Sacrilegio

Por Francisco Luciano martes 3 de enero, 2017

Con regularidad en sus clases de Estadística mi distinguido profesor Apolinar de los Santos explicaba que los datos se presentan en cifras, pero que las cifras pasan desapercibidas sino no son analizadas como datos. Esta es una reflexión que inexorablemente martilla en mi cabeza, cada vez que se ofrecen cifras y debo relacionarlas con datos.

 

En el popular programa de radio el Sol de la Mañana, del pasado día 2 de Enero 2017, se ofrecieron cifras y datos que al analizarse evidencian hacia donde es conducida la sociedad dominicana y porque muchas de sus inequidades parecen envolverse en una madeja sin salida. Resulta que ese primer programa del año 2017 , dedicado a resaltar las bondades del denominado “Nuevo Modelo Penitenciario” que se práctica en República Dominicana desde hace aproximadamente doce años, se puso en evidencia la preocupación del Estado para proteger la dignidad de los internos,(así se le llama ahora a los presos) facilitando que sean respetados sus derechos humanos e incentivándolos al estudio como manera de que una vez cumplan o sean exoneradas sus penas, estos puedan reinsertarse en la sociedad positivamente.

Eso suena, justo y hasta noble: “Nos preocupamos porque reciban un trato adecuado y de respeto a su dignidad”.

 

La verdad es que si no fuera porque son las propias víctimas quienes pagan los gastos de la estadía en los precintos del nuevo modelo penitenciario, no llamara la atención tanta poesía, frente a seres humanos que han causado dolor y tragedia a la familia dominicana, robando, asesinando, estuprando o violando a niños y niñas inocentes.

 

Acontece que se considera insuficiente, pírrica o un bagatela la asignación de US$16.00 diarios por cada confinado, suma que al ser multiplicada por los 30 días que tiene el mes, equivale a US$480, mensuales o lo que es lo mismo US$5,840 igual a RD$274,480 ,000.00.

Lo adecuado sería que cada preso definitivamente condenado realice tareas productivas, por una jornada de 44 horas semanales, a los fines de que pueda resarcir a la sociedad parte de los daños que ha causado y que una parte de los recursos generados con su fuerza de trabajo durante purgue la condena, le sea acreditada a una cuenta de inversión a su nombre que solo podrá recibir al cumplir la sanción impuesta por la ley y no lo que ocurre ahora, que se obliga a las víctimas o a sus descendientes a pagar impuestos para que quienes de le dañaron disfruten de privilegios que no tienen los ciudadanos socialmente correctos.

 

Cuando escuchamos decir que un gasto de US$5,840 anuales para sostener a un trasgresor de la Ley es un una suma insignificante, no puedo dejar de pensar que un policía devenga, combatiendo el crimen, menos de la mitad de esa suma anualmente o que ese mismo Estado, apenas invierte US$890 anuales por cada joven que cursa una carrera en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD.

 

Es difícil comprender la manera en que el liderazgo de nuestra sociedad pretende reducir la brecha de inequidad social, cuando invierte en tratar de enderezar arboles torcidos, que en su mayoría nunca se endereza, seis o siete veces más que en la juventud estudiosa o poco más del doble de lo que gana un agente del orden público o igual al salario de un maestro con nivel de post grado. Uff!