¿Qué ganaría China?

Por Francisco S. Cruz

Para algunos analistas internacionales, periodistas y expertos en el arte de la guerra y la geopolítica la recuperación de la provincia o estado soberano de Taiwán por Pekín es inminente. Esa posibilidad tiene toda lógica geopolítica-militar, pero, como en el caso de Crimea -por Putin-, le falta algo simbólico y hasta cierto halo democrático; aunque parezca intrascendente o de contrasentido -regímenes “comunistas” o autoritarios-: aclamación o sentido de identidad histórica-geográfico-cultural y seguridad que da entrar a una órbita protectora imperial en el contexto de una fragmentación del espíritu nacional chino -que es el caso de Taiwán-.

Que se sepa no ha habido ninguna señal en la línea anterior -más bien, intento, por Taiwán, de referendo afirmativo-cosmético de estado soberano (República China, Taipéi, etcétera)-, y China de reconquistar por la fuerza lo que perdió, al menos espiritualmente, desde hace más de 7 décadas no estaría distrayendo, en todo caso, su rápido avance geopolítico-comercial global tras un punto geográfico-cultural que, más que otra cosa, es pieza de exhibición de disidencia cuyo lujo tiene más atractivo que adherirlo a la fuerza. ¿No sería, esa “inminente” reconquista, en última instancia, una equivocada acción política-militar ruidosa e innecesaria?

La nueva y vigorosa ruta de la seda es una monstruosidad marítima, arquitectónica, comercial y de expansión cultural de más trascendencia que retomar una isla en su propio territorio. O que es más estratégico e imponente: tomar un territorio de 21 millones de habitantes; ¿o, deliberadamente, poner en riesgo un inmenso mercado global por repulsa internacional? La opción queda sobreentendida: no habrá reconquista, al menos por vía de la fuerza, mientras Taiwán pueda existir entre la dicotomía o limbo: provincia u estado soberano….

El gran Zum Tzun sentenció -sobre la prolongación de la guerra- que “Por esta causa, he oído hablar de operaciones militares que han sido torpes y repentinas, pero nunca he visto a ningún experto en el arte de la guerra que mantuviese la campaña por mucho tiempo. Nunca es beneficioso para un país dejar que una operación militar se prolongue por mucho”.

Entonces, partiendo, más que otra cosa, de aspectos culturales y comerciales es más probable que China no sacrifique lo más -su avance global-comercial- por cosechar repulsa internacional tras una reconquista que el idioma y la dinámica capitalista -que mueve al gigante asiático- terminará acercando y buscando avenencias -políticas-diplomáticas- más civilizadas que la fuerza o el garrote.

El asunto por más complejo o geopolítico que parezca, a luz de análisis de expertos, es, también, de imagen-conveniencia internacional. A propósito, que conviene más, frente al mundo: exhibir tolerancia hacia un punto histórico-geográfico-cultural o proyectar e imponer fortaleza militar costosa y de repulsa internacional. Desde toda lógica comercial y de percepción mundial: la segunda opción, pues Taiwán no es el caso de Crimea.

Estamos, seguramente, ante escaramuza geopolítica-militar -de reafirmación de zona de influencia- de China. ¡Y nada más…!

 

Por Francisco S. Cruz 

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