Revisionismo y presente

Por Alcides Pimentel Paulino miércoles 25 de abril, 2018

En muchos paises occidentales se ha desatado una campaña propangandística, apadrinada por los partidos de izquierda, con el objetivo de retirar de la historia monumentos y obras que no encajen en su ideología moderna.

El debate está servido. A pesar de que personajes como Hitler, Musolini, Franco, Trujillo o Stalin no sean de mi agrardo, lo que ha ocurrido en el pasado no podemos cambiarlo. Lo políticamente correcto no puede ser una excusa para atacar todo aquello que no nos guste.

En el mundo globalizado todo vale con tal de conseguir los objetivos. En la era de la posverdad, ” la verdad depende del cristal con que se mira”. En algunas ocasiones el revisionismo es bueno. Cosas que en el pasado se consideraban positivas, hoy no lo son. Quién no recuerda aquella frase que decía que “una bofetada a tiempo era buena para la educación”. En la actualidad, la violencia física con los niños está muy mal vista. Es mejor convencerles psicológicamente.

El revisionismo es la tendencia a someter a revisión metódica doctrinas, interpretaciones o prácticas establecidas con la intención de actualizarlas.

Los dictadores no son personajes de los que sentirse orgullosos, aunque en algunas ocasiones realizaran alguna cosa beneficiosa para el conjunto de la sociedad. Es el caso de Franco, con los pantanos y la seguridad social. En la República Dominicana, algunos nostalgicos, agradecen a Trujillo que los haitianos no invadieran el país. Casos como los de Muammar al-Gaddafi (Líbia), Hosni Mubarak (Egipto), Saddan Husein (Irak), Augusto Pinochet (Chile), Benito Mussolini (Italia), Francisco Franco (España), Joseph Stalin (URSS), Adolf Hitler (Alemania) o Rafael Videla (Argentina) son catalogados claramente como dictadores.

Muchos personajes históricos se encuentran en la frontera entre los dictadores y los patriotas. Los casos de Mao Zedong en China y de Fidel Castro en Cuba, suscitan división de opiniones. No siempre está claro quién fue un dictador y quién contribuyó a la grandeza de los Estados. Los casos de Simón Bolívar, Emilio Zapata, Ernesto “Che” Guevara o Tupac Amaru (José Gabriel Condorcanqui) son claros ejemplos de personajes históricos que presentan unanimidad ante la opinión pública.

Sin formación militar, Bolívar, llegó a convertirse en el principal dirigente por la independencia de las colonias hispanoamericanas. En el civilizado Reino Unido, se levantan monumentos a Oliver Cromwell, en el exterior del Palacio de Westminster, sede del Parlamento Británico. Muchos irlandeses y escoceses no tienen un grato recuerdo de su persona. Las controversias sobre las placas conmemorativas incluyen a Enoch Powell, padre del nacionalismo británico. La tumba monumental de Napoleón está situada en el Palacio de Les Invalides (París, Francia). Existe un monumento a Otto von Bismark en Hamburgo (Alemania). Benito Mussolini está enterrado en una cripta familiar en San Cassiano (Predapio), su lugar natal. Este lugar es visitado por más de 80.000 personas al año. El mausoleo de Lenin preside la Plaza Roja de Moscú, junto al Kremlin. Allí también está sepultado Stalin, un personaje amado y odiado a parte iguales.

En España, algunos partidos defensores del secesionismo hablan de España o del Día de la Hispanidad con desprecio. Si bien es cierto que muchos españoles en el pasado no se comportaron correctamente con los indígenas y los esclavos negros de la época colonial, esas sociedades con sus defectos y virtudes, no serían lo que son hoy en dia. El mero hecho de cambiar una estatua ecuestre del “Generalísimo” no cambiará la historia del franquismo. Al contrario, puede ser interpretado como un revanchismo absurdo.

La idea de colocar la estatua ecustre de Franco en una vía pública de Barcelona, concretamente en el Born, dentro de una muestra titulada: “Franco, Victoria, República, Impunitat i Espai Urba”, en el Born Centre Cultural y Memòria (BCCM), podría ser interpretada como una provocación. A la estatua le tiraron huevos, le pusieron una cabeza de cerdo, le buscaron como compañera a una muñeca hinchable y hasta la decoraron con una bandera arcoiris, símbolo del movimiento LGTBI, es decir, lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. La estatua fue destrozada. De quién fue la genial idea de colocar esa estatua en la vía pública en el contexto político que se vive en Catalunya con el procès? La intención que se perseguía era provocar o hacer reflexionar a la población?. La expocisión tenía una clara finalidad política. La idea era atacar al Partido Popular (PP), acusándolo de heredero del franquismo y de autoritario. La estatua pasará al Museo de Historia de la Ciudad como debe ser.

Conviene no olvidar que la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, pertenece a un partido de izquierda, “En Comú Podem”, republicano, muy próximo al secesionismo y a la izqueirda radical. El que lanzó huevos a la estatua, era un conocido activista independentista llamado Ernest Sant. La obra de Josep Viladomat terminó hecha añicos. Se trata de una obra de 1963 que permanecía en el Castillo de Montjüic. En 1985 fue trasladada al Museo Militar y en el 2008 se la retiró a un almacén municipal. En el 2013, alguien, cuyo nombre se desconoce en el actualidad, decapitó la figura.

Los independentistas más radicales no querían ni ver la estatua ecuestre de Franco en Barcelona. La asociaban al españolismo más casposo. Junto a la estatua de La Victoria, conmemoraban la entrada de Franco en la ciudad en 1939. Para muchos, el autor y sus obras contrubuyeron a la exaltación de la dictadura de Franco. La derecha, más próxima a los pensamientos del ex dictador, criticaba el traslado, argumentando que su autor fue reconocido y aceptado por la Democracia. No era la primera vez que esto sucedia. Algunos activistas piden demoler las estatuas de José Antonio Primo de Rivera y otros monumentos franquistas como El Valle de los Caidos. Se trata de acciones encaminadas a crear frentes, entre quienes colaboraron con el franquismo y quienes se oponían. No es mejor dejar el pasado en el pasado?

