Protección ecológica

Por Manuel Hernández Villeta viernes 3 de febrero, 2017

Para actuar con justicia plena, en el caso de la ocupación de las áreas protegidas, hay que conocer a fondo el problema y tener mucha ecuanimidad. Hay que separar a los agro-industriales y terratenientes de los pobretones que viven, nacieron y mueren allí, ocupando un pedazo de tierra que no les pertenece pero que es su único refugio.

Hay que limpiar las zonas protegidas de la destrucción ocasionado por irresponsables. Ahora, no se puede ver el problema desde las cámaras de televisión o el titular de los periódicos. Se conjugan en este caso desde la prepotencia del empresario, hasta la desesperación del que todos los días se muere de hambre.

No hay la misma solución para todos los agentes involucrados en un área que debe ser protegida. A los agro-industriales se les permite sacar la última cosecha y que retiren los equipos y con ciertas facilidades se vayan a otro lugar a realizar sus siembras. Hay una mujer y un hombre que no tiene a donde ir, ni donde ganarse su comida. Obligatoriamente tiene que ser desalojado, pero que se vaya con su pan y su techo.

El labriego y empleado de sol a sol que reside en áreas protegidas se le tiene que dar protección, dándole terrenos en otro lugar, y facilidades para que allí se pueda ganar la vida. Llegó contratado de dedo por los agro-.industriales y se afincó en tierras que nadie reclamaba y que autoridades pasadas fueron complacientes con poderosos para que sembraran productos para enviar a compañías en el exterior y a supermercados nacionales.

Respaldo a las autoridades en todas las acciones que hasta el momento llevan a cabo para sanear las áreas protegidas, sean bosques o los ríos. Es una medida ejemplar en un país que desde arriba, los representantes de gobiernos de turno, han dado permiso para destruir los bosques y contaminar los ríos.

Por desgracia, llegó un momento en que si no se actúa con puño de hierro no habrán resultados favorables, pero es bueno tener en cuenta que al de abajo se le debe ver como una víctima que tiene que ser protegido, y que al momento de aplicarle la ley, se le tiene que tender la mano con una salida que mejore su nivel de vida.

Tiene que darse una medida de fuerzas para evitar que se siga contaminando y destruyendo el medio ambiente dominicano, pero al mismo tiempo es necesario controlar con rasgos humanos. Siempre hay que proteger los bosques y los ríos para una mejor vida de los seres humanos. No está de más, recordar que los pobres siempre son las víctimas y los más perjudicados. A ellos hay que darles trato especial con su reubicación. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

 

Comenta