SANA AL MUNDO: “De aquí pal cielo”

Por Amerfi Cáceres martes 29 de noviembre, 2022

“Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte”.

Estas fueron las palabras que cual presagio Minerva Mirabal utilizó para responder a principios de la década de 1960, a quienes le advertían de lo que entonces parecía ser un secreto a voces: el régimen del presidente Rafael Leónidas Trujillo la iba a matar.

No encuentro mejor frase para ilustrar el horrendo crimen que las asechaba que tomar un fragmento prestado de una de las canciones del Trío Matamoros:

«Les espiaba la muerte que andando silente iba en el Vapor».

El 25 de noviembre de 1960, su cuerpo apareció destrozado en el fondo de un barranco, en el interior de un jeep junto con dos de sus hermanas, Patria y María Teresa y el del conductor del vehículo, Rufino de la Cruz.

Más de medio siglo después, la promesa de Minerva parecería haberse cumplido: su muerte y la de sus hermanas en mano de la policía secreta de Trujillo, es considerada como uno de los principales factores que llevó a la caída del régimen y el nombre de las Mirabal se ha convertido en el símbolo mundial de la lucha de la mujer, una clara demostración de una profecía cumplida: «SACARÉ LOS BRAZOS DE LA TUMBA Y SERÉ MÁS FUERTE».

Sin embargo, la lucha de las hermanas Mirabal es una gesta heroica que en diferentes épocas siempre ha tenido sus protagonistas. La historia siempre ha tenido mujeres valientes, dispuestas a tomar el guante por encima de los cuerpos muertos de sus camaradas y compañeras caídas para echar el pleito.

5 años después del vil e infame asesinato de las Mirabal se levantó otra con el mismo espíritu de lucha, Agustina Rivas, mejor conocida como «TINA BAZUCA», una joven de 24 años combatiente en la guerra de abril de 1965, frágil en lo que respecta a su contextura física, pero una “diabla” que parecía sacada del mismísimo infierno en el combate.

Tina preparaba sus bombas molotov en los patios y callejones de los barrios de BOROJOL y GUACHUPITA; luego se le veía llena de bombas molotov amarradas con hilo gangorra en su frágil cintura y hombros por los alrededores del Puente Duarte. Ella sin lugar a dudas era la versión femenina aunque precursora del personaje “Rambo”.

Se hizo famosa en el Comando de POASI, cuando vestida de verde olivo y botas militares, salía con un fusil G-3 al hombro y una bazuca en un jeep que ella y dos hombres rana les habían quitado a tiro limpio a unos soldados estadounidenses.

Tina Bazuca era una combatiente de primera línea de la parte Norte de la ciudad de Santo Domingo, donde fue unas de las heroínas en las batallas de los días 25, 26, 27, 29 y 30 de abril. “¡DE AQUÍ PAL CIELO!” era su lema, sin advertir el terrible final que le esperaba.

República Dominicana necesita mujeres como MARIA TRINIDAD SANCHEZ, que al pasar por la Puerta del Conde, mientras era llevada desde la Fortaleza Ozama al cementerio en donde sería fusilada, dijo: «DIOS MÍO, CÚMPLASE EN MI SU VOLUNTAD Y SÁLVESE LA REPÚBLICA ».

La Nación gime por heroínas como AMELIA RICART CALVENTI, que con tan solo 14 años de edad fue ametrallada junto a sus compañeros frente al Palacio Nacional el 9 de febrero de 1966, mientras protestaba por la preservación de nuestra soberanía, amenazada por las tropas extranjeras interventoras en los planteles educativos.

Estás mujeres ofrendaron su sangre en el sagrado altar del martirio, el líquido escarlata corrió por los campos, las ciudades, bañó los valles, cubrió los ríos y fertilizó nuestra tierra. Nuestra Nación clama por mujeres como JUANA SALTITOPA, que en La Batalla del 30 de Marzo de 1844 cargó agua para suplir las necesidades del ejército dominicano. Refrescó los cañones de su ejército y como ángel curó las heridas de sus camaradas heridos en combate. No había mejor calificativo para ella que “La Coronela”.

Una patria que olvida a aquellas guerreras que entregaron más que el cuerpo, ofrecieron como holocausto sus espíritus, no merece ser nombrada entre los estados soberanos del mundo.

La Patria son aquellas mujeres que sacrificaron su alma aún desvanecidos sus cuerpos para que nuestros niños y futuras generaciones puedan gritar con orgullo y alegría: ¡LIBERTAD!

 

*La autora es periodista, locutora, Licda en leyes, empresaria, líder comunitaria.

POR AMERFI CÁCERES

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