SANA AL MUNDO: La pus se acaba cuando se eliminan las bacterias

Por Amerfi Cáceres

Desde que tenemos conocimiento de que existe la humanidad, hemos leído y escuchado que, para ejercer cualquier actividad, se nos exigen ciertos requisitos. Debemos mostrar lo que somos y de dónde venimos para poder ser partícipes de lo que sea.

Si queremos ser socios de un club debemos cumplirlos a cabalidad para que se nos acepte. Para inscribirnos en las escuelas o colegios nos piden actas de nacimiento, vacunas, certificado médico y otros papeles que le permitan a los directores analizar y sopesar si podemos ser recibidos en ese centro.

Para pertenecer a una directiva de Junta de Vecinos debemos, además de residir en el lugar, estar al día con el pago de las cuotas, tener un perfil de persona confiable para poder ganar el apoyo de los residentes del lugar.

Si queremos obtener un carnet, ya sea para ejercer como locutor, de ingeniero, de médico o abogado, de psicólogo, de estilista, si queremos ser sacerdote se nos demanda una serie de documentos que avalen que estamos aptos para poder ejecutar como tales.

 

Eso nos parece bien, ¿cierto?

Así debe ser.

Ahhh! Pero ocurre algo que contrasta bastante con lo anteriormente descrito. Es el hecho de que para poder ser un gran jefe, una autoridad que están por encima de todos esos títulos que para lograrlos tenemos que pasar años para conseguir, incluso, para la sociedad de un club, Para estar asociado a cualquiera de esos gremios, se nos exige hasta el tiempo mínimo, la carta de buena conducta, pero, vuelvo a lo mismo, para dirigir manejar una provincia, para ser hacedor de leyes, para dirigir, incluso la Nación, sólo se pide ser dominicano y estar en libertad, porque hasta siendo excarcelado podemos aspirar y ser elegidos. Ni siquiera se nos exige una vida honesta. No se nos pide un título universitario; no hay que entregar un listado de documentos que nos acredite capacitados para algo tan serio como manejar presupuestos del pueblo, reglamentos, leyes, para dirigir un país.

Y que no me digan que en otros lugares se hace lo mismo, porque me interesa el mío, República Dominicana. Es en este país donde el Congreso, la Policía Nacional, las Alcaldías, se están llenando de personas no aptas y sin el más mínimo criterio de lo que es ser un “honorable”.  Es en RD en donde la institución que está para velar y proteger a los ciudadanos está cada día más repleta de personas sin el más mínimo deseo de servir a la Nación. Cualquier dominicano es policía. A cualesquiera que no quiera trabajar ni estudiar se engancha a político.

“He llegado a la conclusión de que la política es demasiado seria para dejarla en manos de políticos”. (Charles de Gaulle).

Es en este país en donde un niño es sacado de la escuela porque sus padres no lo han reconocido, pero él mismo país en el que un joven que no encuentra empleo se engancha a policía.

 

LA FIEBRE NO ESTÁ EN LA SÁBANA

Si realmente se quiere reformar a toda la sociedad dominicana se debe empezar a cambiar las reglas del juego.  Este es un país en el que la educación es bastante costosa; tanto así, que hasta hace poco nos obligaban a cambiar los libros cada año.

Los estudiantes de familias adineradas se van a realizar sus carreras al exterior, y luego no regresan a ejercer a su tierra. No se sienten representados por los diferentes organismos. Todavía estamos a tiempo para enmendar. No importa que sea un vendedor clandestino si está capacitado y tiene los estudios para que se les apode “Honorable”, no lo exime el que sea un ordeñador de vacas, bastaría si a la vez “se quemó” las pestañas dando páginas a la izquierda, que ame la higiene de su ciudad, que sea un temeroso del mal para que sea un buen alcalde; si será quien levantará las manos para que las cosas marchen bien, por lo menos, el pueblo debe ver con respeto a ese conocedor de la Constitución. A ese hacedor de justicia. No basta un buen presidente, se necesita que todos los organismos estatales hagan una buena labor.

Según el informe anual del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), de México, con relación a los Parlamentos/Congresos de América Latina por cantidad de habitantes, la República Dominicana ocupaba para el año 2014 el cuarto lugar de la región entre los países que más gastan en su Congreso. El presupuesto del presente año consigna un total de 7,818 millones 719 mil 839 pesos para el Congreso Nacional, de los cuales 5,182 millones 940 mil 712 corresponden a la Cámara de Diputados, y 2,635 millones 779 mil 124 al Senado. Sin lugar a dudas la democracia dominicana es una de las más caras de América Latina y la cosa se pone más seria cuando contamos con congresistas que no tienen la más mínima y remota idea de la solemnidad de la función a la cual fueron llamados.

El sabio Salomón escribió a modo de proverbio: «Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable». (Prov. 10:1)  Nuestro Congreso al igual que muchos en el mundo debería ser la viva representación de la democracia, pero una y otra vez se repite el acervo del antiguo proverbista, las locuras que vemos que salen continuamente de este por parte de personas que lo único que les interesa es cobrar un jugoso y lucrativo sueldo y no velar por los intereses de nuestra Nación, solo hacen heder y dar mal olor a una de las más bellas obras que ha realizado gobierno alguno en la República Dominicana, y en vez de ser servidores públicos han venido a servirse del público y usan lo que es público para beneficio privado.

 

POR AMERFI CÁCERES

*La autora es periodista, comunicadora, locutora, abogada y líder comunitaria.

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