Senador Adriano Espaillat frente a Venezuela

Por Miguel Espaillat Grullón sábado 18 de febrero, 2017

El proceder imperialista

Todos los países del planeta desde los inicios de la humanidad han entrado en guerras apocalípticas para apropiarse de mas territorios del que tienen, lo que lógicamente implicaba y aún concierne, el hacerse de los recursos naturales del país conquistado e incluso hasta de sus pobladores, los que un tiempo eran apresados para someterlos a la esclavitud más brutal. Este método de salvaje comportamiento, se potenció con el surgimiento de los imperios. Solo hay que darle un leve repaso a la historia mundial, para remembrar a groso modo todo lo macabro que ha sido y sigue siendo el comportamiento atroz de lo que modernamente llamamos imperialismo.

 

Imperialismo: Definición

 

Para entender mejor lo que quiero explicar con esto de “imperialismo”, transcribo dos definiciones de como un diccionario político define este término.

1- “Imperialismo es una doctrina, conducta, tendencia o sistema de aquellos regímenes que expanden su dominio hacia otros territorios, con la intención de acceder a las materias primas de estos y para encontrar nuevos mercados a sus productos, cosa que hacen empleando sin mayores escrúpulos la fuerza militar, presiones políticas y económicas directas e indirectas, tal como lo han venido haciendo las potencias europeas desde que son potencias y posteriormente los Estados Unidos de Norteamérica”.

2- “Imperialismo es la utilización del poder político, económico, financiero y militar de una gran nación, para obligar a naciones más pequeñas, débiles y pobres, a entregar sus riquezas potenciales o activas a las grandes empresas industriales y financieras de sus connacionales, para lo cual, se valen le leyes y medidas que le favorezcan, como son las aplicadas en los mal llamados, Tratados de Libre Comercio”.

 

Imperialismo: sus acciones y efectos en el mundo

 

Una vez el mundo fue víctima del cruel imperialismo romano, y más tarde del de las sucesivas potencias europeas. Lo que hoy constituye América Latina, África Negra y Asia, sufrieron y aún sufren esta salvaje forma de dominio y explotación. De estas acciones, los dominicanos tenemos amplios conocimientos. Después del “descubrimiento de nuestra isla”, España, Francia e Inglaterra, cayeron sobre nosotros y demás islas del Caribe como buitres al borde de la muerte por hambre.

 

Igual historia tienen, todos los países de Centro y Sur América, especialmente Bolivia, México, Perú y Venezuela. Bien haría el lector de estas líneas darle un repaso al libro “Las Venas Abiertas de América Latina” del fallecido escritor Eduardo Galeano, para que refresque su memoria y, en consecuencia se cerciore de lo que significa en los hechos, la praxis imperialista.

 

Eduardo Galeano, para ilustración, nos narra una acción imperialista

 

Allá en la época colonial (cuenta Eduardo Galeano), la plata de Potosí, fue durante más de dos siglos, el principal alimento del desarrollo capitalista de Europa. “Vale un Potosí”, se decía, para elogiar lo que no tenía precio. A mediados del siglo dieciséis, la ciudad más poblada, más cara y más derrochona del mundo brotó y creció al pie de la montaña que manaba plata. Esa montaña, el llamado Cerro Rico, tragaba indios. “Estaban los caminos cubiertos, que parecía que se mudaba el reino”, escribió un rico minero de Potosí: las comunidades se vaciaban de hombres, que de todas partes marchaban, prisioneros, rumbo a la boca que conducía a los socavones. Afuera, temperaturas de hielo. Adentro, el infierno. De cada diez que entraban, sólo tres salían vivos. Pero los condenados a la mina, que poco duraban, generaban la fortuna de los banqueros flamencos, genoveses y alemanes, acreedores de la corona española, y eran esos indios quienes hacían posible la acumulación de capitales que convirtió a Europa en lo que Europa es. ¿Qué quedó en Bolivia, de todo eso? Una montaña hueca, una incontable cantidad de indios asesinados por extenuación (se dice unos ocho millones), y unos cuantos palacios habitados por fantasmas. También a este respecto Evo Morales apunta: “Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre los años 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 16 millones de kilos de plata y 185 mil kilos de oro provenientes de América.

