Rápida atención requiere esa problemática: violencia escolar en Dominicana

Por Rolando Fernández martes 7 de mayo, 2019

Todavía no es nada; vendrán tiempo y actitudes peores por parte de estos muchachos con perfiles animalescos, y consentidos por tutores, como las seudo autoridades educativas del país, negligentes, y “titereadas” por organismos extranjeros que injerencian en nuestro modus vivendi, patrones educativos propios, y costumbres de antaño establecidas.

Supuesto ejercicio, el de aquellos mandantes educativos locales, porque es lo que menos se evidencia a nivel de las personas que tienen a su cargo el ministerio de Educación nacional – autoridad -; los centros docentes que existen; y, hasta del mismo profesorado que ejerce, cada vez menos respetado, y con las manos atadas, para que no se actúe en consecuencia. Cuando suelen hacerlo, algunos de los miembros del cuerpo docente, se les amonesta, hasta por escrito. ¡Se le quita toda autoridad al maestro!

Hay que dejar a todos esos “vándalos”, hembras y varones, que asisten a las escuelas públicas nuestras, hacer cuánto les venga en gana; vistan y se peinen como ellos quieran, al margen de las normativas o reglamentaciones establecida en los centros.

Además, que observen comportamientos impropios en las mismas narices de los profesores y autoridades internas. Nada se les puede decir; y mucho menos, llamarles en firme la atención. Se violan sus derechos, según se alega, considerados a lo moderno, claro está, lo cual puede estar sujeto a una fuerte penalización oficial.

Cuánta falta hace retornar a la crianza familiar pasada, y los patrones hogareños efectivos de otrora, con los “galletones”, pelas y demás castigos con que procuraban los progenitores antes formar adecuadamente a sus vástagos, previo a integrarlos a la sociedad; dejándose de lado hoy, por supuesto, los paradigmas psicológicos modernos, esnobistas a todo dar, que muchos efectos dañinos vienen provocando en este país, aunque no se quieran reconocer.

Como es obvio suponer, incluían aquellos formatos caseros de crianza la inducción del respeto debido hacia los mayores, con principalía, el dirigido a los que estaban encargados de la educación y preparación escolar diaria, que fungían, y eran catalogados como segundos padres. Ahora solo se les ve como basuras; y, la frase favorita es: “Este está pasao”.

Esa detallada exposición que sobre tan deleznable escenario particular hace el profesor Kelvin Mejía, de la tanda extendida del liceo Sabana Japón, en Sabana Perdida, y que aparece publicada en el periódico “Listín Diario”, del 29-4-19, página 7, bajo el título “Profesor denuncia que docentes han perdido autoridad en escuelas”, debe llamar poderosamente la atención a las autoridades competentes, a los fines de adoptar las fuertes medidas correctivas que ya se requieren. ¡El tiempo para esperar parece concluido!

Según señalara el docente, entre otras cosas, dignas de ser destacadas aquí para mayor difusión, “una de las causas que incide en este problema es que los maestros y las direcciones de las escuelas han perdido la autoridad en el aula que, según explica, le ha sido arrebatada porque “se ha puesto énfasis en el estudiante y se les ha cruzado las manos a los maestros”. Hay que imaginarse entonces lo que pasa allí, cabría agregar.

Además, preciso es adicionar que, de acuerdo con la publicación citada, bajo la firma de Santa Marte, “La violencia que experimentan algunos estudiantes de escuelas públicas constituye un asunto que ha alcanzado niveles de preocupación, no solo de los padres, sino también de los maestros, quienes ahora advierten de que ya el problema se está saliendo de las manos”. ¿Habrá que esperar que se salga por completo, para entonces proceder a enmendar?

