir con el objetivo fundamental del boschismo ortodoxo: “Completar la obra de Juan Pablo Duarte”.

Por Juan López

 

 

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