Rafael Molina Morillo

Por Ebert Gómez Guillermo martes 4 de abril, 2017

Cuando una persona, en este caso, un periodista, logra influir en el pensamiento de toda una sociedad, cuando esa persona desaparece físicamente, indefectiblemente toca a todos, el sentimiento de pesar por su partida.

La mañana de este lunes, se ha tornado triste al recibir la información de la muerte de este combatiente incansable de la libertad de expresión, la más importante de las libertades. El dedicó su vida entera a la defensa de tan importante misión, poniendo en riesgo para ello, su propia vida y deponiendo, en ocasiones, beneficios personales.

Cuando muere un hombre bueno, honesto, que vivió y lucho por hacer de su país y del mundo un mejor lugar, que lo hizo con su trayectoria de vida, como para dar ejemplo a los demás; entonces ese dolor y sufrimiento debe sentirlo todo aquel que se considere de la misma condición o afinidad.

Toda la sociedad de buenos dominicanos debe sentir ese pesar y rendir tributo y una despedida a la altura, de aquel que entregó lo mejor para todos, desde el más humilde, hasta el más encumbrado de los ciudadanos.

Por ello pido, solemnemente, sea colocada a media asta la enseña tricolor, la bandera nacional, durante los próximos tres días, en honor de uno de los más importante ciudadanos de este país y de otras partes del mundo, donde le toco vivir y servir.

Reitero que, no le conocí de manera personal y aún así, tengo esta impresión de esta persona, que solo conozco por referencias de su trayectoria profesional y de vida. Imagino aquellos que lo conocieron y lo trataron de manera personal.

Presiento que para almas como él existe un lugar especial, entonces comprendo que no debo estar triste, lo difícil para él pasó, lo triste fue haber tenido que luchar en este mundo como él luchó, sentimos tristeza quizá por nosotros, porque no nos asomamos a su hazaña, no obstante aspiramos a ser felices y merecer la gloria.

 

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