Otra cosa que señalara el profesor Mejía, importante de ponderar es que, “Generalmente, eso se da porque actualmente el Ministerio de Educación “se ha enfocado en el estudiante y ha dejado con las manos atadas al profesor, el cual no puede suspender ni castigar a los estudiantes, a  menos que se cometa una falta grave, porque se vulneran sus derechos, lo que provoca que vaya cogiendo fuerza y no vea al profesor como una autoridad”.

Entonces, toda esa masa seudo estudiantil degenerada, sin educación hogareña alguna, tiene derecho a comportarse como a sus componentes les venga en gana; a no observar normas apropiadas de conducta; como, a propugnar por el desorden, y los irrespetos en el área, a todo dar.

¡Son dioses! Con nada debido tienen que cumplir, porque en su mayoría, tampoco procuran el rendimiento académico que se espera, y sutilmente se les exige a los profesores que hay que pasarlos de grado, aunque no sepan nada.

¡Esos no son derechos! Son permisividades degenerativas, que van en desmedro del relevo generacional necesario en toda sociedad civilizada, en torno a lo cual puede girar alguna premeditación de parte de los poderes hegemónicos sociales y políticos, tanto internos, como externos, para ellos poder seguir “bailando” con los menores tropiezos posibles. ¿A dónde iremos a parar, de continuar así?

Evidentemente, “no hay efectos sin causas”. ¡Todo tiene su porqué! Lo que hoy se vive en ese tenor, entre nosotros, se origina mayormente en muchos de los patrones “legales” importados, que se incluyeran, sin las ponderaciones pertinentes, en el Código de Niños, Niñas y Adolescentes (Código del menor), que rige entre nosotros, un “enlatado” más bien.

Claro, para complacer peticiones extranjeras de los organismos injerentes que subvencionan proyectos alienantes dentro de área; o, hacen donaciones líquidas directas, para costear otros propósitos, muy poco definidos. Procuran esos trasladar hacia el país, paradigmas de otras latitudes, que aquí no aplican. Agenciarse narigoneos, por supuesto. Pero, a esos “dadivosos” hay que hacerles sentir bien.

Finalmente, se debe incluir en esta humilde opinión, que la degeneración de la familia en esta República, que constituye la otra parte de problema, hay que procurar ponerle el frente también; concienciar a los padres para que asuman sus verdaderos roles con respecto a los hijos; que observen el compromiso que simboliza el sacramento cristiano del Bautismo, dentro del catolicismo, que es el más popular: “una familia acepta la responsabilidad física y espiritual del hijo que ha traído al mundo”, al participar de esa ceremonia, lo que es obvio manda,  cuidados, salvaguarda, protección, etc., como las orientaciones requeridas de orden divino”. (Obra: “ANATOMÍA DEL ESPÍRITU”, Dra. Caroline Myss).

Es evidente que, en lo que respecta a esto último, las iglesias, como los orientadores espirituales que mantienen contactos directos con los feligreses, tienen por delante una ardua tarea que cumplir. Muy probable, que sus oficios resulten ser los más importantes con relación a la regeneración de las tribus sanguíneas directas, con traslación hacia la sociedad dominicana en general.

No se debe concluir cuánto aquí se ha expresado, sin decir que esa depreciable situación tratada no se limita solo a las escuelas públicas de la República, sino que es extensiva hasta ciertos colegios privados nuestros.

Pero, como se nota a lo lejos, esos tienen una “fragancia” muy distinta, y esas cosas se deben manejar con mucho tacto, para no herir susceptibilidades, y perder clientes. Muy pocas informaciones asociadas con los eventos de ese tipo que allí ocurren, se dejan trascender con “pelos y señales” hacia la opinión pública, para evitar descréditos.

Claro, con los hijos de “mami y papi”, todo se trata con más sutilidad y tapadera; cuando, esos también se pueden comportar igual o peor, que muchos alumnos de los que asisten las escuelas púbicas. Ahora, aquellos tienen mayor nivel social, y permiten la generación de ingresos particulares, lo cual les hace más santos, e intocables, por lo tanto.

 

Autor: Rolando Fernández

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