Reflexiones sombrías

Por Gregory Castellanos Ruano

De nosotros depende más de lo que puede expresarse con palabras: la civilización, la ley natural y puede que incluso el destino del sistema solar y el universo.

(Lovecraft, Howard Phillip: El caso de Charles Dexter Ward; Editorial Verbum, S.L., 2020, página No. 101)

Fue totalmente impactante la noticia de la explosión ocurrida en el edificio de entrada al Gran Colisionador de Hadrones (Large Hadron Collider, LHC),  situado en las afueras de Ginebra, Suiza; ella trascendió de inmediato a los medios de prensa locales e ipso facto a los medios de prensa internacionales enterándose así el mundo entero del violento incidente. Pronto fue evidente que el punto donde se había producido la explosión era el que corresponde al almacén de archivos y que por eso se habían visto tantos papeles volando por los aires inmediatamente se produjo la explosión en cuestión.

Al principio se creyó que algún experimento se había salido de control, es decir, se creyó que había ocurrido algo más terrible que una explosión de una bomba.

Fueron los directivos de la policía local los que pocas horas después dieron a conocer a los reporteros, desde una rueda de prensa en las puertas de la entrada principal del mismo local de los hechos, que habían podido establecer que lo que explosionó no fue ningún artefacto o aparato del instrumental de equipos del Gran Colisionador de Hadrones, sino una bomba ordinaria que había sido colocada en el referido lugar, que habían comenzado las investigaciones al respecto, que sospechaban de algunos miembros violentos de los grupos opositores a la existencia del Gran Colisionador de Hadrones, pero que no podían decir con certeza que ese realmente era el origen de la colocación de la bomba, que había que esperar a que culminara la investigación recién abierta, sobre todo a después de que examinaran las cámaras de video tanto del famoso edificio de experimentación como de los edificios cercanos, lo mismo que a que se realizara el análisis hacia atrás de las relaciones de llamadas entrantes y salientes de los teléfonos celulares de todos los que estuvieron próximos al edificio a partir del tiempo en que los técnicos, por su experticia, determinasen el momento más aproximado en que fue colocado el dispositivo explosivo.

Así mismo dieron a conocer que hasta el momento, por la evaluación superficial que rápidamente se había hecho por parte de los científicos y técnicos allí presentes, se había determinado que las instalaciones no habían sufrido daños significativos en sus estructuras y que, al parecer, mucho menos el gigantesco aparato allí instalado.

Al otro día de producirse la explosión un periódico físico matutino y todos los periódicos digitales y luego todos los periódicos físicos vespertinos de la localidad y al otro día igualmente todos los demás periódicos físicos matutinos, publicaron in extenso una carta que según el reportero redactor de la noticia matrix fundada en ella, fue conseguida por él junto a un paquete de otros documentos y papeles que él logró reunir a consecuencia de los mismos haber volado por los aires al producirse la explosión y que estuvieron circulando en el ambiente movidos por el viento mientras la multitud de curiosos permanecía en los alrededores como expectadores del siniestro; dicho reportero indicó que estaba en la mejor disposición de devolverle a la institución científica todos los documentos o papeles que había podido recuperar y que estaban en su poder.

La carta reproducida decía haber sido escrita por un biólogo alemán aficionado a la Astronomía y contiene el siguiente impresionante, significativo e inquietante texto que explica por sí mismo porqué causó la captación del interés tanto del reportero en cuestión como del periódico para el cual dicho reportero trabaja y para los demás periódicos que también la reprodujeron:

“Berlín, Alemania,

26 de Febrero del año dos mil siete (2007)

 

Señores: Directores de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN)

Señores: Laboratorio Europeo de Física de Partículas

Distinguidos Señores:

Esta carta es el producto de las reflexiones de un humilde habitante de la Europa que obviamente pasará a ser llamada “la Europa del Gran Colisionador de Hadrones (Large Hadron Collider (LHC))“ que al presente momento ustedes han dado a conocer que están ya casi terminando de instalar.

Hago uso  de esta epístola (género ya prácticamente caído en pleno desuso, pero que no creo que exista otro que quizás pueda ser más ideal al respecto) para centrarme en algunos puntos que, creo yo, podrían ser de algún interés y, quizás, hasta de una trascendencia relevante; lo hago movido más por el miedo que en forma ininterrumpida ha secuestrado  mi mente y por la incertidumbre en la que, a consecuencia de ello, me siento sumergido, que por algún otro motivo; y de todos esos otros motivos que algunos quizás podrían catalogar como impulsadores de la misma excluyo plenamente el ánimo de relumbrón.

