Profesor contemporáneo y necesidades sociales

Por Francisco Cruz Pascual jueves 29 de septiembre, 2022

Es la segunda vez que lanzo ideas acerca del profesor contemporáneo y necesidades sociales a nivel de la prensa nacional, para terminar de exponer algunas ideas sobre el aseguramiento de la calidad. En esta ocasión tocaré el ámbito de las universidades y su responsabilidad -como formadoras de profesores para los niveles inicial, básico y medio- debido a los cuestionamientos al tipo de egresado de las escuelas de educación. La calidad de la formación de profesores viene siendo cuestionada desde hace decenios, por lo que expondremos algunas ideas, las que hemos venido madurando a través del tiempo de nuestra praxis y de lecturas sobre el tema.

La universidad tiene que trabajar para que tanto los formadores de formadores, como los egresados de las distintas modalidades y niveles de la carrera de educación, dominen las nuevas tecnologías, porque como herramientas de trabajo son imprescindibles para la docencia y la vida de las personas en el presente siglo. Crecer en este ámbito, aprovechar sus potencialidades y motivar a los alumnos para que lo utilicen en forma racional, dinámica e innovadora. Se trata de algo muy pertinente para beneficiarse de los avances tecnológicos, aplicándolo en el aula y extrapolando ese conocimiento y su práctica hacia el mundo laboral. Pero, como hemos dicho anteriormente, con ello no basta porque hay que trabajar esencialmente la actitud del profesor frente a su compromiso con la sociedad y las competencias que deben tener los egresados para ejercer eficiente y eficazmente sus labores profesionales.

Urge que el formador de formadores desarrolle buena relación y comunicación efectiva con sus alumnos, como una forma de ayudar el proceso formativo y el desarrollo de los participantes. Para lograrlo, el profesor debe darse atención particular, examinándose en forma individual en un proceso auto evaluador introspectivo para que logre aumentar sus posibilidades de ejercer eficientemente su labor formativa, ayudada por un arsenal estratégico capaz de lograr éxito en los aprendizajes de los estudiantes. Esto se traduce en eficientizar sus cualidades de relacionarse en forma constructiva con sus alumnos.

El profesor en sentido general debe rescatar del baúl de sus olvidos una competencia fundamental, se trata de volver a garabatear sobre la operatividad del ciclo, para organizar lo que se quiere enseñar a corto y mediano plazo, aquello que la programación operativiza para que los alumnos aprendan -no solo durante las jornadas áulicas- sino en las jornadas prácticas o en aquellas diseñadas para los laboratorios. Se trata de planificar el proceso de enseñanza del ciclo y de cada una de las clases, porque el plan no es para convertirlo en una evidencia muerta enterrada en una gaveta de escritorio. En ese mismo tenor, se hace necesario en el profesor sepa seleccionar contenidos y recursos para ser aplicados en las jornadas de aprendizaje, con el propósito de que los participantes logren las competencias requeridas no solo por el mercado sino por la institución y la sociedad.

Cada profesor tiene necesidad de conocer múltiples metodologías de enseñanza y saber aplicarlas adecuadamente en clases individuales, en trabajos en grupo, en puntuales refuerzos y en todas las situaciones acaecidas durante los procesos de aprendizajes. Se trata de alcanzar eficiencia en la gestión de las metodologías de la didáctica que ha elegido aplicar en cada momento áulico. El profesor aprende cosas nuevas en múltiples ámbitos en cada jornada de clases, porque no sólo los alumnos aprenden en las jornadas áulicas, el profesor aprende en forma continua a través de sus praxis. Un docente debe investigar y reflexionar sobre su práctica para mejorar sus próximas clases, para ello va creando convenientemente nuevas formas de ensenar y aprender, a través de la modificación de algunos sus procesos rutinarios. De esa manera se asegura del crecimiento personal de los participantes en sus clases.

Se hace necesario que las Instituciones de Educación Superior adopten un sistema de evaluación múltiple, desde distintas ópticas y diversos instrumentos para triangular las informaciones con el propósito de construir una visión total del desempeño docente. Esta es una propuesta que nace desde las ideas de Schmelkes en la primera edición del informe “El Derecho a una Educación de Calidad” elaborado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación de México. En la pagina 171 de dicho informe, se afirma que “existe un amplio consenso en que es preferible evaluar a los maestros por su práctica (una ‘buena enseñanza’) en lugar de por su desempeño (una ‘enseñanza exitosa’)”. Finalmente, concuerdo con dicho informe, porque considero que los buenos formadores de formadores son aquellos que logran un éxito considerable al alentar los enfoques de aprendizaje y los resultados profundos entre sus estudiantes.

POR FRANCISCO CRUZ PASCUAL

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