Reflexiones sobre una conferencia dictada en la FUNGLODE

Por Víctor Manuel Peña lunes 5 de agosto, 2019

El lunes 29 de Julio tuve la oportunidad de asistir en la FUNGLODE a una conferencia dictada por el doctor José Luis García Guerrero, abogado constitucionalista, profesor de la universidad de Castilla la Mancha.

En realidad la conferencia versó sobre aspectos centrales de su libro Constitucionalizando la Globalización.

El abogado español comenzó su disertación señalando cómo la globalización ha provocado consecuencias negativas sobre la soberanía de los Estados, los principios democráticos, en fin, cómo la globalización afecta o golpea sistemática y permanentemente la constitucionalidad de los Estados, el orden constitucional y el derecho constitucional en sí.

Para señalar de manera concreta cómo la globalización golpea y reduce facultades y atributos constitucionales de los Estados y de la democracia, el autor se centró en ejemplificar su tesis viendo de manera concreta los proyectos de integración en el mundo y los tratados de libre comercio.

Yo, que soy un profesional de la Economía y profesor al mismo tiempo, debo subrayar que los proyectos de integración y los tratados de libre comercio no son únicos ni exclusivos de la globalización.

Verbigracia, el proyecto de integración en Europa comenzó en la década del 50 del siglo XX. El Pacto Andino y el sistema de integración centroamericano, que no cuajaron plenamente como procesos de integración, arrancaron décadas antes del inicio de la globalización a principios de los 80.

Claro, sobre todo, los tratados de libre comercio se han hecho más frecuentes en el contexto de la globalización.

Debo decir como economista que los tratados de libre comercio, como expresión del desarrollo dicotómico del capitalismo, plantea límites y obstáculos a la liberalización global del comercio mundial por el hecho de que un tratado de libre comercio es una especie de coto cerrado donde solo pueden participar los países miembros del tratado o del acuerdo de libre comercio.

Es cierto que los Estados ven reducidas sus facultades constitucionales cuando están participando en un proceso de integración en sus diferentes etapas: zona de libre comercio, unión aduanera, mercado común y unión monetaria.

El proyecto de integración que más lejos ha llegado es el de la Unión Europea, en el que ya se ha llegado a la unión monetaria: los Estados de la Unión Europea, menos Gran Bretaña, renunciaron a su soberanía en materia monetaria al adoptar la moneda común del euro.

El hecho cierto e innegable es que al renunciar a su soberanía en materia monetaria, los estados de la Unión Europea no solo dejaron de tener monedas nacionales o monedas propias sino que dejaron de tener bancos centrales y políticas monetarias. Y al ocurrir eso los Estados de la Unión perdieron los grados de libertad en materia de ejercicio soberano de la política monetaria.

Es esa una de las razones por las que fue tan terrible la crisis de la deuda soberana en Europa y por qué se prolongó por tan tiempo y sus consecuencias fueron tan dramáticas en términos de la disminución tan sensible del bienestar social, del desarrollo y del crecimiento económico.

Bien, pero si la globalización produce efectos tan fuertes sobre las facultades constitucionales de los Estados cómo es posible que el abogado constitucionalista español esté planteando la constitucionalización de la globalización, cuando debería estar planteando todo lo contrario: la guerra o lucha contra la globalización.

Creo que ciertamente lo que procede es declararle a la guerra a la globalización desde diferentes ámbitos y perspectivas.

El autor español del libro Constitucionalizando la Globalización habla de que hay en el mundo un gobierno mundial representado por el G-20.  Esa es otra tesis que debe ser analizada porque no resiste el fuego de la verificación empírica de que nos habla el neopositivismo, el positivismo lógico o el empirismo lógico, es decir, de que nos habla la filosofía de la ciencia o la epistemología.

En la actualidad no hay un Estado mundial y tampoco hay la perspectiva de que en el devenir histórico de la humanidad pueda aparecer o ser creado un Estado mundial.

Si no hay estado mundial, y no lo hay ni hay la perspectiva de que pueda ser creado, entonces en buena lógica no puede hablarse de que hay hoy en el globo terráqueo un gobierno mundial.

Y como no hay un Estado mundial ni un gobierno mundial ni un pueblo mundial es imposible el asunto de la constitucionalización de la globalización por el hecho de que se constitucionaliza a los estados y a los gobiernos. En efecto, toda Constitución cumple la función de organización del estado, del gobierno y del poder, pero también cumple la función de legitimación del poder –estado y gobierno- y la función fundante del poder –renovación y constitución de los poderes públicos-. El poder constituyente descansa en la soberanía popular y los poderes constituidos se constituyen a partir del poder constituyente, que es el que pare la Constitución de un Estado y en la cual está totalmente expresada la voluntad del poder constituyente, es decir, la voluntad del pueblo.

