Se busca un mediador

Por Manuel Hernández Villeta jueves 18 de julio, 2019

La sociedad dominicana necesita mediadores. Nadie está en capacidad de servir de concertador para acabar una litis. La buena mediación evita el hecho de violencia, o que se tenga que ir a los tribunales. Es válido para la política, la economía y todos los renglones de la vida nacional.

La forma atropellada en que vivimos lleva a que no se tenga confianza en nadie. El mediador debe ser de moral a toda prueba. Sobre sus hombros debe estar la verdad y el deseo de lograr soluciones y no enfrentamientos.

Durante muchos años monseñor Agripino Núñez Collado fue el gran mediador de la sociedad dominicana. Estaba en medio de todos los conflictos. Ya era una norma que ante cualquier enfrentamiento se acudiera a su despacho, para ver si era posible el entendimiento.

Pero la sociedad civil lo sepultó. Le dio un tecnicismo a la búsqueda de soluciones de los problemas. Tienen que ser dirimidos por las altas cortes. Valga decir el Tribunal Superior Electoral y el Tribunal Constitucional. En vez de un mediador, todos los temas tienen que ir a estas cortes.

Creo que el mediador no puede suplantar a los estamentos de justicia, pero si juega un papel trascendental donde las instituciones son de barro, y la fragilidad institucional señala que lo mejor es no dar pleitos, si no llegar a acuerdos.

Todavía falta mucho trecho para que las altas cortes tengan la fuerza suficiente, para poder litigar de modo imparcial todos los problemas de índole política que se les lleven. No se olvide que esas cortes se conforman por cuotas que se les dan a los partidos políticos. Puede haber imparcialidad y seriedad, pero a veces surgen  las dudas.

Cuando una sociedad se queda sin mediadores, es peligroso. Quiere decir que todos están metidos en el fanatismo, y que tienen sus amigos y enemigos favoritos. Cuando no se tiene confianza en mediadores y los árbitros judiciales son rechazados, se puede caer en la crisis política y la ingobernabilidad.

La injerencia extranjera en problemas netamente de los dominicanos, es una muestra de la anarquía que se va adueñando de la vida política. Estamos a menos de un año de celebrar dos elecciones, una municipal y la otra presidencial, y la caldera está a punto de estallar.

Toda crisis social tiene solución. Desde luego, en base a esta  un sector saldrá agraciado y el otro perdedor. Cuando se rompe la convivencia, la actividad partidista se convierte en una tierra de combate, donde se exhiben músculos y se venden soluciones que son imposibles.

Sin mediadores y con las cortes sujetas a las cuotas de su conformación, solo resta esperar que se mantenga la sensatez, que haya visión de que el país no puede colapsar, y que una crisis política podría ocasionar situaciones incontrolables donde todos estarán en un barco sin control a punto de zozobrar. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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