El sector salud dominicano: dando vueltas y mordiéndonos la cola

Por Humberto Salazar miércoles 5 de julio, 2017

Una de las imágenes mas simpáticas de como los humanos somos capaces de perder el tiempo dandole la vuelta a lo mismo y no llegando a ninguna conclusión, es la de un perro que trata de morderse la cola, por supuesto que no lo logra nunca y lo que hace es dar girar en redondo sobre si mismo.

En los últimos días la moda en el área sanitaria es tratar de llegar a una conclusión racional del porque de las muertes de 14 neonatos en un hospital de maternidad, y en ello se nos va el tiempo y la vida, unos realizando acidas críticas acerca de las condiciones en que dicen hacer su trabajo, y otros defendiendo a capa y sus actuaciones como gestores públicos.

El problema es que ninguno de las dos posiciones cuentan con razón alguna, ya que el enfoque es incorrecto, el diagnostico por igual y por lo tanto las soluciones que se plantean para nada resolverán el tema de la salud materno infantil en la República Dominicana en el mediano y largo plazo.

A esta discusión bizantina y sin sentido, se le suma el informe de la UNICEF el indicador de muerte infantil en nuestro país, segundo mas alto de toda la región, el cual debería ser tomado, por su importancia como medida de calidad de atención de un sistema sanitario, como el mas fuerte cuestionamiento al mas serio problema social que tenemos actualmente, proveer salud de calidad con el menos costo de bolsillo posible a una población que lo requiere a gritos.

Decimos que el diferendo entre el Colegio Médico Dominicano y el Servicio Nacional de Salud no tiene sentido, porque si la remodelación y reconstrucción de un edificio de 65 años de edad, como el de la Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia fuera a resolver la mayoría de los problemas de nuestros recién nacidos, entonces deberíamos pedir que esto se terminara en el menor tiempo posible.

Pero resulta que no, que en forma inversa, la construcción de un hospital de ultima generación que tenga en su seno toda la llamada tecnología de punta, podría agravar en vez de solucionar el serio problema que tenemos entre manos, ya que su puesta en funcionamiento es como un imán que atrae a todo el que busca solución a su problema de salud a un solo lugar y, en muy poco tiempo, se sobrepasa la capacidad física de proveer atención de calidad y caeríamos en lo mismo que tenemos ahora.

Quizás deberíamos preguntarnos seriamente cuantas son las veces que hemos remodelado, reconstruido y reinaugurado, hospitales completos o áreas de hospitales en la capital y Santiago, que fueron construidos en los gobiernos de Trujillo y Balaguer, es probable que sumando todo lo que hemos gastado en esto nos demos cuenta de lo inútil que resulta invertir en tecnología e instalaciones físicas ultramodernas, mientras nos olvidamos que en la figura geométrica que representa un modelo de atención en salud.

Los que idearon los modelos mas eficientes de atención sanitaria, los dibujan como pirámides, es decir, deben tener una base ancha, amplia, que abarque a toda la población, y una cúspide estrecha donde se ubicaran esos fastuosos hospitales que vemos en las películas donde los médicos son los protagonistas y las maquinas pretenden hacer el trabajo de los seres humanos, solo que para que esos centros de salud super especializados sean eficientes y sostenibles económicamente, es necesario que exista una base que de sostén a esta figura.

Y en la base se ubica un equipo de salud dirigido por un profesional de la salud cuya visión es muy diferente al que nos gusta ver como un héroe ahora entrenado para usar un equipo de alta tecnología invadiendo hasta lo mas intimo de los que se denominan usuarios y en otros casos clientes, lo que tenemos son médicos, enfermeras y trabajadores sociales que conocen a quienes atienden por sus nombres y apellidos, que hacen visitas domiciliarias, que vigilan las embarazadas durante los meses de gestación previos al momento del parto.

Lo que importante en un sistema sanitario, a pesar del relumbrón que nos da el brillo de la informática aplicada a las ciencias médicas, son los que se dedican a vigilar que los niños estén vacunados, que los pesan y chequean para vigilar que estén bien nutridos, los que son capaces de diagnosticar con sus manos y sus sentidos una gripe para evitar que se convierta en neumonía, los que hacen diagnóstico con sus conocimientos y solo confirman con pruebas de laboratorio lo que son sus presunciones, no al revés, los que hacen el ejercicio medico insostenible económicamente porque todo pasa por pruebas diagnosticas que no se compadecen con la realidad del medio social en que se desenvuelven

No es posible, y alguien debe entenderlo y actuar en consecuencia, seguir apostando a un sistema sanitario en la República Dominicana que parece emular a uno de los menos eficientes y mas criticados del mundo, el de los Estados Unidos, donde no existe la atención primaria en salud y el dispendio de recursos es tan grande, que en estos momentos la discusión en el congreso para la modificación del llamado Obamacare (Affordable Care Act) se centra en si se sacará de la prestación de servicios médicos a mas de 22 millones de personas que habían sido incluidos de los 55 que no tenían seguro de salud.

