Salva, y condena a la vez: COVID-19

Por Rolando Fernández jueves 27 de agosto, 2020

La verdad es que, muy cierto es el refrán que reza: “Para salvarse uno, tiene que joderse el otro”. ¡Comprobable es el sentido que envuelve!
Su veracidad se ha puesto precisamente de manifiesto en estos momentos, cuando la pandemia del COVID-19 viene azotando de forma consistente a la sociedad mundial. “¡A pescar en río revuelto!”, como se dice popularmente. Así están pensando muchos, que hoy logran claramente sus propósitos mercuriales.

Los inescrupulosos que explotan determinadas actividades comerciales actualmente en el ámbito del sector salud, y afines, están haciendo aprovecho de la oportunidad que les viene ofreciendo la mencionada crisis sanitaria alarmante, para hacer grandiosos negocios, tal se estila comúnmente, con la fabricación y venta en este caso, de efectos y productos diversos, utilizables, según se dice, para la prevención del mal; como de medicamentos, supuestamente efectivos, entre ellos la vacuna requerida, en pos de la erradicación definitiva del mismo.

Pero, además, están haciendo su agosto en diciembre, como se dice a nivel de pueblo, en términos de lucrarse económicamente, algunos empresarios del área de la salud: médicos, clínicas privadas, y los laboratorios que están ofreciendo los servicios de las analíticas pertinentes, relativas al coronavirus, que ataca sin piedad a los humanos.

Estos últimos están obteniendo cosechas económicas bastante jugosas. Ahora son ellos los que seleccionan los clientes; y, algunos hasta se las ponen bien difícil a las personas, como se dice, cuando no son muy rentables los que requieren de tal asistencia; o, llegan sin ninguna recomendación de clínica, o médico connotado dentro del sistema de salud. ¡Se nota bastante la discriminación en esta República!

Contraria es la aptitud de hoy en Dominicana, a la que se observaba cuando el virus no estaba presente en el país, que entonces esos establecimientos procuraban acomodar a los que llamaban, o se presentaban en busca de algún servicio.

En ese orden, con gusto, y oportunidad, llegaban hasta los hogares de los enfermos con limitaciones físicas, u otros impedimentos de salud, para comenzar a trabajar desde allí, si les era solicitado.
Se agenciaba en ese tiempo, conquistar a los eventuales clientes que se acercaban a esos negocios disfrazados, a los fines de preservarles como tales. Pero, en vista de que hoy la demanda de prestación es tan grande, eso poco importa. ¡Qué se quede el que quiera!

Cuánto ha hecho cambiar el trato que se dispensaba a los requirentes otrora de esos establecimientos, cuando la demanda de los servicios de ese tipo no se hacía tan obligatoria, como en el presente, y se tenían laboratorios disponibles para utilizar a selección.

¡Cuántos negocios! Cuántas millonarias ganancias se han venido percibiendo a partir de la aparición del COVID-19; y, no solo en Dominicana, sino a nivel de diversas latitudes del mundo, donde la pandemia ha generado necesidades imperiosas, en términos de imponer medidas sanitarias extremas de prevención, como de combate directo a tan potente virus.

Sí, ese que ha sido considerado como la gran pandemia del siglo, y que a su vez ha dado pie a la instauración de un excelente negocio para muchos desaprensivos que, ojalá no se vean siendo objeto después del mismo tratamiento especulativo que hoy dispensan a sus congéneres, hermanos en necesidad, proclives, o afectados ya por la terrible enfermedad. ¡La aplicación de la Ley de Causa y Efecto es inexorable, que no se pierdan!

Cuántos están logrando hoy elevadas fortunas económicas, aprovechándose de la situación; ¡los que se están salvando!, acumulando riquezas; mientras, ¡otros se joden!, padeciendo de la enfermedad, o muriendo finalmente, en parte a causa del mal sanitario.

Y, por otra, debido a lo incosteable de los tratamientos necesarios, medicinas, o efectos requeridos por la gente, y productos para prevención, con los que se viene comercializando abiertamente, sin reparar en la preservación obligada del activo más importante para las personas, el denominado salud, ¡qué indudablemente lo es!, pues cuando se pierde, difícil, o jamás se recupera.
Obvio que, ¡se cumplen las dos cosas en estos momentos!, “unos se salvan, mientras otros se joden” como producto innegable de la pandemia del COVID-19.

Autor: Rolando Fernández

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