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Qué pena siento por Obama

Por Rolando Robles Martes 3 de Enero, 2017

Nunca pensé que el habilidoso senador fuera capaz de hacer un gobierno a la altura que el tiempo y las circunstancias demandaban. Pero si tenía esperanzas de que una vez en la Casa Blanca, él intentaría hacer lo que han procurado todos aquellos a quienes la vida les ha dado la oportunidad de dejar alguna huella positiva a su paso por el poder. Y es que todo el que llega a la cima de la pirámide trata de salir por la puerta grande, de casarse con la gloria; o cuando menos, despedirse con honor y elegancia. Todos, menos Barack Hussein Obama II.

El susodicho -que nunca fue mi favorito- pues para al momento de sus inicios, yo respaldaba a la no menos decepcionante Hillary Clinton. En esos tiempos pensaba yo, que tenía mas lógica creer que entre un negro o mulato como presidente y una mujer -aunque fuese blanca- el pueblo norteamericano se decantaría por la mujer, que siempre ha marchado a la cabeza, en la lucha por los derechos civiles de las minorías en esta nación. Suponía yo que una mujer habría de llegar primero que un negro o mulato -que para el caso es lo mismo- a despachar en la Oficina Oval.

Pero mi predilección por Hillary no era en función de sus posibilidades de triunfo sino, del convencimiento que yo tenía de la plasticidad del senador sepia. Abuelo: “Obama es un fraude, nunca ha votado responsablemente, ni como senador estatal, ni como senador federal. Ha sido muy evasivo a la hora de correr riesgos. Yo no confío en él”, me dijo con la franqueza de su edad, mi nieto Albert, una mente superior, destinado al éxito como abogado. Y he de confesar que entre mi muchacho y el accionar de Obama y la Clinton, me empujaron para el Partido Republicano. Pero es verdad que en el 2003 apoyé a Hillary contra Obama.

Para el 2008, ya yo sabía que mi lugar estaba en las trincheras contrarias a los “demócratas”. Sin embargo, entendía perfectamente que unos y otros eran las dos caras de una misma moneda que se llama “stablisment”; los culpables del empobrecimiento que esta nación ha sufrido durante los últimos cinco lustros. Pero no estaba tan confiado en los republicanos, que aunque siempre han actuado con mas sentido nacional y patriótico que los demócratas, no llenan a plenitud mis expectativas ciudadanas. Hago estas puntualizaciones, para explicar el porqué de mi giro hacia las posiciones mas consecuentes y conservadoras del espectro político americano.

Volviendo a los recientes actos públicos de Obama, se ve claramente que su propósito primero es enturbiar el escenario, para dificultar el ascenso de Donald Trump, ya no con la idea de impedir su exaltación el 20 de enero -idea que siempre acariciaron, tanto él como las cúpulas partidarias, incluidos los Clinton- sino, para torpedear sus movimientos iniciales como presidente.

Al decir de Radhamé Santana, un amigo taxista y libre pensador: “Obama está tratando de ‘enfangar’ la pista, para dificultar la carrera”, expresión ésta muy usada en el ambiente hípico dominicano. Y tiene razón Radha; las sanciones a los rusos por el supuesto “hackeo” de los e-mails de la dirección demócrata y de su jefe de campaña, mas el voto de abstención contra Israel en la ONU, evidencian que Obama ya empezó la campaña demócrata para las elecciones del 2020.

En el caso de la ONU, es sospechoso que Estados Unidos, que apoya a los judíos desde 1948, decide en 2106 -el Gobierno de Obama- que los asentamientos judíos en territorios palestinos van contra el sentir del pueblo americano. ¿Y cómo iban anteriormente? ¿y por qué ahora, si los respaldó durante ocho años? ¿qué hay hoy, que no hubiera antes? Sin dudas, este “cantinfleo” presidencial obedece al deseo de “echarle una vaina” en Medio Oriente al futuro presidente; de “ensuciarle el agua” a Donald Trump. Algo muy propio de cobardes y oportunistas políticos.

Pero con las sanciones a los rusos las cosas son mas ridículas aun. Se dice que los piratas electrónicos rusos interfirieron los e-mails del alto mando demócrata y que hicieron públicas sus andanzas y mañoserías contra su compañero de partido Bernie Sanders, contrincante de “la dama de la guadaña” en las primarias. Pero el crimen no consiste -al parecer de Obama- en lo ilegal de estas acciones sino, en el hecho de que el pueblo norteamericano lo supiera a tiempo y pudiera reaccionar positivamente en las urnas, como en efecto lo hizo. ¡Cuánta desfachatez en un presidente que debía ser un paradigma para las futuras generaciones!

Los dominicanos usamos una frase muy elocuente del refranero popular, para dar respuesta y calificar estas acciones de bandolerismo político de Obama, que es muy clara y precisa: “la mala fé no pare hembra”.

¡Vivimos, seguiremos disparando!