En la República Dominicana no podemos seguir el camino errado del sistema sanitario norteamericano, por mas que los ricos vayan a buscar servicios de salud a ese país pagándolos de sus bolsillos y usando seguros internacionales costosos, el camino es la medicina familiar con médicos generales especializados en tratar en forma personal a la población en el lugar donde viven, lugar de trabajo y, como ya se hace en algunos lugares, dando orientación en ´call centers¨ y aplicaciones móviles, de modo que cada quien reciba servicios que no impliquen el uso de las instalaciones de clínicas y hospitales que aumentan de modo exponencial el costo de los usuarios del sistema.

Debemos entender que somos un país en vías de desarrollo, por mas que hayamos crecido en términos económicos colectivamente en los últimos años, y que cada centavo que se dedica a la atención en salud de nuestra población debe ser invertido en forma racional, eficiente y pensando en como mejoraremos colectivamente esos indicadores sanitarios que cíclicamente nos hacen bajar a la realidad y cuestionan todo lo que estamos haciendo como país para mejorar las condiciones de vida de, en este caso, todos los dominicanos.

Sin hacer un estudio y sin buscar cifras es fácil intuir por todos los pedidos de ayuda que cada día vemos en los medios de comunicación para resolver problemas crónicos y agudos de salud, que una enfermedad crónica como cáncer, padecimientos auto-inmunes y muchos casos de potenciales enfermadas hereditarias, deben ser una de las causas principales de quiebra económica de las familias dominicanas, ¿cuántas veces hemos escuchado a algunos decir que el que no tiene dinero y se enferma en este país se muere?.

Pues por eso lo que necesitamos es un sistema donde, mas que cirugías de corazón abierto, se haga un chequeo permanente de los niveles de tensión arterial para evitar llegar a los infartos y pre-infartos, donde se eduque para llevar una vida sana y se eviten factores predisponentes como el tabaquismo y la vida sedentaria, es mas barato y abarca a toda la población, aunque para nada podríamos estar en contra de unidades cardiovasculares donde sean atendidos los que padezcan problemas agudos o crónicos de este órgano vital para la vida.

El grave problema que padecemos en el tema salud en la República Dominicana, es que todavía le estamos dando vuelta al viejo modelo que creó el código de salud de la era de Trujillo, donde lo importante eran los médicos y los hospitales, lo mismo que ocurre en los sistemas que no han evolucionado como el de Estados Unidos, cuando ahora lo que prima es la visión social de la prestación de servicios de salud, donde el equipo de salud y la comunidad misma son los centros donde se imparten los conocimientos para dejar el hospital y el médico especialista para los temas que sean verdaderamente necesarios.

Entonces la discusión entre el CMD y el SNS sobra, esta fuera de tiempo, no se compadece con las reformas que plantean las leyes que son la norma vigente en el sistema de salud de la República Dominicana, al parecer el tema no lo entienden ni los gremialistas ni las autoridades, porque el tema a tratar es como pone todo el esfuerzo posible en construir la base de atención de primer nivel en todo el sistema público y privado, para evitar que esos neonatos, cuya muerte se discute en la prensa, nazcan por diversas razones en forma prematura y tengan que ser trasladados a un hospital que no soporta, ni soportará por mas tiempo todo el peso de un país con 11 millones de habitantes .

Y la culpabilidad recae tanto en unos como otros, el CMD cuando le conviene se asocia con las clínicas privadas y las llamadas sociedades especializadas para impedir a toda costa que se provea de cuidados de atención primaria organizada a la población asegurada, única forma de que el sistema sea eficiente y adquiera una estabilidad financiera en el mediano y largo plazo que impida detenga la hemorragia de gasto de bolsillo de nuestra población, que es el mas alto de la región.

Y en el caso de las autoridades del SNS porque han sido incapaces, a dos años de ser creada esta supone estructura, de organizar el modelo por los niveles que plantea la ley, el reto de desconcentrar las competencias por regiones de salud, convertirse en el fiscalizador de los indicadores sanitarios, adscribir a la población asegurada en SENASA al primer nivel de atención y tantas tareas imprescindibles para que se produzca el cambio profundo en salud que tanto necesita nuestra sociedad.

Mientras tanto sigamos como los perros dando vueltas detrás de nuestras colas, que parecen ser los hospitales públicos de tercer nivel, que así seguimos perdiendo tiempo y vamos mas que bien a repetir los mismos errores de siempre.

La lastima es que después de tanto tiempo no se entienda el tema: no es cuestión de hospitales, en los que se esta haciendo un esfuerzo notable y loable, es esto debe ir acompañado de un nivel mínimo de adecuación al modelo planteado por las leyes 87-01, 42-01 y 123-15, esa es la discusión y el acuerdo, el resto son fuegos artificiales.

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