Profesores, comunidad y calidad escolar

Por Francisco Cruz Pascual jueves 24 de noviembre, 2022

La toma de decisiones cotidianas son rutinarias y se toman decenas a diario. La toma de decisiones no cotidianas son trascendentales y se toman unas cuantas decenas en toda la vida. La genta común vive tomando decisiones rutinarias sin darse cuenta de que con ellas están describiendo su existencia a los observadores de su quehacer en el presente y en el futuro. Para tener éxito en la vida debemos aprender a temprana edad la importancia de la toma de decisiones, porque ellas definen lo que somos en nuestra existencia. Estamos viviendo una gran crisis en múltiples facetas de la convivencia humana.

Las crisis pueden ser traumáticas y perturbadoras, pero, también pueden se convertidas en oportunidades para cambiar el presente y construir la perspectiva desde el tiempo actual hacia el futuro en sus diferentes etapas del tiempo.

Por ejemplo, en la actual crisis de la educación, existe una brecha de oportunidad para cambiar la situación de calamidad cualitativa de los resultados que se obtienen desde el aula. Si se tomara la decisión de trabajar sobre el profesor desde la óptica positiva, asumiendo que pueden desarrollar mejor trabajo que el que actualmente desarrollan y que tienen un gran potencial para asumir su rol.

Es tiempo de retar al magisterio, desde un cimiento motivacional, en donde se pueda levantar un espíritu esperanzador, sobre la mejora del Sistema, sobre un compromiso de cambio planificando el compromiso mutuo. Lo primero sería, que los actores asuman deponer actitudes para mejorar las relaciones entre el Ministerio y los profesores. Lo segundo, lograr acercar objetivamente el profesor de aula y los padres de sus alumnos. Es necesario bajar los egos y reconocer que la nación necesita mejorar el Sistema Educativo, comenzando por los niveles Inicial, Primario y Secundario.

Si no se logra que los profesores redefinan sus prácticas de aula dentro de los límites que establece el currículo nacional, sujeto a normas y estándares, exámenes, evaluaciones de aprendizaje y supervisión con altos niveles de inspectoría escolar, no vamos a salir de la situación de crisis en que hemos vivido las últimas cuatro décadas.
Tenemos cuarenta años viviendo una crisis profunda, que cada vez impacta en la sociedad y la desalienta profundamente.

Los padres deben también trabajarse desde la cúspide del Sistema, porque ellos también deben definir sus prácticas de participación. Se necesita una participación real, comprometida y empoderada en forma responsable. Una mayor participación de las familias y de la comunidad es una necesidad social. Esa participación debe incluir contribución económica para el sostenimiento del todo el quehacer diario, para ello, habría que hacer un estudio para determinar los aportes de cada familia al sistema escolar público.

Estoy convencido de que lo que el Estado regala no es valorado por los beneficiarios, los que muchas veces tienen recursos para asumir las responsabilidades de algunos costos, como forma de mejorar las condiciones materiales de las escuelas.

El sector privado y algunas Organizaciones No Gubernamentales (ONG), deben tener mayor participación a través de reales apadrinamientos de escuelas. Esta participación no debe limitarse a la planta física, los ornamentos, el deporte o lo cultural. Tienen que tener participación en la toma de decisiones y en ejecución de algunos de los procesos, como por ejemplo, en una diversificación de la oferta educativa, para introducir la competencia en el terreno educativo, porque son claves para mejorar la calidad de los procesos y los egresados.

Se necesita mayor participación social y la construcción de un amplio consenso nacional como condición de viabilidad de los cambios que tienen que llegar al Sistema de una forma transparente, para que sean aceptados por los actores y la sociedad.

La sociedad debe volver a empoderarse de la problemática educativa para movilizarse redefinir el papel tradicional del Estado respecto de la educación, la salud, la seguridad ciudadana y el medio ambiente. Exigir rever los patrones y prioridades del gasto público. Y desde ahí, buscar una mayor contribución de las familias y las comunidades a la solución de esas cuatro necesidades.

La nación tiene que asumir roles de ciudadanía para que sean definidas las políticas y las prioridades en base al análisis económico, porque reflexionar la relación costos-beneficios y la tasa de rentabilidad como categorías centrales para definir las prioridades de inversión, es una necesidad para afirmar el desarrollo.

 

Por Francisco Cruz Pascual

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