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Preguntas y respuestas educativas

Por Melanio Paredes Miércoles 4 de Enero, 2017

Con el inicio de cada año solemos plantearnos metas y deseos para realizarse durante los siguientes 12 meses por venir. Pensemos en qué le depara el 2017 al país en materia educativa y hagámoslo al estilo socrático planteándonos preguntas e intentando encontrar las respuestas adecuadas y pertinentes:

1. ¿Es el 2017 el año del viraje (inicio o continuidad) de la reforma (o revolución) educativa necesaria como se ha afirmado?

2. ¿Es la sola ejecución del 4%, como inversión educativa, la panacea para la solución de nuestros déficits educativos?

3. ¿Es la educación por competencias la anhelada piedra filosofal o estrategia educativa que nos asegura la calidad de los aprendizajes?

4. ¿Estamos aplicando un nuevo currículo en las escuelas y ejecutando consiguientemente un nuevo modelo de capacitación y formación a los docentes?

5. ¿El modelo educativo de éxito es viable, conocido o predeterminado?

 

Intentemos encontrar respuestas sencillas, directas e incontrastables para emular el método socrático que trascienda la confusión e ilumine el alma.

No pretendamos repetir el mismo error, que con cada Ministro deba iniciarse una nueva reforma, lo adecuado y recomendable es dar continuidad a las iniciativas de políticas consensuadas, dando seguimiento a las mejores prácticas y produciendo el viraje solo en lo que sea pertinente.

El 2017 nos platea la necesidad de un viraje hacia los factores cualitativos del quehacer educativo partiendo de los avances con los que se han ido conjurando ancestrales déficits cuantitativos, como la tasa de cobertura en la oferta educativa.

La ejecución del 4% en materia de inversión educativa no es la panacea pues erróneamente se pensaría que ya llegamos y apenas este es el comienzo; en el 2013, primer año en que el país cumplió el mandato de la ley, el promedio de inversión en educación de la región de América Latina y el Caribe rebasaba ya el 5.28% del PIB , por consiguiente lo correcto es considerar el incremento progresivo y sostenido de la inversión acorde con el cumplimiento de metas a corto y mediano plazos y ocuparse de ir mejorando gradualmente la productividad del gasto.

El modelo de educación por competencias no es una estrategia nueva, fue asumida en el periodo 2008-2010, a partir de un arduo y exhaustivo trabajo de especialistas, técnicos y maestros que elaboraron los indicadores de logros de aprendizajes que permitieran la concreción curricular y el aterrizaje a unas competencias que dimensionan el desarrollo humano integral, más allá de las competencias que se miden en PISA, por lo que aquí, antes que pensar que con la sola formulación teórica hallamos la piedra filosofal, habría que tomar como referente el dicho popular “la genialidad no es pintar la paloma es pintarle el pico y que coma”.

Naturalmente la gestión 2008/2010 no se inventó nada ni partió de cero, los antecedentes en el diseño del modelo educativo que tomaba como soporte los indicadores de logro fueron dos aportes importantes de gestiones anteriores, las Competencias Curriculares del Nivel Básico (Gestión 2000/2004) y los Contenidos Básicos de la Gestión Educativa(2004/2008).

Correspondiendo al modelo educativo bajo el enfoque del desarrollo de competencias, que se resalta en la presente etapa, es de rigor entonces tener la respuesta certera que evidencie si contamos con las herramientas para acometer el siguiente desafío, en los hechos : ¿se está aplicando el currículo por competencias en las escuelas?, definitivamente NO y aun se tomará algún tiempo pues deberá agotarse el proceso de validación y un vasto programa de capacitación y empoderamiento del nuevo enfoque a todos los docentes que les permita internalizarlo y asumirlo en su práctica pedagógica.

Después de seis años de haberse desatado una tormenta ante un intento serio de actualización curricular a partir de la definición de indicadores de logros de aprendizajes que les dieran concreción, se permanece en el mismo punto de la discusión del 2011, solo se cuenta con un diseño para validación en los niveles de Inicial y Primaria, que ha tomado varios años y está en construcción el diseño para el nivel medio.

Tampoco sería razonable esperar cambios significativos que revierta la actual rutina en nuestras escuelas si no se conoce ninguna iniciativa ni proceso de capacitación en servicio con el acompañamiento pertinente que asegure la inmersión necesaria para aprehender el nuevo enfoque del currículo actualizado.

Igualmente se habla de un cambio en los perfiles de competencias y los nuevos programas de la profesionalización docente en las universidades del país, sin embargo hasta donde se conoce no existe un solo programa de estudios innovador en curso y si en definitiva comenzaran este año 2017, habría que esperar entre 4 y 6 años para contar con el nuevo producto de la profesionalización inicial con su correspondiente experiencia en servicio.

Es todo caso la empresa pendiente para elevar la calidad del trabajo en las aulas requiere de esfuerzos extraordinarios y comienza por conocer su magnitud y complejidad a fin dar el primer paso en un largo camino por recorrer que no admite improvisaciones.

¿Existe un modelo educativo exitoso predeterminado? Estudios recientes dan pistas ciertas sobre escuelas con buenas prácticas que pueden ser replicadas en cada contexto pero la educación de calidad que cumpla con los fines de que a lo largo de la escolaridad el sujeto aprenda a ser, a convivir y a hacer en toda su integralidad, es una aspiración permanente y sin receta para todos los países.

Las respuestas en la búsqueda de la educación que nos asegure la formación de mejores ciudadanos, tienen que ser creativas y asertivas, conforme experiencias exitosas van de la mano con la personalización en la atención a los alumnos, sobretodo en sus primeros años, enfocándose en la potencialidad de sus inteligencias múltiples, el trabajo en equipo, la incorporación de la tecnología innovando ecología del aula, el aprendizaje por proyectos que niegue la simple repetición memorística y la nueva profesionalización del docente que le permita asumirse como un mediador y facilitador de los aprendizajes, entre otras.

La Mayéutica socrática supone, luego del dialogo de interlocutores, una cierta confusión, unos dolores de parto que los libere de la apariencia engañosa e irrumpa la luz que irradie certidumbre en ruta a la necesaria revolución educativa que más que proclamada, sea construida con pasos seguros, edificando el futuro próspero y promisorio de la nación que merecemos.

Por Melanio Paredes