Como ustedes recordarán, cuando se supo la noticia de que dicho Gran Colisionador de Hadrones sería construido como  “el acelerador de partículas más grande y de mayor energía a existir“  y como   “la máquina más grande a ser construida por el ser humano en el mundo“   se produjo una gran alarma, por el miedo fundado a que los micro experimentos, que se anunció se harían en él, pudieran, en cualquier momento, escaparse de control y traducirse en algo catastrófico. Recuerdo perfectamente las oposiciones y las grandes marchas de protestas de ciudadanos de los cinco (5) países, por los que el mismo  atraviesa subterráneamente, para que no se construyese.

A ésas personas las movía el miedo, mejor dicho, el terror de saber que algunos de esos experimentos generarían temperaturas muy superiores (y por mucho) a las temperaturas del Sol; lo mismo que el terror de saber que el planeta podría desaparecer de repente si uno de esos experimentos, del proyecto de ustedes, se saliese de control.

Ese miedo, ese terror, no ha desaparecido de todas ésas personas lo mismo que de aquéllas otras llegadas a la adultez que han pasado a compartirlo, pese a que hasta ahora no se ha producido accidente alguno (que se sepa).

Pero ese miedo a que un eventual accidente desaparezca a todo el planeta en el que vivimos no es el miedo que a mí me mueve a escribirles a ustedes: a mí me mueven otros miedos, igualmente importantes por ser igualmente sombríos.

Ustedes están sentando las bases para poder alcanzar la tecnología de los viajes en el tiempo: para viajar en el tiempo hacia atrás, es decir, hacia el pasado; y para viajar en el tiempo hacia adelante, o sea, hacia el futuro.

No sé cómo podría lograrse tal cosa (el viajar en el tiempo) y, por ello, como es natural, está totalmente lejos de mí pretender hablarles a ustedes de cuestiones técnicas, de cuestiones científicas. Aunque sí me gustaría  -¿a quién no?- haber tenido el privilegio de poder dominar hasta el conocimiento menos importante de la escalera de conocimientos necesarios científicos y técnicos para poder llegar hasta ahí, pero esa no es mi área y, por tanto, tampoco es mi incumbencia intentar tener esos conocimientos que confieso sin la más mínima de las vergüenzas que adolezco de los mismos

El cómo se podrá lograr eso, pues, tampoco es el motivo de esta carta.

Sólo sé que todo lo que ustedes están haciendo irá, poco a poco, sentando las bases para el diseño futuro del motor para navegar en el espacio-tiempo, que en eso es en lo que parará el conjunto de las investigaciones de ustedes.

No sé qué tiempo podrá tomar llegar hasta ahí: hasta ese punto-destino final; probablemente ustedes tampoco lo sepan y quizás hasta un estimado de tiempo al respecto es probable, muy probable, casi totalmente probable, que ustedes tampoco lo tengan.

Pero ustedes están apasionadamente, muy apasionadamente, tras eso: esa es su meta final anhelada sin pensar en los peligros de semejante logro.

¿O acaso se pueden responder todos ustedes a sí mismos, a su consciencia, con sinceridad, que sí, que pensaron ustedes en todos los peligros eventuales que entraña su proyecto, desde el más mínimo hasta el mayor de todos? Lo dudo mucho, pues si hubieran pensado en las consecuencias de perseguir esa meta final estoy seguro de que hubieran desandado sus pasos y ustedes no estarían empeñados en lo que ustedes están empeñados.

El sólo hecho de viajar en el tiempo podrá ser usado como un arma o como un arma para usar otras armas. De ahí que los viajes en el tiempo no tendrían el mero carácter de romanticismo con que los mismos han sido idealizados a través de la literatura fantástica, pues quien se va a transportar en esos viajes es el hombre, es decir, un ser con ideas y prejuicios, y, ni hablar, con vicios y defectos.

…El hombre ha conocido el horror humano en diversas variables…

El hombre como horror viajero hacia su propio pasado: El horror atravesaría el tiempo:

El hombre es parte del horror, pues él también causa horror: sólo hay que darle una ojeada a la Historia de los humanos desde los primeros tiempos hasta la época actual. La Historia del ser humano es una historia esencialmente de horror: de esa historia de horror es de lo que es portador intrínseco el ser humano. Es decir, que si el hombre llega a viajar en el tiempo también el horror viajará a través del tiempo.

