Rodrigo Marte, entre metas del presente, ejemplos del pasado y oportunidades del futuro

Por Bernardo Pilatti jueves 29 de agosto, 2019

Cada vez que en el boxeo amateur asoma un prospecto con proyección y talento de campeón, la pregunta inmediata será, ¿en qué momento lo vemos dar el salto hacia el campo profesional? El último gran ejemplo dominicano es el de Rodrigo Marte, ganador de la Medalla de Oro en 52 kg (División Mosca) en los Juegos Panamericanos de Lima, Perú.

A sus, apenas, 19 años, Marte ha construido una carrera brillante y acumula una experiencia que pocos a su edad pueden presumir. Basta evaluar la estadística, junto a las exigencias previas a su consagración en Lima (oro) y antes en los XXIII Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, Barranquilla 2018 donde se colgó la medalla de plata, para comprender que su ruta natural es la de un futuro campeón mundial.

Ahora, ruta natural nunca significa destino final. Para que ambas cosas coincidan se deben dar muchas, demasiadas asociaciones perfectas, que empiezan por una acertada conducción, un apoyo verdadero y un paciente trabajo en lo mental.

Tanto el boxeador, como aquellos que trabajan a su lado tienen el legítimo derecho a ilusionarse con su futuro. No obstante, ese futuro será el que pueden anhelar en la medida que sepan trabajarlo con paciencia, paso a paso y midiendo cada pequeño plan de avance dentro de una larga, muy larga estrategia.

Así fue como dio resultado la hoja de ruta de tantos ex olímpicos a quienes se les planificó el futuro a partir de su éxito como figuras en el campo amateur. Oscar De la Hoya, Oscar Valdez, Shakur Stevenson o Vasiliy Lomachenko, por nombrar alguno de los cientos que han transitado o transitan con éxito por el profesionalismo.

De ellos es de quienes hablamos, no lo hacemos, sin embargo, de los miles que han fracasado o han quedado a mitad de camino sin cumplir aquellas expectativas que despertaron cuando dejaron el boxeo aficionado para probar suerte en el de paga.

Y es en los misterios de esa transición donde habita el secreto del éxito o del fracaso, algo que puede perfectamente encajar en el futuro que sus manejadores le hayan planificado al medallista panamericano.

¿Mantenerlo por más tiempo en el amateurismo? ¿Iniciar una transición lenta y mixta, donde si bien se mantenga compitiendo en eventos amateur, vaya incorporando a su preparación rutinas propias del profesionalismo? ¿O directamente buscar un buen contrato de promoción y dar el salto inmediato al profesionalismo?

Son difíciles todas las respuestas y no hay una formula exacta que garantice el éxito o lo condene al fracaso. Puede ser apresurado ir ahora mismo al boxeo de paga o tal vez se incurra en un error no hacerlo por aquello de que un triunfo dependerá de buscar el momento acertado para intentarlo y no esperar que ese momento lo busque a uno.

Una mala o una buena decisión decide todo y, en este caso, el pasado puede ser un buen barómetro para establecer puntos de comparación.

En esos ejemplos, podríamos señalar dos bastante opuestos y diferentes en sus resultados. Joan Guzmán, (uno de los tres dominicanos en ganar oro en Juegos Panamericanos) debutó con 21 años (1997) en el profesionalismo y con 320 combates como amateur. Su carrera fue exitosa y pudo serlo aún más. Tuvo el tiempo y las oportunidades para lograrlo.

Por su parte, Félix Díaz, que ganó la medalla de oro en los olímpicos de Beijing 2008, debutó con casi 26 años en el año 2009. Díaz no logró ser exitoso como profesional, por más que siempre ha sido considerado un boxeador de élite

¿Tal vez Díaz llegó demasiado tarde al profesionalismo? Tampoco es fácil responder esa pregunta, sin embargo, los dos casos pueden servir como reflejo para la planificación del futuro de Marte. El medallista panamericano en sus primeras declaraciones, luego de vencer al cubano Yosbany Veitía en la lucha por el oro, no tuvo dudas al marcar sus próximos objetivos: El mundial y los juegos olímpicos.  “Quiero ser campeón olímpico”, expresó.

La primera reflexión, es que esa expresión de deseo es totalmente positiva. Son dos grandes metas que perfectamente pueden consumir los próximos dos años de su carrera. Le mejorarán la experiencia, sumará cientos de asaltos en cada campamento y a mayor tamaño de sus metas, mayor aprendizaje y motivación. Es natural creer que luego estará listo para ir por un objetivo mayor.

Llegar a los 21 años con esa maleta de experiencia a sus espaldas, lo depositará en el profesionalismo con herramientas muy sólidas, que le permitirán crecer de manera rápida y alcanzar de forma temprana las oportunidades de título que todo púgil anhela en su carrera.

Se nos dijo que Marte tendrá apoyo económico para mejorarle sus condiciones económicas y permitirle mayor tiempo a la preparación. Esa también sería una buena noticia. No obstante, hay un posible error que sus manejadores ni el propio Marte deben ignorar: el profesionalismo debe ser un objetivo reconocido, asumido pronto para su futuro y trabajado por igual. O sea, planificarlo desde ahora sin arriesgar que la demora temprana obligue después a un tardío apresuramiento. Y trabajar desde ahora no es caer en desatenciones. Mas bien es planear una carrera tan prometedora con vista larga.

En el boxeo de paga no solo se llega lejos por condiciones y oportunidades, también el comportamiento social, la disciplina, la dedicación junto al conocimiento de lo malo o lo bueno que implica pelear por una bolsa grande o pequeña de dinero, debe ser parte del aprendizaje y ese aprendizaje debe comenzar hoy mismo.

Eso debería ocurrir con el futuro inmediato de Rodrigo Marte, mientras busca grandes objetivos como amateur, aprende de los aciertos o errores de quienes le precedieron y al mismo tiempo se cultiva en lo que le espera en esa ruta que tanto lo podría llevar a la gloria como lo podría hacer fracasar temprano si no se prepara. Así es como funciona y no de otra manera.

Por  Bernardo Pilatti 

 

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