Represión y dictadura

Por Carlos Martínez Márquez lunes 3 de junio, 2019

’En una democracia, primero votas y luego recibes ordenes; en las dictaduras no tienes que perder el tiempo votando, esa es la gran diferencia’’. Charles Bukowski

-¿Para que convocar elecciones, si de ante mano se sabe, quien será el ganador?

Llegar a decir de que ‘’cada pueblo merece sus gobernantes’’, seria cuestarriba pensar de que  no es decisión de un pueblo que cree en la honra de sus derechos fundamentales, para vivir en una sociedad prospera y saludable. Si bien es cierto que las dictaduras en términos históricos han sido fatales para la supervivencia de los pueblos, no menos cierto, que la represión, es un ingrediente vital para darle matiz de ‘’holocausto’’ a tal aberrante y abyecto proyecto de ideología sin sentido.

Hemos visto como los dictadores acaban con sus pueblos y terminan mal; la represión que esta genera, adquiere la forma de un tornado, que arrasa, con lo más frágil de todo en cuanto encuentra a su paso y peor aún, las vidas que se pierden a lo largo de los regímenes más execrables de toda existencia humana.

La edad que llevo de existencia, me ha permitido observar varias dictaduras por todo el hemisferio y como los dictadores terminan sus días, hundidos en un fango de lodo, que no pueden emerger a la superficie, buscando de dónde agarrarse, para evitar que la historia les pase factura y sean remitidos directo al infierno, de lo que haría la justicia aplicándoles todo el peso de la ley.

Augusto Pinochet, tuvo la suerte de morir en su lecho de manera placentera, (poco común en un dictador de su estatura), que sus muertos no han sido correctamente contabilizados desde que gobernó a Chile con mano de plomo e insufrible latigazos; tuvimos en el siglo pasado, a uno de los más abominables dictadores que arrasó con toda una población de judíos, como lo fue Adolf Hitler (eso fue ayer, como quien dice).

El sátrapa, Rafael Leonidas Trujillo, gobernó por 31 años y termino sus días siendo ajusticiado; el pueblo celebro el fin a su poderío y dio paso a la democracia, que aun con sus virtudes y defectos, se puede apreciar con cierta apariencia y representatividad.

América Latina, ha sido en décadas, el epicentro, donde se han originados tales regímenes; la izquierda ha sido un desastre y una vergüenza para quienes creyeron en ella y le votaron. Llegan al poder siendo demócratas y de inmediato- (como el camaleón)- adquieren un croma distinto a su investidura, cambiando el estilo de gobernar. Eso, recientemente, le ha sucedido a Venezuela, con la revolución Bolivariana, y que de manera inequívoca, quisieron, aplicar la misma receta cubana, desde que Fidel Castro, la implemento cuando asumió  el poder y que al día de hoy ya esa revolución, no tiene sentido. Es una  revolución obsoleta y rancia; con Maduro a la cabeza, Venezuela, cuando a su régimen derroquen, necesitara una década- (mínimo), para que el dolor causado por esa dictadura, sane parcialmente, las heridas infligidas. El hambre, la violencia y los maltratos, son suficientes, para estigmatizarlo como criminal de lesa humanidad.

Ningún otro pueblo merece su suerte; los venezolanos han sido reducidos a la miseria exponencialmente, famélicos, desnutridos, muertes por la alta escasez de medicinas en hospitales y pacientes muriendo como los de afuera, que pierden la vida en las calles. Nicolás Maduro y sus esbirros, son una vergüenza ante los ojos del mundo. Tengo la plena convicción, de que caerá y se le aplicara todo el peso de la ley; sus días están contados y con mucha suerte, estará vivo para contarlo, porque la historia no será tan generosa, cuando pase por encima de su amorfa anatomía. Latinoamérica y el resto de occidente llora a Venezuela, la dictadura se ira y no dejara la misma riqueza que encontraron cuando llegaron al poder y traiciono a su pueblo quien les voto. Todo aquel que se identifique con la causa venezolana, tendrá que tomarse un vomitivo, para excretar todo lo que ese régimen le ha dado de comer. La represión tendrá un mal final y es el propio pueblo venezolano, quien le devolverá con violencia, los mismos golpes que les han propinado.

Por: Carlos Martínez Márquez

 

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