 

El imperialismo en nuestro tiempo

 

La cruel historia de las invasiones e intervenciones de los imperios para apropiarse de los recursos naturales de otros países es larga de contar. Miles de libros la narran, y aún no se agota. En los últimos años hemos visto aplicarse esta política imperialista por medios a guerras terribles que han destruido ciudades enteras y matado a millones de seres humanos sin importar que sean niños, envejecientes o mujeres embarazadas. La Guerra de Vietnam, Camboya, Laos, Irak, Afganistán, Libia, Siria, etc., han sido motivadas por la búsqueda impulsiva en pos de recursos naturales baratos. También, el asedio contra Venezuela y contra todos esos gobiernos que han surgido últimamente defendiendo su país del saqueo descrito, se inscribe dentro del accionar imperialistas sin escrúpulos ante el derecho y soberanía de los pueblos.

 

En esta saga de pueblos hermanos, la de Venezuela es excepcional. Sus enormes yacimientos de petróleo, gas natural, oro y coltan, (de las más grandes reservas del planeta) han sido para su desgracia. La codicia por estos recursos, ha convertido a este país en el objetivo primordial de las transnacionales mineras del imperio estadounidense y de europeos. No es un secreto; el petróleo venezolano antes de que Hugo Chávez llegara al poder, lo obtenían prácticamente regalado. Chávez le puso precio justo a ese recurso de su patria, entonces pasó a ser enemigo del imperio. Para ser amigo del imperio es imprescindible (condición sine qua non), permitirle a la transnacionales (cualesquiera que estas sean), que se lleven toda materia prima al precio que a ellos les dé la gana, como también dejar que Washington y sus embajadores, sean los verdaderos gobiernos del país a saquear.

 

La decisión referida del fallecido Hugo Chávez, de poner precio justo al petróleo venezolano, dio lugar al inicio de planes para derrocarlo, tal como ya lo habían hecho con Jacobo Arbenz en Guatemala, Eloy Alfaro en Ecuador, Juan Bosch en nuestra patria, Salvador Allende en Chile, Mauricio Bishop en Grenada, Fernando Lugo en Paraguay y Manuel Zelaya en Honduras, en lo que también se inscribe, como se fustigó al brasileño Getúlio Vargas hasta llevarlo al suicidio, el asesinato de Cesar Sandino de Jesús, la muerte de Omar Torrijos, e incluso, el misterioso cáncer de Hugo Chávez, que finalmente lo llevó a la muerte. También pertenece a este accionar del imperialismo estadounidense, el famoso y triste Plan Cóndor, con el que tantos patriotas jóvenes fueron asesinados, desaparecidos, encarcelados y torturados por dictaduras impuestas por el Pentágono.

 

La anterior narración, solo trata de muestras representativas de la historia que nos ocupa, pues desglosar este expediente conllevaría una enciclopedia, en la que habría de incluirse las casi cien intervenciones militares de los Estados Unidos en todo el mundo, los asesinatos selectivos, como el de Patricio Lumumba, el del general chileno Carlos Prats y el embajador Orlando Letelier. También entran en esta denominación, los asesinatos de Saddam Hussein, Muammar Gaddafi, los científicos de Irak, el asesinato de tantos jóvenes patriotas en la República Dominicana en la era de Balaguer y en otros países, y además contabilizar las tantas intervenciones económicas y financieras del imperio norteño, así como sus guerras mediáticas y de otras índoles, que han sido las causantes del empobrecimiento que han llevado a nuestra América Latina, África Negra y Asia, a que sus habitantes, acorralados por la pobreza, la represión, el hambre, las enfermedades y las injusticias sociales, entre otras lacras, hayan tenido que emigrar por millones a otros lares, donde por lo menos puedan comer a costa de lo que significa el desarraigo y la semiesclavitud en un país que no es el suyo.

 

Venezuela: Guerra económica, escasez inducida y otras diabluras

 

El “Golpe Económico y Financiero” es una estrategia de desgaste y desestabilización históricamente utilizada por los imperialismos en confabulación con la indolente oligarquía autóctona (cámaras y cúpulas empresariales del sector privado, la banca comercial privada nacional e internacional, los distribuidores y comerciantes especuladores de bienes y servicios, quienes someten al gobierno a derrocar a una guerra económica de desabastecimiento, vía el acaparamiento (escasez inducida), inflación galopante, con aumento inusitado de precios, especulación y devaluación de la moneda nacional con la inducción de un dólar paralelo; acciones estas, que al ocasionar precariedades que hacen sufrir a la población, provocan en las masas un descontento e incertidumbre generalizadas, que propician el clima de ingobernabilidad fabricado para un golpe de Estado, tal como hicieron en Chile para instaurar al dictador Augusto Pinochet. Obama llevó estas acciones al colmo extremo, cuando osó declarar a Venezuela un peligro para seguridad nacional de Estados Unidos.

