Ramón Emilio Reyes

Por Ramón Saba

Inicio esta publicación dejando constancia de que la misma nace por estímulo del dilecto amigo y escritor Rafael Peralta Romero, actual director general de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, quien ocupa el sillón que, como miembro de número la Academia Dominicana de la Lengua, dejara vacante nuestro invitado de hoy por su muerte.

 

Ramón Emilio Reyes nació el 29 de julio de 1935 en Santo Domingo y falleció el 25 de diciembre de 2017, en la misma ciudad, a los 82 años. Su apellido materno es Vargas.

 

Narrador, poeta, ensayista, periodista, abogado, académico y catedrático universitario.

 

Se graduó de doctor en Derecho por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD); completó postgrados en Lingüística y Estilística en el Instituto Caro y Cuervo y la Universidad de Los Andes, de Colombia; posteriormente en Literatura Americana e Hispanoamericana y Cultura Hispánica en los E.E.U.U. en Indiana University; obtuvo un doctorado en Derecho Internacional Privado por la Atlantic International University; y terminó cursos avanzados de Asistencia Legal en Universidad de Rio Piedras, Puerto Rico y  Asistencia Legal en International Correspondence Schools.

Ocupó los cargos de corrector de pruebas y redactor en el diario El Caribe; corrector de estilo y columnista en el periódico Listín Diario; columnista del diario La Noticia; Jefe de Redacción del periódico El País en Miami, Florida; profesor de Literatura y Lengua Española en las universidades Autónoma de Santo Domingo (UASD), Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) y New York State University; fue Secretario de Correspondencia del Ateneo Dominicano; profesor de la Facultad de Derecho en la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA) y Secretario de la Academia Dominicana de la Lengua, de la cual fue miembro de Número de la misma, ocupando el sillón C hasta el día de su fallecimiento.

 

En su haber bibliográfico se encuentran los títulos de narrativa El Testimonio (novela bíblica); El Cerco (novela breve); Los Amantes Libres (novela breve); La Estafa de Seda y Después del Amor (novelas visuales breves); La Tierra y otros cuentos; La Muerte de Sila (monólogo dramático) La Cena (cuento incluido en la Antología del Centenario de Vicente Blasco Ibáñez). En el género de la poesía están sus obras Poemas de Exploración; Invitación y otras poesías Trascendentes; Crucero Místico; The Rag Monster; The Woman I Love y en el campo de lo jurídico, encontramos los libros Manual de Responsabilidad Civil con Notas sobre Derecho Norteamericano; Lecciones de Derecho Internacional Privado y Cátedras de Derecho Comparado. Sus ensayos y conferencias incluyen: “Jorge Guillén, el Mundo y las Cosas”; “El Lenguaje Poético de la Generación del 48” (de la cual formó parte); “Poesía de Juan Ramón Jiménez”; “El Nacimiento de la Prosa”; “Teatro Español del Siglo de Oro”; “La Imagen de José Asunción Silva”; “Jorge Luis Borges y el Cine”; “Teatro Breve y Novela de Estados Unidos”; “Grandes Textos de la Literatura”; “Poesía de Puerto Rico”; “La Poesía Cultural de Hugo Gutiérrez Vega”; “El Lenguaje Universal de Walt Whitman”; “La Novela Española Contemporánea”; “Novela de Arturo Pérez Reverte” y “Novela de Carmen Martin Gaite”, entre muchos más.

 

El sacerdote y escritor Leonardo Henríquez considera la narrativa de Ramón Emilio Reyes como una de las imprescindibles para comprender la novelística de la época de la dictadura trujillista en la República Dominicana, en la que hace uso de un lenguaje depurado, con una prosa engarzada de imágenes poéticas para la comprensión de sentimientos, personajes y paisajes. El tono poético, junto a la trama y la técnica, resaltan su producción, la que recurre al mundo de sueños, visiones y profecías para armar su obra.

 

El director de la Academia Dominicana de la Lengua, escritor Bruno Rosario Candelier estima que la novela El testimonio de Ramón Emilio Reyes llama la atención por la hondura, la belleza y la capacidad descriptiva de este escritor en torno a la figura del apóstol Pedro, agregando que con la llegada de Reyes a la academia fue notable su aporte en el estudio de la lengua, reconociendo su colaboración al fortalecer la a la Academia de la Lengua en la labor de coparticipación panhispánica que las Academias del mundo hispánico presentaban a la Real Academia Española, asegurando que este no sólo se distinguió en el ámbito del lenguaje, sino también en la creación y la crítica literaria, con gran capacidad para la interpretación, señalando que que el trabajo callado, silencioso y humilde que él realizaba ofreció hermosos frutos a la institución , a la Real Academia Española y al país.

 

Finalmente, el escritor Rafael Peralta Romero, director general de la Biblioteca Nacional “Pedro Henríquez Ureña”, afirma que Ramón Emilio Reyes formó parte del grupo de jóvenes escritores que en la séptima década del siglo pasado crearon el ciclo de novelas bíblicas, a través de las cuales se valían de símbolos y personajes de los evangelios para criticar la dictadura de Rafael Trujillo. Entre esos autores destacan Marcio Veloz Maggiolo y Carlos Esteban Deive. Su novela más conocida, El Testimonio, aparecida en la postrimería de la tenebrosa “Era Gloriosa”, vio una segunda edición más de cincuenta años después. Otra novela, La luz se ha refugiado en el sendero, escrita en 1958, debió esperar también los cincuenta años para ser publicada.

 

Testimonio ha sido considerada como “excelentísima” por el exigente crítico Giovanni Di Pietro. Es probable que su galardón más preciado haya sido su dedicación al trabajo intelectual sin espectacularidad, sin estridencias, sin guerrerismos y sin cabildeos en procura de distinciones.

 

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un fragmento de la novela El testimonio de Ramón Emilio Reyes:

 

“Pedro se quedó mirando al hombre con una pena honda; intentó hablar y oyó entonces las olas a sus espaldas. El mar rugía. Hubiera sido necesario hablar muy alto para que le oyera y él estaba cansado, aburrido; hizo un gesto de profundo desaliento y no dijo nada. Ante su silencio el hombre magro abrió la boca con horror; sus ojos se llenaron de miedo. Miró a Pedro con una especie de vértigo como si estuviera cayendo hacia el fondo de un pozo infinito. Soportaba su mano con temblor. Se apartó, doblado y rengo. El asombro de su alma pugnaba por convertirse en una frase que no pudo salir de su boca. Sintió que lo llamaba la lejanía…”

 

Por Ramón Saba

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