Relaciones públicas, partidos y verdad

Por Daniel García Santana

Hay quienes han cuestionado a las relaciones públicas en el sentido de que manipulan la información y ofrecen verdades parciales, sin pensar en lo desastroso que sería perder la credibilidad para los profesionales de esa área y las instituciones en las cuales ejercen sus funciones.

Los profesionales de las relaciones públicas deben actuar con el respeto a los principios de verdad y responsabilidad, valores vitales para generar confianza y credibilidad entre todos los interesados.

Partiendo de esa premisa, ¿Qué tanta verdad hay en la imagen pública de una organización política y la de sus aspirantes?

El profesor José Luis Rojas Fernández señala que las organizaciones políticas dominicanas no son sinceras en cuanto a la imagen que construyen de sí mismas y sus candidatos. Cuando analizamos los perfiles de imagen pública de las organizaciones políticas grandes y pequeñas, todas comparten las mismas debilidades: no cuidan su reputación.

La credibilidad, la confianza y su imagen pública son activos de poco valor para esas entidades, y eso se debe a que, lastimosamente, sus audiencias, en su mayoría, no son críticas y pasan por alto las incongruencias e inconsistencias de los partidos políticos.

Relativas a la verdad, existen dos posturas en relaciones públicas opuestas entre sí: La primera esta inclinada a ocultar, manipular o confundir y la segunda está sustentada en la verdad y los hechos. La segunda es la ideal para los profesionales éticos y debe ser promovida desde las aulas universitarias.

La postura de muchos partidos es la primera, aunque tenga uno que otro matiz de verdad, no versan en la construcción de una imagen pública sobre la base sólida que proporciona la veracidad, y eso se refleja en el producto final de sus esfuerzos relacionales.

Las organizaciones políticas, instituciones, empresas y entidades deben apostar a construir o fortalecer sus imágenes sustentadas en la verdad, la razón y la ética para para que eso se manifieste en la confianza de los grupos de interés.

Por Daniel García Santana

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