¡Pueblo dominicano: irreflexivo ayer y hoy!

Por Rolando Fernández martes 15 de octubre, 2019

Hay que dejarlo “sucumbir”, y que regrese luego de reflexionar, como concienciarse por sí mismo, para ver si cambia. Lamentable pensar concluyente ese. Pero, es la única opción dejada, ante las respuestas que han tenido los defensores de sus derechos, bienestar y desarrollo a través de los tiempos.

La verdad es que, cuando cualquiera se detiene a pensar sosegadamente sobre cuál ha sido el comportamiento observado por este pueblo durante los últimos años, caracterizado por esnobismos a granel; “degeneración atroz” a la vista; transculturización, principalmente a nivel de la juventud; el conformismo respecto de las desaprensiones y abusos estatales en que se incurre por lo regular; como, las no prevenciones evidentes con relación al incierto futuro que le espera, las conclusiones son que, ponerse a luchar antes en favor del mismo fue como arar en el desierto; y, que hoy más que nunca carece de sentido hacerlo.

Aquí la gente ha venido estando alienada y anestesiada por completo desde hace años, debido a los copismos de lo extranjero, como a los patrones de conducta internos inducidos por los sectores sociales-políticos gravitantes, a los fines de facilitarse los “narigoneos” necesarios en su accionar cuestionable.

Y claro, los políticos gobernantes en el país, han estado encontrando el escenario perfecto; un excelente caldo de cultivo para llevar acabo sus maniobras y acciones dolosas derivadas. No han tenido esos que enfrentar dentro del mismo, reacción retaliatoria alguna, como es lo esperado siempre por parte de aquellos.

El engatusar a la población está a la orden del día hoy más que nunca; se les hace más que fácil a los dueños de su considerada “finca”, el país.  También, el arrastrar a los tantos “guanajos” que los acompañan en sus andanzas electoreras propiamente, como es cuánto se ha estado observando en las últimas semanas aquí, a raíz del invento nuevo de las primarias en los partidos, entre otras “bellezas del ramo. ¡Lamentable realidad!

Las cosas que se ven en esta nación, capitaneadas por los sectores sociales-políticos regentes, dan más que pena, y ruborizan a los ciudadanos algo pensantes. Pero, qué se puede hacer, si como dice una máxima sociológica muy significativa: “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”. ¡Por tal razón los eligen!

Ahora, como lo más nuevo que se tiene, es que al pueblo se le obligará a tener que costear – pagar más impuestos – por los procesos nacionales – realización de primarias – para las escogencias dentro de las empresas llamadas partidos políticos, a los fines de seleccionar los candidatos a proclamar dentro de dichas entidades a la presidencia de la República, como a las demás instancias nuestras de poder, de cara a los certámenes electorales a celebrarse cada cuatrienio.

Eso, obviamente, cuando aflore allí el ingrediente divisorio dañoso de las tendencias, con principalía a nivel del candidato presidencial, con sus respectivos “aritos” congresuales. ¡Sería la orquesta completa!

Y, que sea ese, el agraciado más destacado cabecera, quien vaya a mal dirigir los destinos de la República, con su combo de adeptos, tal es lo que de ordinario hacen: enriquecerse el mandamás, y su grupúsculo afecto, después que alcanzan el poder. ¡Todo su accionar, premeditado, va en perjuicio del erario público nacional!, con las derivaciones claras, cabría agregar.

Más que evidencias se tienen, en el sentido de que, los hombres que en Dominicana se propusieron ayer combatir en favor de esta sociedad, exponiendo, y hasta perdiendo algunos sus vidas, nada en realidad lograron; solo deshonras y burlas a posteriori.

¿Qué pudieron cambiar esos? ¡NADA! Todo ha continuado de mal en peor; y, la mejor muestra, es el panorama social generalizado interno actual. ¿Valió la pena entonces? ¡Indudablemente que no!

¿Cómo viven hoy los dominicanos? ¡Peor que ayer, en todos los sentidos! En un país endeudado hasta la coronilla; hipotecado alegremente; sin seguridad ciudadana; carente de justicia; y, hasta de los servicios públicos imprescindibles, verbigracia, la salud, entre otros males. Además, con una soberanía nacional pisoteada; y, gobernado, desde hace algunos lustros por antinacionalistas indiscutibles, y corruptos insaciables en su mayoría.

Es obvio que, debido al sistema de la seudo democracia representativa que aquí prevalece, la cual se está yendo a pique, por el descalabro institucional presente, son las mismas víctimas las que catapultan a sus verdugos, a través de los sufragios en las urnas cada cuatrienio, por dejarse comprar con nimiedades, limosnas vejatorias, y los embaucamientos de todo tipo.

Por tanto, dejar que este pueblo se vaya por el derrocadero, y que luego trate, por sí mismo, de lograr un regreso recuperatorio, sería lo más aconsejable. Así aprendería a valorar los propósitos ajenos loables; y, a jamás defraudar a todos aquellos que, como los entregados y patriotas fervorosos de otrora, se inclinen a luchar en su favor.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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