Hace años que se estan cambiando los nombres de algunas calles. En Barcelona, el Paseo San Juan se llamaba Paseo del General Mola. Un miltar asociado al franquismo. Este paseo ha tenido en sus diferentes tramos múltiples nombres. Se ha llamado Paseo Nuevo, General Mola, Juan García Hernández, República, Sant Joan, Las Garrofers, T. Del Malecón, etc. La Diagonal de Barcelona dejó de ser la Avenida del Generalisimo Franco, la Gran Via de les Corts Catalanes se llamaba Avenida de José Antonio Primo de Rivera. Estos cambios siempre han ocurrido en las grandes ciudades. El aeropuerto de Madrid-Barajas ahora se llama también Adolfo Suárez. En ocasiones estos nombres añadidos son una buena fórmula para honrar a personajes históricos. Es un caso parecido al de Martin Luter King en Estados Unidos.

La estatua de Antonio López (empresario cántabro que hizo fortuna en Cuba) fue retirada por el Ayuntamiento de Barcelona, sin consultar a la población. Se argumentaba que era un esclavista. Según una encuesta de Gestop, el 71,5 % de los barceloneses quieren ser consultados ante el cambio de nombre de sus calles.

El pasado 15 de abril, la calle Almirall Cervera y Topete, héroe de la guerra de Cuba, pasó a llamarse Pepe Rubianes, en honor al fallecido humorista galaico-catalán que vivió en esta calle de Barcelona. Una de sus frases más célebres es ” A mi la unidad de España me suda la polla por delante y por detrás. Que se metan España por el culo a ver si les explota dentro”. Cambiar los nombres de las calles de manera sectaria no es una buena idea. Bajo el mandato de Colau se han cambiado los nombres de Llucmajor por La República, Juan Carlos I por Cinc d’Oros e Hispanidad por Pablo Neruda. Para los descendientes del almirante, “el cambio del nomenclator es un disparate”. En Cuba existen dos monumentos suyos a los que se les rinde homenaje. Paradojas que cuestan de entender. La calle con su nombre es el triste recuerdo de una derrota naval, el declive del imperio español con la perdida de sus últimas colonias, Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Desde el Ayuntamiento se ha relacionado a este personaje con el franquismo, cuando en realidad murió en 1909, antes de que se inventara el fascismo como tal. Estos cambios de nombre se realizan con la complicidad de los independentistas que buscan romper cualquier vínculo sociocultural con España, a la que odian y menosprecian a partes iguales.

Los ayuntamientos pueden someter a votación los nombres de las calles. Las sociedades cambian, y las mayorías de hoy, no son las mismas que en el pasado. El problema es que esta manera de actuar puede llevarnos a cambiar los nombres con cada cambio de gobierno. Hay que tener mucho tacto con los llamados como “símbolos de odio”.

En Nueva York, se ha retirado de Central Park, la estatua de J. Marion Sims (1813-1883), un pionero de la ginecología, porque utilizaba a mujeres negras” esclavas, como conejillos de indias, para sus experimentos. El gobierno alemán propuso demoler la casa natal de Adolf Hitler en Braunau am Inn (Austria), ante el riesgo de que se convierta en un lugar de peregrinación de neonazis. Más tarde se decidió que el edificio albergara una institución que fuese la antítesis del nacismo. La casa que estaba en manos privadas, fue confiscada por el Estado austriaco por “el interés general”.

Se calcula que el gobierno de Trujillo, fue el responsable de la muerte de más de 50.000 personas. Los casos “Perejil” y “Hermanas Mirabal” son los sucesos más trájicos. Santo Domingo, durante la dictadura de “Chapita” pasó a llamarse Ciudad Trujillo. Joseph Stalin pasó de ser un buque insignia del socialismo a un temible dictador. Alejandro Magno, Rey de Macedonia (356 a.C- 323 a.C) forjó un imperio que abarcaba desde Grecia y Egipto hasta la India. En su país, Alejandro Magno es un héroe nacional, mientras que para el imperio persa y otros pueblos de Asia central era un sanguinario. Algo muy similar ocurre con la figura de Genghis Khan (siglo XIII).

Revisar con tanto énfasis la historia, nos puede colocar en dilemas complejos. Para una parte de la población, algunos personajes históricos del pasado son percibidos como patriotas, forjadores de la grandeza de muchas naciones. Para otros, solo fueron dictadores o sanguinarios desbordados por la ambición del poder. Alejandro Magno, Napoleón, Lenin o Otto Von Bismark son casos paradigmaticos. Juzgar a determinados personajes con los valores de hoy, no siempre es una buena idea. Existe una linea muy delgada entre los héroes y los villanos. Y un abismo entre la verdad y quien te la cuenta. En la actualidad, la verdad ha dejado de ser importante para dar paso al relato, a eso que se conoce ahora como posverdad.

Deberíamos llegar a un consenso para evitar que se nos vaya de las manos un revisionismo interminable y sectario que nunca dejará contento a todo el mundo. Quedar bien con todos es imposible. Actos en honor de personajes tan sanguinarios como Stalin o Hitler solo sirven para perpetuar el odio, la división y la rivalidad en la sociedad. Levantar monumentos al aire libre a estos personajes, solo contribuye a continuar anclados en el rencor y en el pasado.

Puesto que el pasado no podemos cambiarlo, lo ideal sería aprender de él, para no cometer los mismos errores.

Por Alcides Pimentel Paulino

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