 

Ataques a la Venezuela gobernada por Nicolás Maduro

 

Desde que el extinto Hugo Chávez asumió el poder el 2 de febrero de 1999, la oposición interna en contubernio con Washington, decidió derrocarlo. Es un dato fehaciente, que el “Golpe de Estado” contra aquel gobernante el 12 de abril de 2001, lo mismo que el sabotaje a Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) a partir de diciembre de 2002 y por 62 días, fueron patrocinados por los que hoy exigen al presidente Trump acciones contundentes contra el gobierno de Venezuela para salvar (según ellos) al pueblo Venezolano de una dictadura cruel que los oprime, encabezada por el presidente Nicolás Maduro. Lo paradójico de todo esto es, que cuando Chávez asumió el poder, las petroleras norteamericanas y europeas ya tenían cien (100) años llevándose el petróleo venezolano a precio de vaca muerta. Pagaban a regañadientes, no más de tres dólares por barril.

 

Con este precio tan bajo, Venezuela era un país de excluidos, de cerros con ranchos de cartón, de obreros con salarios de hambre, de niños famélicos con sus vientres llenos de lombrices, en contraste con los sanos y gordos perros de los ricos; pero sucede, que estas calamidades nunca molestaron a Trump ni a quienes hoy sugieren a ese presidente sanciones y nuevas represalias contra el gobierno democrático de Venezuela, que defiende sus recursos naturales (petróleo, gas natural, oro y coltan), de la codicia de las transnacionales mineras norteamericanas y europeas.

 

También es irónico, que los hoy supuestos defensores de la libertad y democracia de los pueblos, callaron cuando entre el 27 de febrero y 8 de marzo de 1989, se dio una insurrección popular llamada el Caracazo, ocasión en la que el gobierno presidido por Carlos Andrés Pérez tiró a las calles su ejército represor, el cual eliminó las protestas de todo un pueblo hambreado y sediento de justicia social, matando en en esos días a más de cinco mil de aquellos infelices. No deja de ser curioso, que Carlos Andrés Pérez, recibió el apoyo global, de los que hoy están empeñados en derrocar a Nicolás Maduro, pretextando que reprime a su pueblo.

 

También, esos “demócratas” de hoy, encubren y callan ante las atrocidades que comenten los gobiernos de Honduras, México, Colombia, República Dominicana y de otros países, donde el hambre, la pobreza extrema, el narcotráfico, la drogadicción y las injusticias sociales campean por doquier; donde además, se reprime a esos pueblos y se mata como a moscas a periodistas, líderes sindicales, estudiantes, opositores en general y se roban los recursos del Estado de manera perversamente obscena, al conocimiento y complicidad de los referidos congresistas estadounidenses, que hoy claman intervenir a Venezuela (para según ellos), terminar con la violación de los derechos humanos y la atrocidad de tener presos políticos.

 

Trump promete erradicar los corruptos y la corrupción de América Latina

 

El propio Donald Trump, reconoció que la gente emigra porque sus países son un asco, que las emigraciones se dan desde América Latina, porque está llena de políticos, empresarios y gobernantes corruptos que se roban el dinero. Si los países se administraran bien, la gente se quedaría allá, dice Trump; y remata diciendo: “Los políticos corruptos son un cáncer para la sociedad; prometo erradicarlos a todos de América Latina. Comenzaré por Centroamérica, República Dominicana, luego Sudamérica y por último México”. Trump está en lo cierto, pero soslaya la responsabilidad su país en la creación y apoyo de esa corrupción, al instalar a dictadores ladrones y asesinos, después de derrocar a gobiernos constitucionales decentes, tal como ya hemos señalado.

 

¿Por qué he narrado toda la historia anterior?

 

La historia es una secuencia de acontecimientos entrelazados entre sí. No se puede conocer las causas del presente, sin conocer el pasado. Trump identifica la corrupción y los corruptos de América Latina como los culpables de la pobreza que lleva a emigrar por millones a sus ciudadanos (y es cierto), como ya sostuve, pero Trump soslaya el rol de su país en la siembra de esa calamidad; entonces, aquí viene la importancia de conocer la historia; puesto que, si no conocemos el origen y naturaleza de un mal (en este caso un mal social), jamás podremos diagnosticar la solución al mal correspondiente; consecuentemente, si los Estados Unidos y los europeos, quieren dar fin a la emigraciones masivas que los están asediando, indefectiblemente tienen que dejarse de estar saqueando, derrocar gobiernos y hacer guerras a los países del Tercer Mundo. En este nuevo paradigma, bien haría Trump con revertir esta política y dejar a Venezuela y a todos los países del mundo, seguir el camino de la libre determinación, trazado por los pueblos en elecciones genuinamente democráticas.

