Privatización e impuestos

Por Manuel Hernández Villeta viernes 28 de agosto, 2020

Privatizar los servicios públicos o una reforma impositiva hecha a la carrera, sería un absurdo y un gran prejuicio en medio de esta crisis económica.

La salida tiene que ser sin enajenar la propiedad pública y sin cargar sobre todos los ciudadanos una mayor dosis de impuestos. Desde luego, que al gobierno se le estrechan los caminos para lograr recursos para enfrentar el covid-19.

Al parecer la única salida que queda abierta es seguir con el endeudamiento externo. Estamos con una economía colapsada, que sin unas fuertes muletas no se va a levantar. Lo primero es que para lograr un despertar de los entes productivos, primero hay que controlar la pandemia.

Pero pecaría de temerario lanzar ahora mismo una reforma fiscal. Por más vueltas que le den destacados economistas, esa reforma solo servirá para aplicar nuevos impuestos a diferentes renglones de producción y servicios.

Ahora mismo de la clase media para abajo no se soporta una mayor dosis de impuestos. Tampoco el gran empresariado, porque en definitiva esas cargas las deja rodar hasta los hombros de los consumidores.

No hay salida tampoco en privatizar los servicios. El Metro, la Onza y el Teleférico deben pertenece r al Estado y para mantener precios bajos a los pasajeros, tienen que seguir siendo subvencionados.

La política neo-liberal siempre quiere meter de cuña terminar con los subsidios a los servicios, y que se haga una reforma fiscal. En medio de una pandemia esa medida sería una provocación para una población que tiene ahora mismo más de un millón de cesanteados.

Abinader ha dado claras demostraciones de que va a seguir abordando esta crisis económica y social con medidas de consenso, manteniendo la ayuda necesaria a los grupos más vulnerables y con un alto contenido social.

Preservar la vida y la tranquilidad de los dominicanos es lo más urgente ahora mismo. Hay que ver cómo es posible seguir haciendo frente a la pandemia en medio de estos grandes desconciertos económicos.

No se puede obviar que esta crisis es universal, y las soluciones no se pueden vislumbrar de forma local. Tenemos nuestras particularidades en la problemática y esas tienen que ser enfrentadas de acuerdo con las circunstancias.

Para mantener la tranquilidad social, el gobierno no se puede despegar de una economía con rostro humano, alargando las subvenciones, dejando a un lado la creación de nuevos impuestos y evitando la privatización del patrimonio público. Con el trabajo claro y esforzado, saldremos adelante. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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