Recuerdos de abril

Por Manuel Hernández Villeta

Abril es un momento para la reflexión. Hechos trascendentales ocurrieron en  el cuarto mes del año, en fechas diferentes del siglo 20. Esta la revolución de abril del 1965 y la poblada del año 1984.

Todavía las causas que originaron la revolución armada del 65 y la explosión popular del 84 están presentes. No puede haber olvido y una nueva página, por la sencilla razón de que no fueron cerrados los procesos, sino que se dejaron a medias.

El Golpe de Estado del 1963 al gobierno  del profesor Juan Bosch sentaron las bases de la ingobernabilidad y la conspiración para un retorna a la constitucionalidad sin elecciones. La planificación original estaba más cercana a un contragolpe militar, que a una revuelta con el pueblo en armas.

Pero el intento del gobierno de facto de apresar a los cabecillas de la conspiración, llevó a estos a pedir auxilio al pueblo, a través de Tribuna Democrática, con José Francisco Peña Gómez dando la voz de alarma, con la respuesta  del pueblo en las calles.

Pero la intervención militar norteamericana evitó que el pueblo retornara a la etapa constitucional, y por el contrario se impusieron los colaterales de los doce años del doctor Joaquín Balaguer. Si bien la revolución no triunfo, sentó las bases de que no es posible violar las normas constitucionales, arrebatando las libertades generales a las grandes mayorías.

Para que florezca la democracia tiene que haber una constitución que no sea zarandeada y violada al simple capricho de gobernantes de turno.  Se dan pasos hacia la dictadura  y las violaciones  de la voluntad popular,  cuando se viola impunemente, o se considera a la Carta Magna  como un simple pedazo de papel.

En la poblado de abril del 1984, la situación fue distinta. Los principales organismos internacionales forzaron al país a realizar reajustes económicos, lo que conllevó a un proceso inflacionario,  con el  aumento de  los precios de todos los artículos de primera necesidad, así como de los servicios.

El gobierno de Salvador Jorge Blanco quiso tomar al pueblo por sorpresa, y aprovechar el feriado de la Semana Santa para hacer reajustes de precios, pero el lunes 23 de abril el pueblo se lanzó a las calles en una manifestación desorganizada, que  recibió la respuesta de  tirar  los guardias a las calles.

En tres días de sangre y fuego, el fragor de las masas callejeras fue ahogado en sangre. Aún hoy se desconoce el número de personas que murieron en la cruenta acción del sector militar. Una protesta necesaria y un sacrificio en vano. Los precios de los comestibles se mantienen altos hasta el día de hoy,  y los organismos internacionales siempre presionan por eliminar subsidios.

Si bien los segmentos de la sociedad están divididos en sus capas de producción, riqueza y desamparo, se tiene que armonizar pensando en satisfacer los intereses mayoritarios. Cuando se cierra el camino de la cordura, se da pie a las respuestas violentas. En la sociedad moderna es necesario que se abra una línea de concertación y diálogo. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

 

Por Manuel Hernández Villeta

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