Recordemos la historia

Por Manuel Hernández Villeta jueves 31 de octubre, 2019
La historia dominicana ha estado jalonada por las dictaduras férreas, los hombres puño de hierro y el cercenamiento de las libertades. Pero siempre dijo  presente, en esos momentos tenebrosos del uso del poder desbordado, la capacidad de lucha sin  cuartel por el mantenimiento de la libertad.

Si se estudia la historia dominicana  libre de apasionamientos, en base a realidades, se verá que en muy pocas ocasiones hemos sido un pueblo libre e independiente, con gobiernos respetuosos de los derechos humanos y de la vida.

Detrás y después  de cada uno de los hechos históricos que han dado valor institucional, republicano y democrático a nuestro país, se levanta la mano de hierro y nos arropa el viento negro del terror.

La independencia nacional fue proclamada de  Haití en el  1844, y a fuego y sangre se fundó la República Dominicana, pero a los pocos meses del grito del baluarte de El Conde los independentistas estaban deportados, encarcelados o fusilados.

El hatero Pedro Santana pisó con sus sandalias sucias de estiércol la bandera nacional, y sobre la sangre de los patriotas promulgó la primera Constitución. No fue la Carta Magna de la independencia, sino el texto favorito del grupo que luego sería anexionista.

La que se llama la segunda independencia, la Restauración, logró sacar a los españoles, pero naufragó en medio de luchas intestinas, fusilamientos de patriotas, traiciones y dio paso a la férrea dictadura de Lilis. Ni la espada de la Restauración, Gregorio Luperón, pudo evitar que la dictadura  golpeara a la incipiente democracia.

Luego del golpe de Estado a Juan Bosch, se produjo el movimiento cívico-militar que fue la revolución constitucionalista, y la reacción de los Estados Unidos, disponiendo una intervención militar. De la sangre de patriotas de Abril, surge  la noche negra de los doce años  de Joaquín Balaguer.

Para no caer en  faltas   históricas, solo hay que ver el devenir del siglo 20: en los primeros 30 años se impusieron   los gobiernos regionales y los generales  de charretera de hoja de lata y uniformes de tela de macario. Trujillo y Balaguer se llevaron más de 50 años en el Palacio Nacional, y ocurrieron dos intervenciones militares norteamericanas.

Para ver lo que trae el futuro dominicano hay que mirar al frente y seguir luchando por la institucionalidad y la democracia.  Sin embargo, es de rigor y obligatorio estudiar el pasado, para  no cometer los mismo errores.

De mis viejos libros  de Carlos Marx recuerdo un párrafo del “18 Brumario de Luis Bonaparte”: “La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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