 

Senador Adriano Espaillat frente a Venezuela

 

En contradicción con la solución a los grandes males que padece América Latina, ya identificados los factores causantes de los mismos, (intervenciones con guerras convencionales, económicas y financieras, guerras mediáticas, biológicas y químicas, derrocamiento de gobiernos constitucionales leales a sus respectivas patrias, saqueo de recursos naturales, imposición de gobernantes mediante elecciones fraudulentas o golpes de estado e imposición de modelos económicos (como el neoliberalismo) que solo beneficia al capital, más un largo etc., ante esta situación el senador Adriano Espaillat, en vez de cerrar filas con las voces que disienten y exigen el cese del imperialismo, para que nos aboquemos a una era de paz y de progreso verdaderos, peor se suma a las voces de la ultraderecha estadounidense y europeas (sectores dirigidos por mentalidades recalcitrantes (que nada tienen de filósofos. ni de humanistas, ni de cristianos verdaderos), de gente del tiempo de la Guerra Fría que no encajan con la nueva época, de gente con mentalidades primitivas, de cavernas, prepotentes, engreídas, soberbias, intolerantes, que por más de 50 años han mantenido una oposición radicalmente rabiosa contra la revolución cubana, contra Venezuela y contra todo gobierno progresista que defiende los recursos naturales de su patria. A ese conglomerado de seres sin amor en su corazón, pero si con mucho amor al poder y al dinero, se ha sumado Adriano Espaillat, para una conspiración que conlleva derrocar al gobierno legitimo de Venezuela.

 

Un llamado a reflexión

 

Mi discurso en esta entrega, tienen la sana intención de invitar a la reflexión al senador Adriano Espaillat y a los demás congresista firmantes del documento a Trump pidiéndole sanciones severas para el presidente venezolano Nicolás Maduro. De esta reflexión espero, que específicamente, Adriano se convierta en un verdadero hombre de Estado, y que en consecuencia, mida y trate a sus amigos peledeistas (especialmente a Leonel y Danilo), con la misma dureza y rectitud con que está tratando a Nicolás Maduro, sus funcionarios y congresistas venezolanos, para que también le pida a Trump, acciones contundentes contra los corruptos hasta los tuétanos del peledeismo, enemigos probados de la patria.

 

También quiero que Adriano cavile sobre el por qué las guerras reemplazan al dialogo constructivo, que considere la relación del capitalismo neoliberal, con la pobreza mundial y las tantas desigualdades sociales que tiende al aumento de la aberración de hacer a los ricos más ricos y a los pobres más pobres. Que analice el por qué (causas y consecuencias), de que ocho (8) personas tengan la riqueza de la mitad de humanidad y que el uno por ciento (1%), tenga las riquezas del noventa y nueve por ciento (99%) de la humanidad. Que investigue, y nos haga saber las razones, de por qué media humanidad sufre hambre, enfermedades curables, desamparo y exclusión, en un mundo que produce lo suficiente para el hartazgo de todos. Que traiga a colación que el problema de la humanidad no ha sido, ni es, ni será, Cuba, ni Venezuela, ni el Socialismo del Siglo XXI, sino el macabro accionar de los imperios y sus codiciosas élites.

 

Conclusión

 

Sinceramente, creemos que el Senador Adriano Espaillat (mi pariente), ha tomado una decisión infeliz al unirse a las voces de la ultraderecha estadounidense, que buscan acorralar y consiguientemente derrocar a un gobierno constitucional de nuestra América Latina, para que las transnacionales de los imperios tengan libre acceso a los recursos naturales de los países del llamado Tercer Mundo, tal como lo hacían en antaño. A él, (a Adriano Espaillat), lo exhortamos a reflexionar sobre estos puntos, para que de alguna manera pueda corregir y revertir a tiempo su histórico yerro; de lo contrario, su estadía en el senado, será de corta duración, porque no será reelecto. Los pueblos como los individuos, no pueden afilar cuchillos para la propia garganta.

 

Al lector dejo la palabra