El relato de la barbarie

Por Gregory Castellanos Ruano lunes 13 de noviembre, 2017

El primer año de gobierno bolchevique dejó a los rusos no sólo intimidados por el ejercicio sin precedente de un terror en gran medida aleatorio, sino sumidos en una profunda perplejidad…aquellos que habían experimentado y sobrevivido a la revolución no verían nunca más la vuelta a la normalidad. La revolución fue tan sólo el principio de sus penas“.

(Pipes, Richard: La revolución rusa)

Un  periódico de circulación nacional publicó la siguiente noticia:

“Violan sexualmente miembros de dos familias en menos de una semana 08 Noviembre 2017 Santo Domingo, Rep.Dom.- Dos grupos de hombres armados penetraron la pasada semana a viviendas ubicadas en Pantoja, Santo Domingo Oeste y la urbanización Puerta de Hierro en el Distrito Nacional, donde golpearon y violaron sexualmente a varios de sus residentes y robaron.   El incidente de Puerta de Hierro, que es manejado con hermetismo, se produjo el pasado sábado, cuando varios hombres portando armas irrumpieron en una residencia, amordazaron a todos los miembros de la familia que la habitaban y violaron sexualmente al menos a cuatro de ellos, incluyendo a un envejeciente.  Los hombres, de los cuales trascendió que hay dos detenidos, sustrajeron una indeterminada cantidad de dólares y diversos artículos de valor.  Aunque la nacionalidad de los perpetradores no ha sido ofrecida, una fuente indica que se presume son haitianos, porque durante el hecho se comunicaban en creole, de acuerdo con lo revelado por el curso de las investigaciones.   Caso de Pantoja. Alrededor de la 1:00 a.m. del martes de la pasada semana hombres entraron a una vivienda en Pantoja, encerraron en una de sus habitaciones a tres miembros de la familia que se encontraban en ella, incluyendo a una menor de edad y violaron sexualmente a una joven de 19 años de edad. Acto seguido cargaron con un vehículo y electrodomésticos. Por ese hecho, la Policía Nacional informó el pasado domingo que apresó a Javier Vidal Eusebio, de 28 años; Manuel Ozoria, de 19; Pablo Eusebio, de 50, y Rose Castillo Rosario, quienes son señalados como los autores del suceso. La uniformada dijo que a los detenidos se le ocupó varios aretes de mujer, celulares, computadoras, y prendas.“

Esas dos familias quedaron destrozadas, destruidas: con sólo la humillación a que se les sometió con esas violaciones eso es un trauma que marcará a cada uno de sus respectivos componentes para el resto de sus días e incluso ocasionará que ni los propios respectivos componentes de dichas dos familias se quieran ver entre sí sólo por el terriblemente pesado fardo de la vergüenza que sienten sobre sí. La inmensa mayor parte de los casos de esta naturaleza no trascienden al público por una razón obvia: evitarles la vergüenza terrible a las víctimas de esos casos. Ordinariamente esos tipos de casos paran en nada: el sistema procesal penal cepepeísta les permite a los infractores de la ley obtener su libertad rápidamente y que el procedimiento se caiga con una facilidad pasmosa en beneficio de dichos infractores de la ley, es decir, obteniendo éstos impunidad gracias a un sistema diseñado esencialmente para favorecer al que delinque.

No es la primera vez que fenómenos criminales como esos reseñados en la noticia citada ocurren en la historia de la vida de la sociedad dominicana: ocurrieron en formas muy, pero muy aisladas, es decir, de manera muy escasa, durante todo el período que va desde el nacimiento de la Nación dominicana a la vida independiente en mil ochocientos cuarenta y cuatro (1844) y que culmina el día veintiséis (26) de Septiembre del año dos mil cuatro (2004), fecha esta última de la muerte de la vigencia del Código de Procedimiento Criminal, para al otro día, veintisiete (27) de Septiembre del  dos mil cuatro (2004), entrar en vigor el Código Procesal Penal (CPP).

A diferencia de la cuantía limitadísima de los casos parecidos ocurridos durante esos ciento diez (110) años precedentes, desde ese veintisiete (27) de Septiembre del  dos mil cuatro (2004) noticias de actos espeluznantes como estos son `el pan nuestro de cada día` constituyendo en tan sólo trece (13) años de vigencia del Código Procesal Penal (CPP) una cuantía muy, pero muy superior, pero eminentemente, abrumadoramente superior a aquella cuantía limitadísima y caricaturesca de aquellos ciento diez (110) años precedentes, y la tendencia es a seguir incrementándose. Los robos y los asesinatos, las lisiaduras, las heridas, los golpes, y las violaciones conexos a dichos robos forman parte de ese pan nuestro de cada día; lo mismo que la presencia de haitianos en la delincuencia en la República Dominicana, esta última sobre todo al hacer desaparecer el Presidente Danilo Medina Sánchez la frontera de la República Dominicana con Haití en su ejecución del proyecto de fusión entre ambos pueblos promovido por potencias extranjeras y por organismos internacionales al servicio de aquellas; es decir, que hasta los haitianos han empezado a beneficiarse de la lenidad incentivadora de la delincuencia intrínseca a la normativa procesal penal cepepeísta.

