Sana al mundo: Lo que un día fue…Las Caobas y sus autoridades de pacotilla               

Por Amerfi Cáceres martes 12 de julio, 2022

Se define planificación como la estructuración de una serie de acciones que se llevan a cabo para cumplir determinados objetivos. Las grandes ciudades y los sectores que se integran a ellas necesitan ser planificadas.

El proceso de urbanización, un ordenamiento territorial que debería ser sinónimo de avance, progreso y desarrollo para cualquier Estado y/o comunidad, se ha tornado en una viva expresión de subdesarrollo, pobreza, atraso e improvisación por parte de autoridades que durante décadas han vivido al margen de lo que sucede en los sectores más vulnerables de nuestro país.

Este proceso de arrabalización ha provocado con la complicidad de autoridades municipales que se construyan casas y complejos de viviendas sin ningún criterio de seguridad próximo a cañadas y unas encima de otras, constituyéndose así en focos de contaminación, enfermedades y miseria; empañando lo que anteriormente era un bello paisaje y que hoy se ha convertido en un reflejo de una sociedad encarrilada hacia la perpetuidad de la indigencia.

Las Caobas de Herrera en el municipio Santo Domingo Oeste es uno de los más grandes ejemplos de total improvisación y falta de gerencia en materia de planificación urbana.

Este sector que fue construido en el año 1979 en uno de los gobiernos del Dr. Joaquín Balaguer y con donaciones del actor mexicano Mario Moreno, Cantinflas, atrajo la atención de residentes de todo el país que querían dejar sus provincias para venir a la capital, y que vieron en Las Caobas el lugar ideal para vivir, por su gran atractivo y por el costo de las viviendas, 5mil y 7mil pesos, pues una gran cantidad de personas que fueron beneficiadas con una casa, no se acostumbraron a la novedad y decidieron vender y regresar a su lugar de origen, La Ciénaga y El Ancón de Santo Domingo Este, entonces otros aprovecharon los precios y la deslumbrante belleza de la urbanización Las Caobas; de sus áreas verdes, su Politécnico, su Policlínica, Iglesia, parques, sus dos estadios, entre otros.

En Las Caobas eran tantos los espacios públicos que había, que era un barrio favorito por comerciantes y productores artísticos, para traer ferias mecánicas, preparar fiestas con distintas orquestas de merengue, hermosas patronales se realizaban en cualquier área verde, pues espacio había, llenando con muchos miles de personas, y de público de todas las edades. Algo que ahora es imposible, porque no dejaron nada para el pueblo deleitarse.

Todo eso ha quedado atrás, ya que ni los estadios de pelota se han librado de las manos depredadoras del hombre. Ese celo con el que se cuidaba la grama de todas las áreas comunes, como la de la iglesia San Ramon Nonnato, hoy Capilla Nuestra Señora De Guadalupe, ya no queda más que fotos y recuerdos.                            Los estadios de soffball cada vez son más pequeños y están rodeados de negocios que el quitan encanto y propagan inseguridad.

De las 45 manzanas que conformaban a la antigua Las Caobas, hoy no hay un censo que determine cuántos barrios se han construido dentro y fuera de la misma. De todos los árboles que dieron el nombre a la urbanización solo quedan historias.

Este proceso depredador ha tomado los espacios públicos que le pertenecían al pueblo, para en ellos establecer todo tipo de negocios, con el silencio cómplice de los ayuntamientos y juntas de vecinos de pacotilla, que durante años han permitido y han sido parte de la destrucción de nuestras áreas verdes, y lo peor de todo, nos han robado la oportunidad de ver a nuestros niños saltar y jugar en ellos, porque ni aún nuestros parques se han salvado de esta vorágine.

Debe haber un alzamiento popular, hombres y mujeres comprometidos con la digna misión de rescatar y defender aquello que nos pertenece.

Hoy vemos con impotencia como nuestros pequeños sufren ante la ausencia de espacios para recrearse y quemar sus calorías, botar sus estreses, salir de sus estrechas viviendas y poder respirar un aire distinto al olor del aceite usado en las cocinas. Los niños necesitan parques, áreas verdes, ameritan ejercitarse.

Nuestros adolescentes y ancianos merecen un espacio donde tomar el fresco que nos brinda la madre naturaleza.

 

AMERFI CÁCERES

*La autora es periodista, Lic. en Leyes, locutora y dirigente comunitaria.

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