Por ello hay otra faceta que con propiedad podría ser bautizada como “el lado obscuro de los viajes en el tiempo“. Hay que recordar que hasta las virtudes pueden atraer consecuencias, sobre todo en una operación militar quirúrgica de un comando; por ejemplo: la bondad de uno de los integrantes del comando militar puede llevarlo a querer transportar a una persona civil herida para que reciba atención médica y eso puede dilatar el operativo y mermar las posibilidades de éxito de este (esto lo menciono sólo a título de ejemplo rápido que me viene a la mente con un fin ilustrativo).

Quien tenga el dominio de poder viajar en el tiempo hacia el pasado y hacia el futuro podrá alterar todo, absolutamente todo. Todo podrá ser suprimido y todo podrá ser reelaborado.

El tener el dominio de poder viajar en el tiempo hacia el pasado y hacia el futuro le permitirá a quien lo alcance la elaboración y la reelaboración del pasado; y cuando hablo de elaborar y reelaborar el pasado me refiero al de cualquier persona, al de cualquier sociedad, al de cualquier nación y al de cualquier planeta y todavía más allá.

El convertir el dominio del viaje en el tiempo al hombre en amo del círculo del viaje en el tiempo le permitirá a éste rehacer y reescribir: las relaciones de dominación; quién dominará: la vida, la realidad, el tiempo, la Historia; quién dominará: el planeta, los planetas, el sistema solar, los sistemas solares, la galaxia a la que pertenecemos, las galaxias a las que no pertenecemos, el Universo y los Universos.

Ese dominio del viaje en el tiempo le permitirá al hombre  llegar hasta las sombras más profundas y jamás registradas en el Universo y dará lugar a convertirse el hombre en la sombra más oscura del Universo.

Este asunto del dominio del viaje en el tiempo nos lleva forzosamente a todos `los tiempos posibles` que podría generar la tecnología de los viajes en el tiempo. Y en ese sentido lo que se abre es un horizonte indefinido.

Si esa tecnología de los viajes en el tiempo se logra, ella se reflejará entre los humanos buscando cada Nación-Estado establecer su predominio sobre otras naciones: viajarán representantes suyos al pasado a “recortar“ (es decir, a eliminar) las situaciones que variaron su rumbo de predominio o que podrían variar su rumbo de predominio: se actuará como actúa un cirujano para cortar y remover algo dentro del cuerpo humano. Eso lo hará cada Estado buscando borrar la parte del pasado que considere pertinente para modelar el futuro como lo considere conveniente. Y con gran o enorme  probabilidad el primer Estado que logre viajar en el tiempo velará por ser el único que tenga esa posibilidad para así lograr un monopolio que asegure su predominio o hegemonía, con todo lo que eso implica.

En la Historia humana está demostrado que aquel Estado que descarta hacerse de una arma poderosa que mantenga a rayas a sus enemigos teniendo la posibilidad de adquirirla puede ser tomado por dichos enemigos y hasta hecho desaparecer: es el claro ejemplo del caso de Constantinopla a cuyo Emperador Constantino XI el ingeniero húngaro Urbano le ofertó fabricarle y venderle unos cañones enormes para que los usara contra los turcos otomanos que asediaban dicha Roma de Oriente para defender a esta de dicho asedio, el citado emperador bizantino dijo que no los necesitaba porque con las murallas era suficiente para impedir los ataques de los turcos otomanos. El ingeniero en cuestión procedió entonces a hacerle la misma oferta a los asediadores de Constantinopla encabezados por Mehmed II y el resultado de éstos comprar dichos gigantescos cañones es conocido: la caída y toma de Constantinopla, logradas porque sus murallas fueron destruidas por los cañones gigantescos en cuestión. Así mismo está demostrado que incluso un Estado  o varios Estados tiende(n) a impedir que un Estado enemigo pueda hacerse de un arma que sea superior a la que tengan aquellos, verbigracia de ello lo es el bombardeo aéreo aliado que salió de Inglaterra que destruyó la presa de la Holanda ocupada en la que los nazis estaban procesando el agua pesada de la bomba atómica que estaban fabricando poniéndole punto final a ese proyecto de Hitler.

