Prostitución envuelta en erotismo en medios de comunicación, una moda nefasta

Por Emilia Santos Frías

De manera abierta y en gran medida, cada día a través de los medios de comunicación tradicionales y electrónicos, muchas personas hacen marketing con su cuerpo. Pero no utilizan para vender valores; un oficio o saberes,  aprovechan y blanquean la prostitución, para hacer ofertas sutiles de sexo, en ocasiones maquillado y circundado de múltiple ardid.

La oferta está a la orden del día, solo basta con entrar a alguna red social, o sintonizar programas en radio y televisión; sus conductores han hecho a estas personas figuras, desconociendo o sin importar las consecuencias sociales. La prostitución ya no se esconde ni se avergüenza. Se ha adueñado de los más media, a sabiendas del poder que tienen, pero con la gran  carencia de conocimiento, acerca  de cuál es su rol.

Muchas de las personas que hacen publicidad y mercadean su cuerpo, mediante escenas cargadas de exacerbada sensualidad, se hacen llamar personalidades públicas, influenciadores…, quienes manifiestan además gran satisfacción por el dinero, reconocimiento y recursos materiales obtenidos, fruto de su marketing.

Se quiera  o no, hemos adoptado acciones transculturales que ya vemos como normales, entre ellas, un prototipo hombre y uno mujer, totalmente ajeno a la realidad. Los excesos, codicia, avaricia; mostrar constantemente las cosas materiales, “mientras más costosas mejor”.

Hoy es notoria y abrumante la cosificación del cuerpo de la mujer y la degradación de la sexualidad humana, desconociendo que “la sexualidad humana es la esencia misma del ser humano”, como diría el filósofo Maurice Merleau Ponty.

Estamos conteste de que los derechos sexuales y reproductivos son derechos humanos, y poseen por tanto, una moral sexual, por eso recusamos a ese segmento poblacional, que busca blanquear la prostitución mediante sus acciones en redes sociales; banalizar derechos fundamentales  y pensar solo en el lucro pecuniario, sin ver la dificultad social que acarrea, particularmente en la población joven, que adopta sus patrones y ve como normal esas acciones, usadas para trascender socialmente, aunque sea mal vista, y obtener cosas de manera rápida.

“La frivolidad, necesidad constante de aparentar, de vender una vida perfecta y una imagen diseñada a golpe de filtro, ha conducido a una buena parte de los jóvenes, que no tienen otro talento, a encontrar la vía de acceso a esta vida irreal a través de su cuerpo. Cuanta más carne, más likes. Cuanto más sexy, más seguidores. Cuanto más explícito, mejor. El precio a pagar, da igual. Y la sociedad, lejos de criticarlo, lo acepta y lo verbaliza públicamente sin reparos”. ¡Ídolos con pies de barro!

La prostitución virtual ha encontrado su vía rápida en una generación que busca dinero y reconociemiento social rápido, sin hacer la fila, sin esfuerzos en estudios o en un trabajo  siendo tesoneros…, “en su tiempo maduran las uvas”.

También en los actuales “cánones de belleza; el ritmo de vida inasumible para la mayoría de los mortales y un lifestyle irreal, lejos de trabajos convencionales, pero con ingresos millonarios, que ha terminado por engullir a buena parte de los jóvenes…., la realidad es que tu valor se mide en los likes que tengas. Si no te muestras a través de las redes sociales, dejas de existir. Eres poco menos que un paria”, nos dicen las escritoras de El Taquígrafo, Míriam de Saint-Germain  y Sara Cid.

Esta problemática, hoy más que nunca, propicia que en la República Dominicana se endurezcan las leyes; se fortalezca desde la familia, y se difunda educación sexual, desde la currícula pre y universitaria. Que esa jornada educativa contemple valores morales, éticos, así como otras dimensiones de la sexualidad, en lo referente al aspecto espiritual, social, psicológico y emocional.

Perversión envuelta en erotismo y seducción, es lo que emana de esas prácticas y exhibicionismo en las redes sociales, muy lucrativo para muchos. Nefasto para nuestra sociedad. Por eso, mientras apelamos a que se endurezca la norma, no dejemos de insistir en nuestra juventud, para que entienda cómo debe vivir y disfrutar su sexualidad humana, la que se ciñe  también a conducta  y acciones sensatas.

Esta problemática solo la combatiremos con educación, ella nos permitirá trascender; ella permea nuestra personalidad y engendra valores como la responsabilidad, la solidaridad y el amor. ¡Sin dudas, la falta de amor tiene al mundo de  cabeza!

 

Por Emilia Santos Frías

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