Relaciones haitianas

Por Manuel Hernández Villeta miércoles 18 de enero, 2017

Los dominicanos no podemos vivir de espaldas a las relaciones claras con Haití. Buenas o malas, beneficiosas o negativas, la interacción con Haití es vital, porque se comparte una isla y la marginalidad de un territorio abraza al otro.

Los haitianos no pueden pensar que van a obtener de forma graciosa la nacionalidad dominicana. El ilegal no tiene derechos especiales, salvo que se le dé la posibilidad a trabajar y a vivir por un tiempo determinado.

Hay que plantear de frente al tipo de relaciones que se desea, se quiere y se puede tener con Haití. Lo que no podemos jugar es a esconder la realidad de que hay una línea fronteriza a fortalecer, y que todo haitiano en nuestro territorio tiene que estar documentado.

La gran cantidad de haitianos ilegales que tenemos no llegaron aquí producto del azar; es un fruto de los intereses de los agroindustriales, de los ingenieros de la industria de la construcción, del turismo y de esa mano de obra barata que se consigue en un emigrante ilegal.

Cierto que por la frontera pasan haitianos ilegales a pesar de los controles militares, pero ese no es el problema principal. Los resultados del control de emigrantes ilegales serían positivos si se buscaran las responsabilidades en los industriales y agricultores de gran capital que juegan a una mano de obra que cobra y exige menos que el dominicano.

Por demás hay que establecer relaciones económicas oficiales entre Haití y la República Dominicana. El tipo de intercambio que hay ahora mismo es informal, y no se sabe a quién beneficia, ni quien paga impuestos y cuales sectores son violadores de las leyes impositivas.

Haití es un país que carece de instituciones, se desconoce si el nuevo gobierno tendrá la fuerza y será representativo para poder adelantar programas de desarrollo, la sanidad pública colapsó y los sistemas de educación son casi inexistentes.

Los dominicanos están llenando el vacío del sistema hospitalario haitiano dando atenciones a miles de parturientas, y personas que sufren alguna enfermedad. Son cientos de jóvenes haitianos los que estudian en universidades dominicanas. La industria turística hoy tiene tantos empleados dominicanos como haitianos.

Hay que regular la situación económica, diplomática, territorial y de migración entre Haití y la República Dominicana. No sólo se deben buscar soluciones en titulares de periódicos, sino que hay que hacer frente a estas inconsecuencias. Sin correctivos, tarde o temprano Haití nos va a dar un fuerte dolor de cabeza y algo más. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

 

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