Le ha correspondido a la crónica diaria (esa que por su agilidad impresa por la modernidad se ha convertido en el espejo retrovisor de la Historia), hacer el relato del terror aleatorio de los acontecimientos delincuenciales en la República Dominicana durante la revolución cepepeísta, esto es, hacer el relato del terror aleatorio de la barbarie delincuencial que se desplegó en la República Dominicana a partir del veintisiete (27) de Septiembre del dos mil cuatro (2004) al entrar en vigor el Código Procesal Penal (CPP); de la barbarie frente a la cual obstinados negacionistas de la misma y de esa su fecha de nacimiento pretenden hacer vista y oídos sordos como si la vida hubiera seguido su curso normal a partir de esa fecha.

No es obra de la casualidad que innumerables hechos de barbarie como estos dos referidos en la noticia recién citada compendien el discurso del cepepeísmo, en la sombra del cual se mueve el Abolicionismo Penal  produciendo una modernidad que se estrelló contra la realidad de la vida, dando origen a que surjan el caos, la ruina económica, la ruina moral y a que la sangre corra a borbotones, llevándose en su tránsito decenas de millares de víctimas (causando un verdadero genocidio) que al producir la sumatoria de cada uno de los genocidios producidos en las otras respectivas naciones iberoamericanas que clonaron el Código Procesal Penal Tipo para Iberoamérica da lugar a una cantidad de naturaleza apocalíptica que lejos de disminuir sigue creciendo y creciendo cada vez más y más.   “La revolución cepepeísta“ se trata de una “epopeya revolucionaria“ (¿?)  de las más virulentas que registra la Historia humana y que ha sumergido a la sociedad dominicana y a las restantes sociedades iberoamericanas entre nubarrones y turbulencias jamás antes siquiera sospechadas.   Por más que se esfuercen sus negacionistas partidarios no hay en ella cosa alguna gloriosa: no puede haber algo glorioso que surja del Abolicionismo Penal.  Lo que la Doctrina jurídico procesal penal cepepeísta o Ideología procesal penal cepepeísta le augura a la sociedad dominicana, a la luz de los numerosos ejemplos espeluznantes vistos, no es nada bueno: la vigencia del cepepeísmo sólo puede asegurar y asegura, de continuar vigente el Código Procesal Penal (CPP),  son largos años de injusticia y de opresión a manos de la delincuencia cuyo desborde dicho código ha provocado.

Noticias como las citadas que vemos diariamente en todos los medios de comunicación del país son una narrativa realista, son un relato trepidante de esa realidad horrorosa, terrorífica, que comenzó el veintisiete (27) de Septiembre del dos mil cuatro (2004): ¡Y eso que numerosos casos quedan ocultos por diferentes razones y las masas del público no llegan a enterarse de los mismos!

La prensa dominicana, pues, ha venido realizando el relato de una revolución que tanto dolor y sufrimiento le ha ocasionado y le está ocasionando a la sociedad dominicana y a las restantes sociedades iberoamericanas.

Muchos de los co-responsables de esa tragedia en la que han sumergido a la sociedad dominicana reiteradamente han pretendido acallar `con palabras vanas y vacuas y con meros clisés` la tragedia en escena que representa la revolución jurídica cepepeísta; han pretendido ocultar la vesania co-desatada por ellos mismos; han pretendido ocultar la mucha sangre que manó y ha manado desde que el Código Procesal Penal entró en vigor y los delincuentes se dieron cuenta de cuánto el mismo les beneficia; han pretendido ocultar la mucha sangre que mana y seguirá manando mientras esa normativa procesal penal cepepeísta sea mantenida en vigor.

Dichos co- responsables de esa tragedia en la que han sumergido a la sociedad dominicana creen que los demás no pueden esquivar las falsedades que la propaganda de dichos co-responsables ha colado con pretensión de supuesta perpetuidad: la naturaleza horripilante de los hechos y la reiterada sistematización de los mismos ha venido despertando consciencias a las que dichos co- responsables querían mantener anestesiadas e idiotizadas.

 

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