Roger Maris, la gran luminaria que reforzó a las Estrellas Orientales

Por El Nuevo Diario martes 24 de marzo, 2020

SAN PEDRO DE MACORÍS.- No ha sido ni cercanamente el de mejor rendimiento en el país. Ni el de mejores registros en Grandes Ligas, donde distinto a otros no ha alcanzado un nicho en el Salón de la Fama.

Sin embargo, Roger Maris se mantiene como el refuerzo que mayor connotación ha alcanzado entre aquellos que han actuado con las Estrellas, en el torneo de béisbol profesional de la República Dominicana.

Es que, de hecho, Maris supera en connotación a la mayoría de los inmortales de Cooperstown, a cuyo grupo, en verdad no parece pertenecer.

Sin embargo, su hazaña de romperle la marca de más jonrones en una temporada a Babe Ruth, con sus 61 de 1961, y vistiendo el uniforme de los Yanquis, lo situó entonces como una de las leyendas del juego.

Y su leyenda, distinto a su record, no ha podido ser eclipsada. Menos aun después de la mancha que existe en la reputación de quienes lo superaron: Barry Bonds, Mark McGwire, Sammy Sosa. Luminarias de una era: la del uso de sustancias prohibidas. Sin importar, en el aprecio de la gente, si consumieron o no éstas.

Aunque a juicio de la mayoría de quienes han tenido la responsabilidad de elegir a los inmortales de Cooperstown, Maris no tuvo una carrera para merecer la elevada distinción de una elección, el poderoso bateador derecho fue la primera gran estrella que brilló en Grandes Ligas, después de vestir el uniforme verde en la República Dominicana.

Maris jugó con las Estrellas en la temporada de 1956-57. Actuó en 17 partidos, en los cuales tuvo 56 veces al bate (.286-2-9), con una buena línea ofensiva: .286/.412/.518.

Originalmente un jugador de los Indios de Cleveland, Maris atrapó dos veces el premio Jugador Más Valioso (1960 y 1961), cuando cada vez fue líder en carreras empujadas (112 y 141) de la Liga Americana, con los Yanquis. Tuvo 3 campañas seguidas de 100 o más remolques, en las cuales sumó 133 vuelacercas (promedio de 44 jonrones por temporada).

Sin embargo, su rutilante carrera se apagó drásticamente a partir de 1963, dos años después de su fantástica campaña del record.

Con todo y ello, el haber desplazado del más popular de los records a una leyenda como Ruth, le ha garantizado un lugar especial a su hazaña, entre las más connotadas.

Jugadores con mejores registros que Maris, hasta merecer su exaltación a Cooperstown, siguieron a éste en el desfile anual de refuerzos de las Estrellas. Tales fueron los casos de los lanzadores Phil Niekro y Roland Fingers. Y en el medio de ambos, el ganador del premio Cy Young, Mike Cuellar, quien ganó la distinción en 1969, en el primero de tres años seguidos, en los cuales ganó 20 o más juegos, y antes de ganar 18 en el cuarto y quinto, para luego ganar 22 en 1974, con los Orioles de Baltimore, y así sumar el impresionante total de 125 victorias en un período de 6 años, un promedio de prácticamente 21 triunfos por campaña.

El zurdo cubano, lanzó con las Estrellas en una entrada de un juego en la Serie Regular de 1967-8 y en 2 juegos de la Final, en la cual tuvo record de 1-0, con 9.0 entradas en blanco, para ayudar a ganar el campeonato nacional. Su victoria fue una blanqueada de un solo indiscutible que le conectó Antulio Martínez, inicialista de los Leoenes del Escogido en la parte final del juego.

Niekro fue un ganador de 318 juegos, en una carrera de 24 años en Las Mayores, la cual inició en 1964 y le ganó un nicho en el templo de los inmortales, en 1997. Ponchó 3342 rivales, la mayoría de ellos con su lanzamiento de nudillo.

El derecho tuvo una estupenda actuación con las Estrellas en 1966-67, cuando tuvo record de 8-6, con 2.60 de efectividad y 9 juegos completos.

Fingers, quien salvó 341 juegos en su carrera y a quien se le atribuye haber sido el precursor de la idea respecto a la obligación de usar al cerrador si éste ya calentó, dando paso al concepto de cerrador como lo conocemos, fue lanzador abridor de las Estrellas en 1970-71, cuando no usaba el exótico bigote que se convirtió en su símbolo distintivo.

Con las Estrellas tuvo record de 9-5, con 3.05 de carreras limpias permitidas (efectividad), en 19 juegos, 17 de ellos como abridor. Sin embargo, la notoriedad le llegó en Grandes Ligas como relevista, condición en la cual ganó los premios de Jugador Más Valioso y Cy Young en 1981, en la Liga Americana, con 24 juegos salvados para los Cerveceros de Milwaukee, en una temporada recortada por una huelga de jugadores.

El relevista del bigote curvo fue el Jugador Más Valioso en la Serie Mundial de 1974, con los Atléticos de Oakland.

