¡Qué “paisote” este!

Por Rolando Fernández jueves 13 de febrero, 2020

Las cosas que se ven en esta nación, no tienen padre ni madre. El flamante Congreso de la República que se gastan los dominicanos, da más que pena y vergüenza, cuando se repara en muchas de sus acciones descabelladas.

Por los procederes diversos que allí de ordinario se observan, se puede considerar como una especie de “vertedero humano”, conformado en su mayoría por ineptos y politiqueros, sirviendo más bien de caja de resonancia del Poder Ejecutivo; sello gomígrafo, y grupo de levanta manos a su servicio. Sí, para “homologar” las decisiones que desde las esferas gubernamentales todas emanen, capitaneadas en su totalidad por el presidente de la República.

Qué lástima el nivel de adhesión hacia los mandatarios de turno, y sus cohortes, cualquiera que sea ese, que desde hace años viene observándose en este cuestionado Estado, en una actitud que dista estar muy lejos del que debe ser su rol principal, como primero de la trilogía dentro del sistema que rige en Dominicana:  elaborar leyes, y aprobarlas; pero,  para beneficio de toda la sociedad que se supone representada, y no de políticos, como de grupos económicos regentes. También, servir de contrapeso, y control directo, respecto de todas las decisiones que emanen del Poder Ejecutivo.

Lo que pasa es que, desde años, “los dos son uno”, pertenecientes por lo regular a la misma cuadra política; y, por tanto, qué se puede esperar, que no sean contubernios, arreglos y tapadera, para favorecerse mutuamente, buscando cada cual lo suyo.

Es innegable que, aquí todo se puede, y, por tanto, cualquiera va a ocupar una curul en el Congreso Nacional. El mal principal se tiene en la misma Constitución de la República, ya que los requisitos exigibles para poder optar por el cargo de senador o diputado son mínimos.  En consecuencia, no es extraño ver allí, a personas analfabetas elaborando y aprobando leyes para el país,

Para tales fines, los méritos y la preparación no cuentan. Se va a esas posiciones, dizque representando a la sociedad, solo en busca de los emolumentos salariales jugosos que se reciben, y demás beneficios conexos. No para ser voz social, ni aportar nada. ¡Eso era antes!

Tan lejos van los desatinos y desparpajos de los “honorables” allí, que amén de legislar para sí mismos, ahora “imponen la tradición de entregar el cargo a familiares, al renunciar a la curul, para asumir funciones en el Gobierno, por enfermedad o muerte, lo que convierte la representación legislativa en una herencia que pasa de padre o madre, a hijos, de esposo a esposa, o viceversa, quitando validez a la escogencia del congresista por elección popular”.

“A la vez, dejan a los partidos políticos sin la posibilidad de postular a la Cámara de Diputados o al Senado de la República a sus mejores militantes, aquellos……” (Véase periódico “HOY”, del 10-2-20, página 9ª). “Familiares y conyugues heredan curules del Congreso Nacional”. ¡Se verá eso en otras partes del mundo!

Evidentemente, es un legado que luce violatorio a la Constitución de la República, en la que se establece como se elige a esos representantes de la sociedad nuestra. También se está dejando de lado, según se afirma, la Ley 15-19, del Régimen Electoral, en que se estipula que es por voto directo, para un periodo de cuatro años.

La gran pregunta que se desprende de cuánto se ha expresado aquí es, ¿en virtud de qué, realmente, se establece que esos puestos son hereditarios? Otra, ¿es solamente porque les viene en gana a los senadores y diputados que sea así?

Entonces, siendo de esa forma, cabría inferir que, para esos caciques congresuales, los partidos, como la sociedad electora, qué es la que tiene voz y voto en realidad, han dejado contar por completo; y, que allí solo se hace lo que digan esos seudo honorables.

Sí, aquellos que solamente fungen ante la sociedad, como levanta manos, y caja de resonancia del Poder Ejecutivo; que nada más representan intereses individuales y grupales; que luego de llegar a tales posiciones, se convierten en títeres de los mandamases en el patio: políticos, y patrocinadores de campaña electorales.

Solo aquí, donde todo se puede; y, las desaprensiones estatales le reguilan a la población; en que la “capacidad de asombro se perdió por completo”, hace ya tiempo, como diría alguien bien recordado, cosas como esas no producen escozor alguno a nadie.

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Autor: Rolando Fernández

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