Prefiero un libro multicolor

Por Rafael Alfredo Marcano Guzmán viernes 24 de febrero, 2017

Desde hace algunos meses, diversos grupos sociales, políticos, empresariales, religiosos, entre otros, han iniciado una serie de manifestaciones en contra del gobierno de turno, al cual le solicitan el castigo inmediato a los funcionarios acusados de corrupción, siendo este paso una muestra clara de su compromiso y lucha contra la impunidad.

Para nadie es un secreto que el caso Odebrecht ha dejado al desnudo las grandes debilidades que tenemos como país y que tienen muchos de nuestros pueblos hermanos latinoamericanos.

Es evidente, la corrupción pasea por nuestras calles como modelo desfilando por su pasarela. La corrupción que nos arropa está desviando a bolsillos de particulares aquellos fondos que deben invertirse en áreas como la salud, educación, asistencia social, agricultura, entre otras, áreas que sirven para generar riquezas al país, las cuales deberían llegar, directa o indirectamente, a los bolsillos de toda la colectividad de ciudadanos que habitamos este hermoso país.

La impunidad por su parte, ha penetrado la epidermis de muchos de nuestros políticos que tienen en sus manos el manejo del poder, alojándose en lo más profundo de su ser, haciéndolos creer seres superiores; seres que se encuentran por encima del bien y del mal; seres intocables.

Ciertamente, la clase política nacional debe revisarse y tomar nota de lo que está aconteciendo a nuestro alrededor. Somos muchos los que participamos activamente en la política que no compartimos ni aprobamos las malas prácticas que se están presentando, en algunos casos, con el manejo de los fondos públicos.

Con la misma fuerza con que aborrecemos la corrupción y la impunidad que se presenta en la clase política, de igual manera debemos aborrecer la corrupción y la impunidad que se presenta en todos los sectores de la vida nacional. Quizás sin proponérselo, el color verde elegido por los manifestantes resulta de la mezcla de dos colores, azul y amarillo, como enrostrándonos lo doble moral e hipócritas que somos en muchas ocasiones.

Donde existe corrupción encontraremos a un corrupto y a un corruptor. Uno que se deja corromper y otro que lo corrompe. El caso de Odebrecht no es un caso aislado en este sistema putrefacto en que vivimos. El caso de Odebrecht no es la excepción, sino la regla en el manejo de muchas empresas “respetables” dominicanas.

En nuestro país todos, sin excepción, queremos un cambio, pero ¿cuántos de nosotros estamos dispuestos a cambiar para obtener el cambio soñado?. Lamentablemente son más los que quieren un cambio que aquellos dispuestos a cambiar.

La lucha contra la corrupción y la impunidad política no es más que el reflejo vivo de nuestra doble moral. Atacar solamente la corrupción e impunidad política seria un tratamiento paliativo más no curativo de los males de nuestra sociedad.

Mientras la lucha contra la corrupción sea selectiva (únicamente contra la clase política) no llegaremos a nada, ya que podremos cambiar a los políticos de turno más los corruptores de siempre seguirán permeando y dañando a los nuevos que lleguen.

Es por esto que prefiero que todos firmemos un libro multicolor en el cual la corrupción sea combatida por todos lados. Un libro multicolor para sancionar al político corrupto. Un libro multicolor para castigar al empresario que paga salarios de miseria; que se lucra con la pobreza de sus empleados; que cobra montos desproporcionados a sus clientes; a ese empresario que es el primero que cuando se le presenta un inconveniente pregunta que si dándole un dinerito a alguien se resuelve el problema; a ese empresario que ha descubierto infinidad de formas para evadir el pago de sus impuestos.

Firmemos un libro multicolor, donde castiguemos al político corrupto, pero que de igual forma castiguemos a esos doctores que se lucran con la desgracia ajena, cobrando por afuera montos exorbitantes, adicionales a los cubiertos por el seguro medico. Firmemos un libro multicolor para sancionar a esos comerciantes que venden productos por encima de su valor; a esos que venden productos vencidos; a esos que venden productos falsificados. Un libro multicolor que alcance a esos maestros que cada día piden más pero que cada día entregan menos a sus estudiantes.

Firmemos un libro multicolor donde sancionemos a los periodistas que mal informan a la sociedad; a esos que dicen lo que quieren y callan lo que deben; a esos que le ponen precio a la verdad. Firmemos un libro multicolor contra esos que se han hecho millonarios usando el nombre de Dios; a esos religiosos que el Estado les tiene que dar de todo, sirviendo toda esa ayuda para crear emporios empresariales que van en su propio beneficio y que poco o nada devuelven a la sociedad.

Que interesante seria que en vez de un libro verde firmemos ese libro multicolor, en donde la corrupción citada y la que falto por citar, sean sancionadas de igual manera y de forma tan drástica, que sirvan de ejemplo a los demás.

Que interesante seria que en vez de estar gastando papel y tinta cada uno firmase en el libro de su conciencia y a partir de ahora hiciera las cosas correctamente.

Que bueno que exigimos cambios, pero mejor sería cambiar. Que bueno que existe el libro verde, aunque de manera personal hubiese preferido, un libro multicolor.

 

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