Son los pueblos los que engendran constituciones, por lo que las constituciones son actos de creación jurídica de pura raigambre popular.  De ahí que no son los estados ni los gobiernos los que hacen, engendran o paren las constituciones, antes al contrario, ellos tienen que someterse a la voluntad del pueblo expresada en esas constituciones.

Pero en el G-20 las potencias del mundo están confrontadas y enfrentadas en razón de que cada potencia tiene una geopolítica y una geoestrategia en función de los intereses nacionales e imperiales de cada nación y de cada Estado.

Nunca en el contexto de la globalización las potencias que hay en el mundo contemporáneo habían estado tan medular y visceralmente enfrentadas como ocurre hoy día, enfrentadas en una guerra comercial interminable como si estuviésemos retornando a los peores momentos de vigencia del proteccionismo en el mundo, pero también enfrentadas en una guerra por el dominio político del mundo que pasa por el dominio de la tecnología.

Y esas guerras interminables han sido desatadas por Donald Trump, temerario e irracional presidente de Estados Unidos, que incluso ha enfrentando a las potencias aliadas de  Europa.

Así un proyecto de seguridad regional y continental como la OTAN, que siempre fue apoyado por Estados Unidos, ha sido seriamente debilitado por la política exterior aplicada en la administración de Trump.

No tiene validez universal la tesis de que el G-20 per se da cuenta de que hay un gobierno mundial porque supuestamente ahí se toman las decisiones económicas y políticas para la dirección del mundo.

Cuando lo real es que cada potencia toma sus decisiones económicas y políticas en función de los intereses nacionales y de los fines geopolíticos y geoestratégicos para el dominio mundial.

Veamos ahora el concepto de globalización. La globalización emerge como etapa o coyuntura en la vida de las sociedades capitalistas o liberales cuando el modelo de economía de mercado (o economía capitalista) se universaliza y se convierte en hegemónico o dominante en el mundo.

Al agotarse el tránsito del capitalismo como sistema nacional a sistema internacional o mundial queda también garantizado a nivel internacional el interés de que disfrutaban las empresas a nivel nacional.

O sea que no es la inversa, es decir, la globalización no se da cuando se garantiza a nivel internacional el interés de las empresas ya garantizado a nivel nacional, porque para que esto se dé tiene que antecederle o precederle el proceso de universalización de la economía de mercado o de la economía capitalista.

Otra cosa, lo que hubo en la segunda mitad del siglo XIX fue un proceso de internacionalización de la economía capitalista con la exportación de capitales de las grandes empresas, ni siquiera debe hablarse de mundialización, mucho menos de globalización.

En la base de la globalización está el desarrollo de la tercera revolución tecnológica de la información y del conocimiento.  Y ya estamos bajo los efectos permanentes de la cuarta revolución tecnología representada por la robótica, la inteligencia artificial, la biotecnología, la nanotecnología, cadena de bloques, etc.

Tengo que referirme a otro aspecto relacionado con el sistema monetario internacional. El patrón oro fue el patrón que rigió las relaciones monetarias internacionales desde el siglo XIX hasta los acuerdos de Bretton Woods en 1944.

Una de las grandes limitantes del patrón monetario dólar-oro es que requería para su funcionamiento de una producción inagotable de oro en los países capitalistas o en el mundo.

En los acuerdos de Bretton Woods se expresó la nueva hegemonía o supremacía mundial representado por Estados Unidos, país este que al término de la segunda guerra mundial pasó a sustituir a Inglaterra como centro hegemónico mundial.

El patrón monetario que se adoptó fue el patrón dólar-oro o patrón cambio-oro como también se le llamaba. El patrón monetario dólar-oro estuvo vigente hasta 1971, año en que Richard Nixon declaró la inconvertibilidad del dólar en oro.

No obstante la desaparición del patrón monetario dólar-oro, el dólar sigue siendo la principal moneda o divisa de la economía mundial y del comercial mundial.

Finalmente, nos permitimos felicitar a la FUNGLODE, en la persona de su presidente el doctor Leonel Fernández, por sus trascendentes e invaluables aportes y contribuciones en el desarrollo y profundización del debate de las ideas en las diferentes áreas del saber en nuestro país, incorporándonos al mismo tiempo en el debate de las ideas a nivel internacional y mundial.

 

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