La misma temporada en la cual Fingers jugó con las Estrellas (70-71), también lo hizo por primera vez quien a juicio de muchos ha sido el mejor refuerzo de la Liga Dominicana, desde su incorporación al béisbol profesional organizado de los Estados Unidos, en 1955: Ralph Garr.

Ese entonces veloz jardinero es una leyenda del béisbol local. Pero muchos no saben que fue un estelar de Grandes Ligas, inclusive para la misma época en la cual actuaba con el equipo de San Pedro de Macorís.

Garr fue un bateador de .306 de por vida en 13 temporadas bajo el Gran Circo, donde lideró la Liga Nacional en bateó (.353), hits (214) y triples (17), en 1974.

Entre 1971 y 1974, tuvo 3 campañas de 200 o más incogibles, con promedio de más de 200 imparables por año, casi los mismos en que hacía añicos el pitcheo de la Liga Dominicana, donde es el dueño de records sagrados, como el del mejor promedio de bateo en una temporada (.457 en 1970-71), más hits (105), así como el de mejor promedio de bateo para un jugador con por lo menos 4 temporadas (.412).

Después de Garr, la próxima gran sensación como refuerzo de las Estrellas fue James Rodney Richard, un derecho de bola rápida meteórica que llegó a autoproclamarse luego como el mejor lanzador del béisbol, con los Astros de Houston, a finales de los 70. Y la verdad es que si no lo era, entonces, estaba muy cerca de ello.

Después de su única campaña (1976) de 20 victorias en Las Mayores, Richard tuvo 3 campañas seguidas de 18 triunfos con los Astros, incluida una (1979) en la cual fue líder de efectividad (2.71) y ponches (313), para completar su segunda temporada seguida de 300 o más ponches y la cuarta de 200 o más.

En medio de la quinta temporada de esa fila (1980) lo sorprendió un aneurisma, cuando tenía record de 10-4, 1.90 de efectividad y 119 ponches en 113.2 entradas. Ahí terminó su carrera de 10 años.

En la Liga Dominicana, el gigantesco lanzador (6-8 de estatura) dejó su huella grabada por siempre en sus anales, con el record de más ponches en una temporada (103), en la cual fue líder en efectividad (1.64), camino a un impresionante record de 8-4, en ganados y perdidos.

De por vida, tuvo marca de 17-11, con 2.50 de efectividad, con 248 ponches en 241 entradas, con el uniforme de las Estrellas.

En sus últimas dos temporadas con el tradicional equipo petromacorisano, Richard fue compañero de quien sería el más temible bateador de la Liga Nacional, en el nacimiento del estrellato de ambos en las Grandes Ligas: George Foster.

El jardinero de los Rojos de Cincinnati reforzó a las Estrellas en las campañas de 1973-74 y 1974-75, después de haber registrado una decente actuación con las Águilas, en la temporada anterior a su primera con los Orientales, con .280-2-21.

En su última actuación con las Estrellas, Foster enseñó mucho de su potencial (.294-5-19), antes de convertirse en el líder en carreras empujadas del Viejo Circuito en tres años seguidos, a partir de 1976: 121, 149, 120.

En el segundo de esos años, atrapó el premio de Jugador Más Valioso (.320-52-149), convirtiéndose en el primer bateador de 50 jonrones o más jonrones (52) en Las Mayores desde Willie Mays en 1964.

Aunque descendió en la campaña siguiente, Foster volvió a liderar la Liga Nacional en jonrones (40) y carreras empujadas (120), con un promedio de bateo de .281.

A ese año, le siguieron otros tres corridos de 90 o más carreras empujadas. Y una más dos años después de esa cadena. Así tuvo 6 temporadas consecutivas de 90 o más carreras empujadas y 7 de 8, entre 1976 y 1983, con los Rojos y los Mets de Nueva York.

Poco después de Foster, en 1977, las Estrellas importaron a un bateador que también disputaría la condición del más temible de la Liga Nacional, tiempo después: Dale Murphy.

El receptor de las Estrellas se convertiría en uno de los mejores jardineros centrales del negocio, capturando 5 Guantes de Oro, anexos a 4 Bates de Plata y dos títulos seguidos como Jugador Más Valioso (1982 y 1983).

Como bateador, el astro de los Bravos de Atlanta enseñó aquí qué tan fuerte podía pegarle a la bola, como lo atestiguan sus 7 jonrones, los cuales les ayudaron a conseguir sus 31 carreras empujadas.

En 18 años en Grandes Ligas, el espécimen de 6-4 de estatura pegó 398 jonrones y remolcó 1266 carreras, con un promedio de bateo de .265.

Hay quienes discuten que con sus registros a la ofensiva y excelencia defensiva, Murphy debió merecer mejores consideraciones que aquellas tuvo en sus 15 años en la boleta de elección para el Salón de la Fama de Cooperstown, donde su mejor valoración fue cuando recibió el 19.6 % de los votos, en 1999.

Otros dos poderosos bateadores, activos éstos, que en algún momento fueron especialmente notables después de jugar con las Estrellas fueron Matt Kemp y Chris Davis.

Kemp reforzó las Estrellas en la temporada 2006-207 (.222-3-26), cuando el Licey vio suficiente potencial como para reclutarlo para el Round Robin (.254-0-9).