Un caso más o menos similar ocurrió muchos años después: los judíos impidieron que el Irak de Sadam Hussein tuviera un arma nuclear bombardeando la presa donde se represaba el agua pesada (la diferencia con el caso citado de la Segunda Guerra Mundial radica en que los judíos ya tenían su arma nuclear bastante años antes de ellos efectuar ese bombardeo en Irak); así mismo dichos israelíes buscan evitar que los iraníes tengan un arma nuclear.

En esa línea argumentativa debo exteriorizar lo que creo: los cinco (5) países de la Unión Europea (UE) (que es la que solventa al Gran Colisionador de Hadrones (LHC)), de mantenerse la correlación actual de fuerzas políticas, se exponen seriamente a un peligro parecido de bombardeo quirúrgico por los rusos si los servicios de inteligencia de éstos detectasen la llegada del momento cumbre consistente en determinar que se ha llegado al nivel de conocimientos indispensables y que se los está traduciendo a la realidad fabricando la primera nave viajera en el tiempo. Si eso ocurriese pueden tener ustedes la seguridad de que aunque no estemos en guerra con Rusia, esta atacará esas instalaciones lo mismo que aquellas donde se esté realizando esa fabricación, debido a que no puede darse el lujo de que semejante tecnología exista en su contra; y por más gritos que se peguen protestando contra semejante acto de agresión ruso no habrá guerra por temor a esta.

Es decir, que así como en materia de armamentismo nuclear se produjo una carrera entre diferentes potencias del planeta lo mismo ocurrirá en materia de viajes en el tiempo, pero, estoy seguro, esta vez quien llegue primero ahí tratará de asegurarse de impedir que otra nación también llegue ahí mismo.

En fin, puedo pronosticar que así como ha existido y existe una carrera armamentista nuclear (ahora medularmente en potencias menores) lo mismo ocurrirá respecto de impedir que otra potencia tenga acceso a la tecnología del viaje en el tiempo. Para ser lo más explícito posible: un ejemplo: ese alcance del dominio del  viaje en el tiempo les permitiría a potencias como Japón y Corea del Sur viajar en el tiempo para destruir el inicio del programa nuclear de Corea del Norte y, más luego, a destruir sistemáticamente toda posibilidad de que exista una Corea del Norte. No escribo esto porque me simpatice Corea del Norte: ¡Jamás! Pues realmente su régimen gubernamental no me simpatiza. Yo viví bajo una dictadura bastante parecida en la Alemania del Este o “República Democrática de Alemania“ y sé de primera mano la brutalidad contra los derechos humanos que caracteriza a ese tipo de régimen. Cito a Corea del Norte simplemente porque con ese caso traigo a colación un ejemplo neto de contención o problemas entre dos o más estados.

Prosigo: Cada uno de esos viajes al pasado para destruir una amenaza en ciernes en un momento específico del pasado implicará: elaboración y reelaboración del pasado; variaciones en la realidad actual; elaboración y reelaboración del presente; e igualmente implicará elaboración y reelaboración del futuro; todo de manera arbitraria; siempre movidas esas elaboración y reelaboración por un interés específico.

Cada nación podría alterar sus propios pasado, presente y futuro. Y todo podría ser reeditado según la nueva perspectiva o interés del nuevo reeditor; y habrían, en consecuencia, nuevas y diferentes elaboraciones y reelaboraciones que habría que ver como incidirían entre sí la una sobre la otra o las unas sobre las otras.

Todo eso es únicamente proyectado a las relaciones humanas, a las relaciones entre naciones diferentes del planeta Tierra, pues lo mismo ocurrirá en las relaciones humanas con civilizaciones alienígenas: se buscará impedir la amenaza de cualquier civilización alienígena viajando en el tiempo para llegar a una determinada civilización alienígena poco antes del momento de comenzar en esta la amenaza que en la Tierra se considere o aprecie.

El hombre como horror en el espacio exterior:

De seguro el horror tiene protagonistas diferentes al hombre  en el Universo y en el Multiverso.

De cara al espacio exterior el dominio del viaje en el tiempo  por el hombre sería el origen de la conversión del hombre de monstruo latente que es en la Tierra (aunque ya `con un pasado exterminador a cuestas` ) a monstruo que va a llevar y a plantar otro horror más al Universo y al Multiverso, es decir, sería el origen de la aparición del hombre como un nuevo horror en el Universo y posteriormente en el Multiverso.  Horror que conocería y enfrentaría otros horrores en su afán de dominación de otros mundos.

