Reflexión de cierre de año

Por Manuel Hernández Villeta martes 24 de diciembre, 2019

La indiferencia es ser parte de los problemas. El volver  la cara, es el principio de todos los males. El que se tapa los ojos ante las injusticias sociales, es tan culpable, como el que da el golpe. La mayoría silente logra su tranquilidad, en medio del dolor colectivo.

La temporada final del año es buena para la reflexión. El momento en que cada cual debe consultar a su conciencia. Los cambios primero se toman en forma individual, y luego llega lo colectivo. Nadie puede tener fervor de lucha por los otros, si primero no se hace la revisión.

Es la etapa de la auto-critica. La más difícil de todas. Nadie quiere decirse a si  mismo que se ata las manos y se obnubila el pensamiento, para no tener problemas. Usted se refugia en su coraza, mientras que el mal entra y lo destruye todo.

En este silgo 21 se está viviendo la etapa del individualismo. Los problemas sociales no pueden avanzar, cuando nadie piensa en soluciones colectivas. Las desigualdades son de todos, aunque usted piense que está por encima del bien y del mal.

Después de la muerte de Trujillo el país salió gritando libertad, navidad con libertad, pero fue un gesto alegre de las masas que nunca se convirtió en realidad. Poco después llegaba el golpe de Estado a Juan Bosch, y al doblar de la esquina la revolución de abril del 1965 y la intervención militar norteamericana.

Hoy son tiempos distintos. El país ha cambiado. Su gente tiene nueva visión del mundo. Sin embargo, la mala distribución de las riquezas y las desigualdades se mantienen. Las ideologías no pudieron hacer cambios, y los hombres del sistema reformas, pero todo sigue igual.

Con el nuevo año, se necesita un nuevo hombre, una nueva mujer. Ello no va llegar. Solo cae un día del almanaque y entra otro. Después de los fuegos artificiales, cada cual a su pena. Fiestas navideñas de dolores y de tristeza.

Los dos se combinan. Alegría que trae la tradición, y dolores por una existencia menguada. Sin ni siquiera con la capacidad de producir la cena de una noche, y los fuegos artificiales de una madrugada. Atrapados en la exclusión social, la mayoría languidece.

Pero hay que luchar por cambios sociales, económicos y políticos. Las coyunturas dictarán los caminos. El hombre es producto de sus circunstancias. Estamos a la vuelta de un torneo electoral, donde se vota por los candidatos que más prometen, y los que más dan.

Habrá el 16 de agosto cambio de hombres y mujeres, pero no de sistema, ni de rompimiento con esquemas que acogotan a los dominicanos. Pero debe ser el momento en que cada cual consultando a su conciencia, vote por el que piense  fortalecerá la democracia, las instituciones y abrirá las puertas al futuro dominicano. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

Anuncios

Comenta