Reducción legislativa

Por Marino Berigüete

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A principios de la semana, escuché a un legislador dominicano decir que a Santo Domingo Oeste había que llevarla a provincia para poder ponerle un senador de la República. En su pedimento ante la prensa, el legislador no explicaba cuáles serían los beneficios para la población, sino que proponía llevar esa población a tener una carga más.

Mientras en este país de palmeras y merengue se pedía, como si fuera el dinero fiesta, ampliar el Congreso para tener más privilegios, más choferes, más diputados, más barrilotes de dinero para gastos, en la ciudad eterna de Italia se organizaba un referéndum con el único fin de disminuir 345 legisladores y economizarse mil millones de euros.

La verdad es que los políticos del país no han entendido que el pueblo se ha ido cansando de escuchar y ver los privilegios que obtienen para muchos de ellos solo ir a levantar las manos.

Ser legislador hoy en día es recibir una mirada de cuestionamiento, producto de los últimos acontecimientos acaecidos en ese importante órgano de poder del Estado. ¿Hasta dónde será verdad que la narcopolítica ha penetrado en esa sala legislativa?

Es la pregunta que ha quedado en el ambiente, después que han pedido uno de ellos en extradición y otros se rumoran que están pendientes de ir a dar cuenta en los Estados Unidos por ser parte de una red de narcotraficantes y de lavado de activos.

Pero no obstante ha ocurrido este cuestionamiento contra ese órgano regulador de las leyes del país, ambos presidentes de ambas cámaras han permanecido en un silencio de cementerio. Les mantienen sus mismos privilegios y nadie ha realizado una solicitud de sustituirlos en la cámara.

Produce vergüenza para el país que se estén juzgando legisladores activos fuera del territorio nacional.

Los Partidos Políticos tienen necesariamente que revisar su nómina de militantes, cosa esta que nunca ha sido difícil. Somos una nación pequeña, donde en cada provincia los ciudadanos se conocen unos a otros y saben de donde provienen las riquezas excesivas que a veces muestran y les enrostran a los jóvenes de cada uno de esos lugares.

No hay que ser del FBI, ni de la DEA, para que los presidentes de los partidos políticos locales sepan de donde provienen esos recursos cuantiosos que exhiben en las campañas electorales los aspirantes a diputados o senadores, pero al parecer a los partidos hasta ahora les ha sido mas fácil voltear el rostro hacia el otro lado y no preguntar de dónde proviene tanto dinero.

Tener un Congreso con tantos legisladores se ha convertido en un peligro público, pues las curules se están buscando como una forma de tener inmunidad parlamentaria y un libre juego en las fichas del poder para seguir violando la ley frente a los ojos de la población, sin que nadie cuestione la majestad de sus aviones, carros de lujo, helicópteros y yates.

La sociedad ha estado en estos días cuestionado a la policía nacional. ¿Pero cuál es el ejemplo que ven los policías de a pies? Que quienes los dirigen están en el mismo barco que algunos de ellos.

Los Partidos Políticos se concibieron para ser conductores de la sociedad, para pensar y hacer políticas públicas que mejoren el futuro de la población. En cambio, convertir las cámaras legislativas en un traje para encubrir a los que cometen delitos es convertir un espacio tan solemne en un lugar aborrecible y oscuro.

Si los legisladores que están ahí dentro no inician un vuelo para mejorar su imagen, y en vez de estar pensando en ampliarlo, comienzan a sacar de su cuerpo todo ese pus que camina con ellos en sus pasillos, en sus fiestas, en sus legislaturas, la República Dominicana podría entrar en un camino donde la democracia empezaría a debilitarse.

El sueño del cualquier cartel de droga es dominar un Estado, y empiezan comprando presidentes, teniendo varios asientos en el senado y en la cámara de diputados, y dominando por completo con sus alcaldes y regidores, jefes de políticas y gobernadores.

Cuando los poderes caen en manos de la narcopolítica, la sociedad empieza a destruirse y los valores sociales se van de vacaciones, y las calles dejan de ser de la gente para ser calles del narcotráfico y del crimen organizado.

No es más legisladores que necesitamos, es limpiar los poderes del Estados, es prevenir los órganos judiciales, es cerrarle las puertas de los partidos políticos a ese tipo de personas que están dentro y están haciendo vida pública sin que nadie los esté enfrentando.

Es que han llegado tan lejos que están dentro del empresariado, dentro del sistema productivo. No viven en los barrios marginados, viven en los sectores más exclusivos del país. Sus hijos andan con los tuyos en las escuelas, en las universidades, andan en sus carros con sus choferes, van a los bares juntos, y no hay nadie que cuestione sus riquezas. Pero esto no es un mal de un solo gobierno, no; es un mal que viene corriendo hace tiempo y nadie se ha preguntado cómo vamos a parar esto.

No es con más legisladores, no, lo que necesitamos, es convertir esa labor del legislador en una labor digna, con servidores públicos que no tengan el privilegio de la inmunidad, que los servicios de investigaciones sean incorruptibles al dinero fácil.

Culpables somos todos de lo que está sucediendo, por callar o por mirar hacia el costado, o por tener narcos favoritos. La sociedad dominicana necesita resetearse o vamos en camino a vivir momentos difíciles.

La sociedad tendrá que pensar si quiere un país en paz o en sobresalto y para eso tendrán que unirse todos los sectores y empezar a construir una sociedad nueva, pero eso solo es posible desde las escuelas; fuera de ese espacio es perder el tiempo.

No es aumentos salariales a los policías, no es encarcelar a los diputados, es construir una sociedad con otros valores y con otros parámetros de vida para ascender socialmente.

Ojalá que los movimientos que tomaron las calles en el proceso electoral pasado, tomen las calles para imitar a Italia, y empecemos hacer el primer referéndum para reducir la lista legislativa en el congreso.

Por Marino Berigüete

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