“Rebelión en la Granja del PLD”

Por Manuel Cruz sábado 12 de enero, 2019

Todos los Peledeistas que no han leído la brillante sátira política, escrita en 1945 por el gran escritor británico George Orwell titulada: Rebelión en la Granja; jamás podrán entender la situación interna ni el futuro de ese partido, sin importar; si fueron discípulos de Bosch, circulistas o si tienen 45 años de militancia. Esa magistral fábula mordaz escrita en la génesis de la guerra fría, describió en forma descarnada y pintoresca el avieso régimen de Iósif Stalyn y probó; el famoso principio Hobbesiano de que, “cuando dos hombres desean la misma cosa que no pueden gozar juntos, se convierten en enemigos”.

Balaguer el Señor Jones, Bosch el Viejo Mayor.

Dentro de esas paradojas e incongruencias que tiene el realismo político, esa rebelión ideológica y transformacional que se promovió desde 1973 en contra de las artimañas, nepotismo y el maquiavelismo del señor Jones (Balaguer); han terminado siendo una radiografía y el pan nuestro de cada día en la granja Solariega (PLD). Con eso, se pone de manifiesto en forma inequívoca aquel aforismo de la filósofa política alemana Hannah Arendt de que, hasta “El revolucionario más radical se convertirá en un conservador el día después de la revolución”.

En efecto, hoy nadie puede negar que el desarrollo y esplendor de esa granja se ha multiplicado. Sin embargo, el viejo mayor (Juan Bosch) llora desde su tumba porque jamás imaginó que sus discípulos se aferrarían al poder y, lo practicarían con la misma vehemencia, antagonismo y beligerancia que el depuesto señor Jones. Con el agravante, de que igual que en la obra del gran Orwell; las ovejas y las gallinas (Bases del PLD) dentro de su desgracia, ignorancia y masoquismo solo se conforman con decir, “Cuatro patas sí, dos pies no”.

Napoleón y Snowball.  

El viejo mayor que era un avezado idealista, les explicó a los demás animales de la granja su sueño de erigir un gobierno controlado por ellos. Dentro de ese conglomerado, los dos cerdos más atiborrados se alzaron con el liderazgo de toda la granja; Napoleón y Snowball (Leonel y Danilo). Y, Juntos como hermanos operacionalizaron el sueño del viejo mayor. En virtud de ello, la granja desarrolló tanta prosperidad que hasta los señores Frederick y Pilkington (Bloque Progresista) buscaron alianzas con ellos. Empero, esa hermandad terminó desde el mismo momento en que se consolidó todo ese poder.

Desde esa perspectiva, hoy que han comenzado los tambores de guerra a repicar en el PLD; cuyos únicos culpables por omisión, complicidad y falta de liderazgo son los cerdos Squealer (Comité Político), fruto de que han intercambiado la estabilidad y el desarrollo de la granja (PLD) por los beneficios personales. Por lo tanto, con una simple retrospectiva de la historia concluiríamos; en que solo se espera a que Napoleón expulse a Snowball de la granja. Toda vez que, el escritor y psicólogo estadounidense Robert Greene nos enseñó en su ley No. 42, que “Muerto el perro, se acabó la rabia”.

Los Perros y el Burro Benjamín.  

El imperecedero Thomas Jefferson, sentenció con una acrisolada y meridiana singularidad, que “no hay un rey que, teniendo fuerza suficiente no esté siempre dispuesto a convertirse en absoluto”. Máxime, cuando siempre existen individuos que como el burro Benjamín (Sociedad Civil); están dispuestos a servir y servirse de ese poder. Asimismo, al igual que en la sátira los perros (Amigos y Empresarios) se han constituido en jefes junto a Napoleón y, por consiguiente, son vistos como portadores y promotores de la discordia en el seno de la granja.

En conclusión, dentro de esa dantesca cacofonía en la que la guerra fratricida y mal encausada por el poder de la granja; solo proyecta una indefectible división, a las ovejas y las gallinas (Bases del PLD) solo les queda rogar porque aparezca un cerdo Bola de Nieve (Tercera Opción), que pueda armonizar entre los sectores de Napoleón y Snowball en aras de mantener el gobierno de la granja. En su defecto, sería hacerle honor aquel famoso axioma de que, “hicieron como Chacumbele que afiló cuchillo para su propio pescuezo”.

Autor: Lic. Manuel Cruz (M.Sc.)

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