República Dominicana pierde fuentes acuíferas

Por María Hernández

Son impactantes y deprimentes las imágenes que vemos en los medios de comunicación de cañadas y ríos llenos de basura después de que caen algunas gotas de lluvia que desbordan la capacidad de estas fuentes acuíferas que han ido perdiendo espacio con el paso del tiempo y a medida  que la población se adentra en sus cuencas, riberas y desembocaduras.

Un río está constituido por tres cursos que son  alto, medio y bajo. En el curso alto o superior es donde nace el río, por lo general, en zonas montañosas de la cuenca hidrográfica que luego fluye por fuertes pendientes con aspecto de torrente y en este curso predomina una alta capacidad de erosión y además de transporte que está por encima de lo que es la sedimentación. Mientras el curso medio es el área en donde discurre el agua con menor velocidad y que procede del curso alto o superior. En el curso bajo o tramo inferior del río es donde desemboca el agua que es recogida por el curso medio del río, de acuerdo a especialistas en el tema.

El experto Antonio Sánchez Hernández, en un escrito, en 2018, con el título “Los ríos se están secando” narra que ya desde la década de 1970 los areneros depredaban nuestros ríos y que en 1986 se emitió el Decreto No.257 que prohíbe la extracción de arena de los ya,  prácticamente secos, ríos Nizao, Nigua y Yubazo ni por métodos manuales, mecánicos ni de otra índole.

Existen, también, los denominados  ríos secos por diferentes causas y expertos como Mª Luisa Suárez Alonso, quien es  Catedrática de Ecología de la Universidad de Murcia, España, señala que son cauces que van siempre secos porque se encuentran desconectados de las aguas subterráneas y solamente transportan agua cuando se producen fuertes lluvias esporádicas las cuales generan una crecida, por lo que en los ríos secos no viven organismos acuáticos.

Ahí es donde se produce el problema, pues los individuos piensan que ya esos ríos no acumularán agua y comienzan a ocupar sus riberas con viviendas que luego son inundadas cuando el río se llena de nuevo de agua.

Lo recomendable es que desde el Estado se prohíba la instalación de casuchas en los entornos de los ríos aunque se vean secos.

Tanto en el Distrito Nacional como en diferentes municipios del Gran Santo Domingo y en el interior del país muchas zonas quedan incomunicadas cuando se produce alguna vaguada o en momentos en que se inicia la temporada ciclónica y, en muchos casos, por una simple lluvia los carros parecen yolas en el agua y la basura plástica y, de todo tipo, flota y tapa los pocos  filtrantes que aún arrastran las aguas de las calles.

Algunas regiones son tan inhóspitas que para los dominicanos no son atractivas para vivir, pero muchos ciudadanos del vecino Haití ven en ellas un paraíso en la tierra y construyen sus casas en esas zonas vulnerables y no aptas para habitar.

En la provincia María Trinidad Sánchez hay una zona que en 1946 desapareció por efecto de un tsunami, que se generó por un terremoto de magnitud 8.0, como lo registró el Instituto Geológico de Estados Unidos, en ese momento y que recuerda el periódico El Nacional, en un escrito. Es el poblado de Matanzas y en la actualidad esa área que bordea la costa de la playa del lugar se mantiene ocupada por numerosas casas que están en peligro de ser de nuevo arrasadas por las crecidas de las  aguas que temerariamente está ocupando.

Lo mismo podemos decir de la cañada de Guajimía, en el municipio Santo Domingo Oeste, la cual  fue objeto de limpieza, recientemente, pero que desde que llueve los desechos vuelven y la tapan producto de la gran cantidad de hogares que las  utilizan como su gran vertedero.

También en el entorno del río Manoguayabo se han construido algunas viviendas que se inundan desde que el río sube, producto de los aguaceros.

En Haina hay una cañada denominada Los Haitises por la gran cantidad de ciudadanos haitianos que residen en la peligrosa zona que tiene que ser evacuada por la Defensa Civil cuando se producen fuertes temporales lluviosos. También en ese municipio perteneciente a la provincia de San Cristóbal se encuentra la cañada de Gringo, cuyas aguas desembocan en la playa del mismo nombre y donde la basura se adueña de toda esa costa.

Las autoridades dominicanas  han hecho algunos esfuerzos por liberar las orillas de nuestros ríos de desperdicios y de ocupantes que, por años, se han acostumbrado a convivir con los ríos que en muchas regiones se han secado y en donde  las personas levantan viviendas y no piensan en que los ríos siempre vuelven a recuperar su territorio.

En 2015, el Colegio Dominicano de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores (CODIA) informó que en ese momento ya se habían secado más de 500 ríos, arroyos y otras fuentes acuíferas en nuestro país

En 2017, mediante el Decreto 260-14 del Presidente Danilo Medina y la resolución 13-2016  del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales que dirigía, en ese momento, Francisco Domínguez Brito, junto a otras instituciones del área removieron la última embarcación que se encontraba en los ríos Ozama e Isabela, de un total de 27 que contaminaban esos ríos.

Hace unos meses se inició la recuperación del río Ozama, en el área denominada proyecto Nuevo Domingo Savio donde  se desalojaron algunas familias que vivían casi dentro del río y se les trasladó a zonas más seguras aunque algunos se quejan, a través de los medios de comunicación, de que todavía no les han pagado después de haber sido desalojados de una franja de unos 1,043 metros que se ha convertido en un tramo de la avenida que ahora los conduce al sector de Los Guandules. Todavía quedan muchas casas a ambos lados del río.

También se ha detenido a personas realizando cultivos de ciclos cortos en laderas de las montañas, las cuales nos proporcionan el agua que baja a nuestros ríos.

En el caso específico del río Ozama, en el mismo centro de la capital, se origina en la Loma 7 Picos. Tiene más de 400 afluentes y posee 2,847.15 kilómetros. Mientras el río Isabela, que también atraviesa diferentes zonas del Gran Santo Domingo nace en la Loma “El Pilón”, en Villa Altagracia, de acuerdo a un trabajo periodístico de Adalberto de la Rosa para Diario Libre.

En el Cibao más del 80% de las fuentes hidrográficas secundarias están secas, como consecuencia de la destrucción de los bosques, de acuerdo a la Sociedad Ecológica del Cibao.

El jueves 31 de marzo de este 2022 el senador de Santiago Rodríguez hizo un llamado al Ministerio de Medio Ambiente para que detengan la quema de pinos, en esa provincia, lo que se traduce en la depredación de los bosques y de los ríos de toda esa región.

Mientras, el pasado año, el geólogo Osiris de León pronosticó que los ríos, de nuestro país, reducirán sus cauces, definitivamente y que van a desaparecer en 50 años por el maltrato que está recibiendo la naturaleza, como reveló al periódico Hoy.

Las autoridades de Medio Ambiente, Obras Públicasel Ministerio de Defensa y todos los organismos que componen el Comité de Operaciones de Emergencias (COE) deberían estar vigilantes para no permitir que las márgenes de los ríos y de otras  fuentes acuíferas sean habitadas por personas que no piensan en el peligro a que se  exponen con la construcción de casuchas, muchas de ellas prácticamente dentro del agua y en donde tienen sus sanitarios y utilizan el río o cañada como su vertedero y desagüe en detrimento de los demás comunitarios.

Por: María Hernández

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