Ese potencial se puso de manifiesto, cuando Kemp se convirtió en uno de los mejores jugadores completos del negocio entre 2009 y 2011, antes que las lesiones los sacaran del estrellato, para hacer de él un jugador solo bueno.

Sin embargo, en el 2011, Kemp ganó el premio Hank Aaron al mejor jugador de ofensiva en la Liga Nacional (.326-39-126), lideraron los encasillados de jonrones, carreras empujadas y carreras anotadas (115), al tiempo en que terminaba cerca del famoso 40-40 (39 HR y 40 BR). Ganó el Guante de Oro, el Bate de Plata y terminó segundo en la carrera por el premio Jugador Más Valioso, con los Dodgers de Los Ángeles.

Tiene 2 Guantes de Oro, 2 Bates de Plata y 3 visitas al Juego de Estrellas en su haber.

Davis se destapó con 53 jonrones y 138 carreras empujadas, con 370 bases alcanzadas, para encabezar la Liga Americana en cada uno de esos departamentos ofensivos, con los Orioles de Baltimore, en 2013.

Se anexó otro liderato de jonrones (47) dos años más tarde, y todo después de haber actuado en 25 juegos con las Estrellas, en la contienda local del torneo 2010-2011, en la cual pegó 6 jonrones, remolcó 16 carreras y bateó .291.

En las últimas dos temporadas de Grandes Ligas, el potente bateador zurdo no ha podido batear ni siquiera para .200 en cada una de ellas y apenas ha alcanzado cifras dobles en jonrones (16, 12), en un acelerado y dramático declive.

Después de Richard en los 70, las Estrellas importaron otros cuatro lanzadores que ganaron prominencia en Las Mayores, con tres de ellos ganando el premio Cy Young y uno los premios de Jugador Más Valioso de una Serie Mundial y de una Serie de Campeonato.

Los ganadores del premio Cy Young fueron LaMarr Hoyt (1983), Mark Davis (1989) y Steve Bedrosian (1987).

Hoyt (24-10, 3.66) atrapó el codiciado trofeo con los Medias de Chicago, a quienes ayudó a ganar la División Oeste de la Liga Americana. Ese fue su segundo año como líder en victorias del Joven Circuito. En el primero ganó 19 juegos. Pero a esos dos años le siguió uno como líder en derrotas (18) y dos años más tarde terminaba su carrera, un año antes de ganar el premio Jugador Más Valioso en el Juego de Estrellas.

Davis, quien como Fingers vino para las Estrellas (2-3, 2.30 en 6 juegos) como abridor y brilló en Grandes Ligas como relevista, ganó el premio Cy Young con los Padres de San Diego en 1989, cuando rescató 44 juegos (líder), finalizó 65 (líder), con 1.85 de efectividad. Todo ello después de un año de 28 rescates y 2.01 de efectividad; y antes de jamás volver alcanzar cifras dobles en juegos salvados, en los próximos nueve años de su carrera, plagada de lesiones.

El de Bedrosian fue otro caso de un antiguo abridor de las Estrellas que luego saltó al estrellato como relevista en Grandes Ligas.

El derecho fue uno de los dos lanzadores que se vieron envueltos en un accidente automovilístico en su regreso a San Pedro de Macorís, después de ganar la Serie Semifinal en Santiago frente a las Águilas Cibaeñas, en la campaña 1981-1982. El otro fue Jim Lewis. Sus ausencias fueron sensibles pérdidas para la Serie Final, en la cual las Estrellas no pudieron superar a los Leones del Escogido.

Bedrosian ganó el premio Cy Young de la Liga Nacional con los Filis en 1987, cuando tuvo una efectividad de 2.83 y lideró el circuito con 40 rescates, en el segundo de 4 años corridos en los cuales fue uno de los mejores relevistas del Viejo Circuito.

El antiguo refuerzo de las Estrellas que ganó los premios de Jugador Más Valioso de la Serie Mundial (2001) y de la Serie de Campeonato (1993) fue Curt Schilling.

Aunque nunca ganó el Cy Young, el derecho se mantuvo en la élite de los lanzadores de casi dos generaciones, en una carrera de 20 años, en la cual fue dos veces líder en victorias de una liga mayor (22 y 21 victorias), 4 veces líder en juegos completos y dos veces en ponches (319, 300).

Un ganador de 216 juegos en Grandes Ligas, Schilling compartió con Randy Johnson el premio Jugador Más Valioso en la mencionada Serie Mundial (con Arizona). Ganó ese premio en la Serie Mundial de 1993, con los Filis de Filadelfia.

El derecho parece destinado al Salón de la Fama de Cooperstown, después que el año pasado recibió el 70.0 % de los votos de los miembros de la Asociación de Escritores de Béisbol de América, quedándose corto por el 5 %, cuando le restan dos años más en la boleta de esa entidad.

Si lo logra en las próximas votaciones, en el 2021 sería el tercer jugador (todos lanzadores) que reforzó a las Estrellas que ingresa al templo de los inmortales del béisbol, en Cooperstown, donde la carrera de Maris no lo podrá llevar.

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