Se cierran las ventanas del PRM

Por viernes 12 de agosto, 2016

Todo proyecto de vida, empresarial, comunitario o de emprededurismo requiere tener una chispa de ilusión que mueva la Fe y Esperanza, hacer posible lo imposible, que nos conduzca a realizar el mayor de los esfuerzos y lograr nuestro cometido. Lo mismo aplica para la política, y por vía de consecuencia a las organizaciones que tengan como meta dirigir los destinos de una nación. Siendo primordial inyectar a su militancia dosis de optimismo que a su vez impregne a otros y amplifique el favor hacia la causa.

El destacado periodista Juan T. Hernández, el día 3 de agosto del corriente mes envió una carta de renuncia al Partido Revolucionario Moderno en su condición de miembro de la Comisión Política y Subsecretaria General, traemos a colación este acontecimiento para destacar un elemento de la misiva que tiene estrecha relación con nuestras palabras iniciales, y cito: El PRM debió ser la antítesis de los demás partidos. ¡Y no lo es! El PRM debió marcar una diferencia ideológica y programática con las demás fuerzas. ¡Y no ha sido así! El PRM debió convertirse en la verdadera “Esperanza Nacional”.

Simplemente enfatizar el término “Esperanza Nacional”, en vista de que esa organización política desde su creación nunca ha tenido como proyecto convertirse en la esperanza del pueblo; los hechos así lo confirman. En la campaña no fueron capaces de articular un mensaje partiendo de esa premisa, más bien su estrategia se concentró en recordar a los votantes sus carencias y problemas que pertenecen a la agenda histórica del país. Estableciendo un gran contraste con el spot publicitario del año 1996, cuya melodía inicia “por fin se abren las ventanas, ¡por fin de la esperanza! Y concluye con una exhortación del Dr. José Francisco Peña Gómez “por fin vamos abrir las ventanas al futuro”.

Mario Benedetti tiene un poema titulado “Como hacerte saber” le recomiendo al Partido “Moderno “que reflexione estos versos que dicen así: “Volver no implica retroceder, que retroceder puede ser avanzar, que no por mucho avanzar se amanece cerca del sol. Esa organización aún no reconoce la victoria del presidente Danilo Medina, sin embargo, reclaman ser la principal fuerza opositora, hasta el momento no han hecho una autoevaluación del pasado proceso electoral, así como tampoco tienen definida una estrategia Municipal y Congresual, acorde con las demandas del pueblo, pero peor no se avizora una reingeniería interna y muchos menos trabajan en los perfiles de una candidatura presidencial de cara al 2020.

En el pasado torneo electoral frenaron las candidaturas juveniles a Senador de Yúnior Ramírez en San Juan de la Maguana y Alberto Tavárez en Monte Plata. Y ahora, acaban de cerrar las ventanas y mutilar las aspiraciones de dos prominentes figuras, Faride Virginia Raful y Winston Arnaud, que pudieran ser los atalayas de un nuevo renacer en esa organización junto con José Manuel Paliza y otros. Ignoran el poder decisorio de la juventud en las venideras contiendas electorales, tiran al zafacón la capacidad profesional y la entereza moral de estos jóvenes, pierden de vista que dicha acción asesina la esperanza de fortalecer y promover el pensamiento político- ideológico del Dr. Peña Gómez, en las futuras generaciones.

El arzobispo de Brasil Helder Cámara y defensor de los derechos humanos y propulsor de la Teoría de la Liberación, expresó una breve frase, pero de gran contenido: “Los jóvenes son los maestros del entusiasmo y de la esperanza”. El PRM con sus acciones considera todo lo contrario y le cierra las ventanas no solo a ellos, sino al pueblo que desea una organización que sirva de contrapeso y así garantizar el equilibrio democrático e institucional, tan necesario para el desarrollo de las naciones.

En vez de iniciar contiendas de carácter bélico por puestos municipales, de alentar la discordia, de pisotear la regla de oro y boicotear acuerdos; ¡permitan por favor que entre “aires de esperanzas” a lo interno de su organización! y luego labren el corazón del pueblo con buenas acciones y se abrirán las ventanas.

Por Kelvin Jiménez