Reflexión acerca de una preocupación de Joseph Stiglitz

Por Víctor Manuel Peña lunes 20 de julio, 2020

Joseph E. Stiglitz, premio Nóbel de Economía, es uno de los grandes economistas del siglo XXI.

Stiglitz, economista estadounidense de orientación keynesiana, ha escrito y publicado numerosos títulos en los que evidencia su robusta formación como economista.

Actualmente es catedrático universitario, exfuncionario del más alto nivel en el Consejo de Asesores Económicos de Bill Clinton y exvicepresidente senior del Banco Mundial.

Entre sus libros cabe mencionar: Economía del sector público, El malestar en la globalización, Caída libre (El libre mercado y el hundimiento de la economía mundial), Los felices 90 (La semilla de la destrucción), El precio de la desigualdad, El euro (Cómo la moneda común amenaza el futuro de Europa), La creación de una sociedad del aprendizaje (Un nuevo enfoque hacia el crecimiento, el desarrollo y el progreso social), Capitalismo progresista (La respuesta a la era del malestar), Microeconomía, etc.

Se dan cita en Stiglitz una sólida formación teórica con una amplia formación práctica en macroeconomía, microeconomía, economía pública, economía internacional y economía monetaria y financiera.

Ha sido muy fecunda su labor como investigador en el campo de la Economía.

En los últimos años ha estado dedicando especial atención al problema de la desigualdad en el capitalismo o en las sociedades modernas.

Recientemente el premio Nóbel de Economía ha planteado que el producto interno bruto –PIB- no es un indicador adecuado porque no mide ni expresa el problema de la desigualdad que se da en la economía.

Entiendo la preocupación de Stiglitz, sin embargo, el PIB -por su propia estructura, naturaleza y conceptualización-, no puede medir el problema de la desigualdad en la economía.

El producto interno bruto nominal –PIB nominal- mide el valor monetario de los bienes y servicios que se han producido en la economía en un período de tiempo determinado, es decir, el valor monetario de las riquezas creadas en la economía en un lapso determinado de tiempo. En otras palabras, es el cálculo de la producción territorial a los precios de mercado.

El producto interno bruto real mide las riquezas que realmente se han creado en un determinado período de tiempo. Es el cálculo de la producción territorial a precios constantes o a los precios de un año considerado año base. En otras palabras, la producción territorial efectiva o corriente se deflacta a los precios del año asumido como año en los cálculos de las cuentas nacionales.

Mientras el PIB nominal está expresado a precios de mercado y, por consiguiente, está considerado el efecto de la inflación, el PIB real está expresado a precios constantes, lo que significa que en él está eliminado el efecto de la inflación.

El producto interno bruto nos permite dar con el valor agregado creado en cada sector de la economía en particular y del sistema económico en su conjunto.

El PIB no puede medir la desigualdad porque este indicador macroeconómico solo mide la producción de bienes y servicios en los diferente sectores de la economía.

No hay manera de que con el PIB podamos medir la desigualdad en la economía, aparte de que la desigualdad se da abiertamente es en la esfera o fase de distribución de las riquezas, que es donde entra el fenómeno de la distribución del ingreso.

Claro, la desigualdad está contenida implícitamente en la esfera de la producción por el hecho de la desigualdad que está planteada de entrada entre el capital y el trabajo.

Pero es en la esfera de la distribución de las riquezas donde se expresa abiertamente el fenómeno de la desigualdad distributiva.

El proceso económico en cualquier sociedad tiene cuatro fases: Producción, distribución, circulación y consumo

El producto interno bruto solo está referido a la primera fase, la producción, por consiguiente, el PIB como indicador macroeconómico no está en capacidad ni de medir ni de expresar lo que pasa en las fases de distribución, de circulación y de consumo.

La Economía sí emplea técnicas estadísticas o econométricas para medir la desigualdad: El coeficiente o índice de Gini y la Curva de Lorenz

Esta técnica sí mide la desigualdad a nivel de la distribución del ingreso.

El PIB tampoco puede ser usado para medir el bienestar, es decir, el producto per cápita y el ingreso per cápita tampoco son una medida estadística del bienestar.

En la configuración del bienestar intervienen factores no solo de carácter económico sino de orden social y de orden político-institucional.

Así hay que considerar el papel de la educación, de la salud, de la seguridad social, del orden público, de la seguridad pública y ciudadana, de la seguridad jurídica, de los servicios de comunicaciones, etc., etc.

 

Ni siquiera el óptimo paretiano es fácil de lograr en el estricto campo de la Economía y del sistema económico.

Si de difícil medición es el bienestar, es de casi imposible medición el asunto de la felicidad.

Y es de casi imposible medición porque la felicidad es de por sí una situación en la que intervienen demasiados factores subjetivos que están colocados en la psique o psiquis de cada individuo.

Son demasiados los factores de orden inmaterial y de orden material que intervienen en la construcción de la felicidad de un individuo.

Además, la felicidad es un fenómeno muy episódico o súbito que puede ocurrir en la vida de un individuo. Así, la felicidad permanente, total o perfecta no existe.

Esos elementos de la subjetividad no son medibles o cuantificables, siendo la felicidad, por consiguiente, un sentimiento o una emoción de carácter muy transitorio.

La felicidad como tal no se reduce a la posesión de riquezas o de fortunas.

Los neoclásicos, en una concepción  del valor contrapuesta a la teoría del valor de Marx, usaron la utilidad como concepto clave para construir la curva de demanda con pendiente negativa debido a la asunción de la hipótesis de la utilidad marginal decreciente.

El constructor de la curva de demanda en base al concepto de utilidad marginal decreciente fue Alfred Marshall.

El goce, disfrute o satisfacción – la llamada utilidad- que se experimenta al consumir un bien tiene componentes subjetivos.

La utilidad marginal decreciente, no el valor de un bien o producto, está en la base de la construcción de la curva de demanda a nivel microeconómico.

En el tránsito de la microeconomía a la macroeconomía aparece la demanda agregada de bienes y servicios, y la construcción de la curva de demanda agregada sigue teniendo pendiente negativa, aún cuando la demanda de bienes de inversión o de capital no está en función de la utilidad marginal sino de las expectativas de  productividad y de beneficios.

Pero, claro, la productividad marginal no está en función solo del equipo de capital, depende, sobre todo, del trabajo humano aplicado a dicho equipo o bien de capital.

La razón está en que la escuela neoclásica utiliza también el concepto de productividad marginal creciente-decreciente en la medida en que aumenta la dotación de capital o de rendimientos crecientes-decrecientes en la medida en que se incorporan más trabajadores o unidades de trabajo al equipo de capital.

El componente de la demanda de bienes de consumo de la demanda agregada siempre estará en función de la utilidad marginal decreciente. La demanda agregada de bienes de consumo sigue tratándose igual como si fuera demanda individual de bienes de consumo.

La utilidad, aunque tiene componentes subjetivos, es más fácil de medir que la felicidad.

Con relación a la medición de los hechos o fenómenos económicos hay que observar lo siguiente: Mientras la matemática es una ciencia deductiva en su condición de ciencia formal, la Economía es una ciencia fundamentalmente inductiva en su condición de ciencia social.

La Economía como ciencia social e inductiva está abierta al uso y empleo de los métodos de la matemática, pero eso no significa, en modo alguno, que todos los hechos y fenómenos de la economía son matematizables.

La verdad del conocimiento científico no está en función, de acuerdo a los fundamentos de la Epistemología moderna, de que el conocimiento sea matematizable o no, sino de su verificabilidad en la realidad.

Autor: Dr. Víctor Manuel Peña

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