Proteccionismo contra Neoliberalismo de cara al siglo XXI

Por Elvis Valoy Miércoles 22 de Marzo, 2017

Proteccionismo y neoliberalismo, corrientes del pensamiento económico, parecen enfrentarse en este estadio en que discurre la vida económica universal. El primero, que enarbola como preponderancia la producción nacional, oponiéndose a las importaciones, y el segundo que considera una retranca al primero.

Cada uno tiene su impronta en la historia económica; sin embargo, como un torbellino que descompone todo lo que se le antepone, el neoliberalismo puso al mundo patas arriba. Esta corriente económica no produjo la vida de abundancia que pregonaba, y dentro de sus frutos está muy marcado la desestabilización de la mayoría de los países durante un largo período.

Menos de un 10 por ciento de la población mundial vive sobre un océano incalculable de riquezas, mientras que el resto de la gente ve incrementar la pobreza y sus problemas, sin que le vea fin a sus calamidades.

Las teorías de Friedrich Von Hayek y Milton Friedman, puestas en prácticas en la mayoría de los casos a sangre y fuego, como fue el caso de Chile del general Pinochet, empobrecieron a muchas naciones.

Concomitantemente con el desarrollo de las medidas neoliberales, el descontento se reproducía como la verdolaga en gran parte del globo terráqueo, fruto de la pauperización que se propagaba a pasos agigantados.

Los resultados de las políticas neoliberales desestabilizaron los niveles de vida de un segmento importante de la clase media y la obrera mundial, realidad que comenzó a reflejarse en las votaciones, en donde una fracción de la población a escala planetaria, no escondía su enojo por la situación creada, castigando con el sufragio el modelo que los laceraba.

En Europa las recetas neoliberales radicalizaron a amplios sectores en diferentes pueblos, y han sido los partidos de ultraderecha, los que han capitalizado la visible insatisfacción que abate a un conglomerado significativo de la ciudadanía del viejo continente.

La crisis sistémica, que tuvo su clímax en el año 2008, producto del “laissez faire, laissez passer”, tambaleó al capitalismo, que casi se cae de bruces, luego de que un conjunto de instituciones financiera se fueran a la banca rota como consecuencia de la burbuja inmobiliaria.

Toda la coyuntura de desgracias y ruinas en que vastos sectores de la economía mundial transita, ha colocado a los grupos migratorios que residen en países del primer mundo como “chivos expiatorios” del malestar en que viven esas naciones, y parte de las élites no descansan en señalarlos como los culpables de sus males.

Multitudes residentes en los lugares de las grandes economías del planeta han sido tocadas por la decepción de ver su nivel de vida derrumbarse, y los Estados Unidos no han sido la excepción a un grito que se inició en Europa, exponiendo su desilusión con el voto al candidato republicano Donald Trump en las pasadas elecciones.

Pues el nuevo presidente norteamericano, tomó pie juntilla sus promesas de campaña, y se ha abalanzado por medidas proteccionistas, que le garanticen un mercado mayoritario a sus mercancías.

Tan convencida está la nueva administración trumpista de que la protección nacional a su economía es la vía, que en la última declaración de la reunión de ministros de finanzas del todopoderoso grupo G-20 llevada a cabo en Alemania, no hubo condena al proteccionismo, como regularmente se venía haciendo desde hacía diez años.

Indiscutiblemente que triunfó en el último encuentro del G-20 la frase emblema del proteccionismo, atribuida a Abraham Lincoln que dice: “yo no sé gran cosa de aranceles. Lo que sí sé es que cuando compro una chaqueta fabricada en Inglaterra, yo me quedo con la chaqueta e Inglaterra con el dinero, mientras que si la compro en Estados Unidos, yo me quedo con la chaqueta y Estados Unidos con el diner Zona de los archivos adjuntos