El nuevo horror que sería el hombre con el dominio del viaje en el espacio-tiempo va a destruir intencionadamente a todos los horrores con que se encuentre en el Universo, a todo cuanto le cause horror, demostrando así que el hombre también puede ser un horror cósmico, pasando de esa manera a ser el nuevo villano en la Historia del Horror Cósmico, pues pasará a ejecutar limpiezas cósmicas. Ya el hombre ha hecho limpiezas contra el propio hombre. ¿Quién asegura que esa misma historia de limpiezas no la proyectará en el espacio exterior?

Los alienígenas frente al horror humano:

Si per se los posibles aspectos físicos de alienígenas nos causarían horror, ¿ese mismo horror no se lo causaríamos los humanos a ellos? Y al inter actuar alienígenas con los seres humanos y conocer en carne viva la real naturaleza violenta y destructora del hombre, si alguna(s) de esas civilizaciones alienígenas con las que se encuentre el hombre tiene(n) dominio de la tecnología de viajar en el espacio-tiempo: ¿Esa(s)  civilización(es) alienígena(s) dominadora(s) del viaje en el tiempo no tendrá(n) la precaución de adelantarse a los humanos viajeros en el tiempo para neutralizar al hombre viajero en el espacio-tiempo? ¿No harán ellos con el ser humano lo que es previsible que el ser humano hará con ellos?

Del monopolio estatal del viaje en el tiempo a la comercialización del mismo:

Y en el hipotético caso de que después de un muy longevo monopolio del viaje en el tiempo por un Estado por fines de “interés nacional“ o por “razones de Estado“, se llegase al hipotético extremo punto opuesto de que se ofertasen a particulares, a cambio de pagos  en dineros, viajes en el tiempo surgiría el problema de la posible agenda oculta que pueda llevar a un particular, por ende con intereses particulares, a querer viajar al pasado, aspecto este independiente del peligro que supone cualquier actividad inocente que introduzca un cambio en el pasado (por más mínimo que este fuere), pues esa actividad inocente también se reflejará hacia el futuro con el o los consiguientes cambios. Quienes en un Estado dominen esos viajes al pasado tendrán que cuidarse hasta de las posibles agendas ocultas de los propios integrantes de los comandos que para operaciones oficiales utilicen a tales efectos, pues esos comandos al ser seres humanos con vicios y defectos también pueden tener intereses particulares.

Precauciones y cálculos para poder viajar al pasado humano:

De manera que quienes pretendan manejar viajes en el tiempo tendrán que hacer toda una serie de previsiones obligatorias y protocolizar estrictamente el cumplimiento de las mismas para evitar situaciones problemáticas.

Tendrán que hacer todos los tipos de cálculos y adoptar todos los tipos de precauciones y, en ese sentido, desplegar toda la sutileza posible para que el presente no se desplome como un castillo de naipe al más ligero soplido o al más leve movimiento produciendo variaciones profundas no deseadas del presente desde el cual se hizo el envío hacia el pasado, pues el presente tendrá intereses propios que quienes vivan en él no querrán que sean afectados.  Numerosas computadoras y súper computadoras tendrán que ser utilizadas para explorar la vida de las personas emparentadas y relacionadas con la persona con la que se va a inter-actuar en el pasado para proyectar lo más posible las ondas expansivas que hacia el presente podría causar esa inter-actuación.  Así, pues, los factores de riesgo deberán ser apreciados en la mayor extensión posible para que el paso por el pasado no tenga consecuencias negativas más allá del riesgo tolerable.

 

Que se pueda alterar el pasado ofrece  perspectivas infinitas. Me horroriza sobremanera el pensar en las consecuencias de que se pueda alterar el pasado.  El horror de pensar en eso me hiela la sangre, pues hasta ahora todo ha sido el producto de la aleatorización. …Estaríamos hablando del horror atravesando el tiempo… No sé si alguien más se ha detenido a analizar los impactos negativos que se pueden originar con la alteración del pasado, por eso mi propósito es tratar de llevar al ánimo de ustedes esos puntos obscuros que creo ver si algún día se logra esa meta final anhelada por ustedes de que el hombre pueda viajar en el tiempo.

Atte.,

Karl Heinz

Biólogo de la Universidad de Berlín

y aficionado a la Astronomía,

calle Rudolph von Kárajan No. 16, Apto. No. 101,

Condominio La Concordia,

Urbanización Goethe, Zona Este de Berlín,

República Federal de Alemania.“

Por Gregory Castellanos Ruano

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