Por una nueva estrategia de desarrollo: Una respuesta al artículo del BC sobre el modelo económico dominicano

Por Víctor Manuel Peña miércoles 9 de enero, 2019

En un reciente artículo del Banco Central, intitulado Modelo Económico Dominicano: ¿cambio o ajustes?, los técnicos de esa institución monetaria abordan en realidad la estrategia de desarrollo que se ha estado aplicando en nuestro país en las últimas décadas.

En verdad, el susodicho artículo debió haberse llamado propiamente Estrategia de Desarrollo Dominicana: ¿Cambio o ajustes?

Claro, los técnicos del Banco Central de entrada establecen la diferenciación que hay entre el concepto amplio o lato de modelo y el concepto estricto, restringido o limitado del mismo. Y dentro del concepto limitado de modelo es que ubican la estrategia de desarrollo.

Como economista que soy yo no conozco todavía la primera formulación formal, expresado tácitamente a través de un lenguaje matemático estructurado, sobre la estrategia de desarrollo que viene aplicando el Estado dominicano desde la década de los 90, concebida ésta como expresión y constructo mental en el marco del concepto restringido de modelo.

Todo modelo en Economía, como abstracción o simplificación de la realidad material, tiene dos aristas: una arista conceptual ubicada dentro de la economía teórica y una arista práctica ubicada dentro de la economía aplicada.

Una estrategia de desarrollo como política pública se ubica fundamentalmente dentro de la economía aplicada.  Claro, toda política económica debe tener un soporte teórico.

¿Cuál es el soporte teórico de esa estrategia de desarrollo dominicana? Los técnicos del Banco Central no explican eso, y solo se limitan a decir que esa estrategia de desarrollo es una consecuencia de la aplicación de “políticas de mercado y de la apertura externa”, es decir, pasamos de la “estrategia de sustitución de importaciones a la estrategia basada en políticas de mercado”.

Pero a los técnicos del Banco Central se les olvidó que la economía dominicana es fundamentalmente o hegemónicamente capitalista desde la década del 40 del siglo XX, y toda economía capitalista es una economía de mercado.

La estrategia de sustitución de importaciones, correcta o no, trunca o no, no se hizo para anular o sustituir el mercado, sino para apuntalar el desarrollo de la economía capitalista y, por tanto, del mercado.  Claro, la estrategia de sustitución de importaciones fue impulsada por el Estado dominicano, principal actor político, económico y social de la República Dominicana en los decenios del 50, del 60 y del 70 del siglo XX.

Paradójicamente la estrategia de políticas de mercado y de apertura externa la aplica también el Estado dominicano.  Pero esa estrategia de desarrollo basadas en políticas de mercado y de apertura externa entra abiertamente en contradicción con la estrategia nacional de desarrollo de cara al 2030 contemplada en la ley 1-12.

Los cuatro ejes estratégicos contemplados en esa ley no hablan de políticas de mercado y de apertura externa sino de construir un “Estado social y democrático de derecho con instituciones que actúan con ética y responsabilidad al servicio de una sociedad responsable y participativa que garantiza la seguridad y promueve la equidad, la gobernabilidad, la convivencia pacífica y el desarrollo nacional y local”.  El segundo eje estratégico habla de forjar una “sociedad con igualdad de derechos y oportunidades, en la que toda la población tiene garantizada la educación, salud, vivienda digna y servicios básicos de calidad, y que promueve la reducción progresiva de la pobreza y la desigualdad social y territorial”. El tercer eje estratégico plantea una “economía territorial y sectorialmente integrada, innovadora, diversificada, plural orientada a la calidad y ambientalemente sostenible, que crea y desconcentra la riqueza, genera crecimiento alto y sostenido con equidad y empleo digno, y que aprovecha y potencia las oportunidades del mercado local y se inserta de manera competitiva en la economía global”.  Y el cuarto eje estratégico nos dice lo siguiente: “una sociedad con cultura de producción y consumo sostenibles, que gestiona con equidad y eficacia los riesgos y la protección del medio ambiente y los recursos naturales y promueve una adecuada adaptación al cambio climático”.

O sea que la conceptualización de la estrategia nacional de desarrollo contenida en la ley 1-12 va mucho más allá de la estrategia de desarrollo minimalista o economicista del Banco Central.

En otras palabras, la estrategia de desarrollo de un Estado, y mucho más la de un estado de un país subdesarrollado, tiene que ir más allá de las políticas de mercado y de la apertura externa. Además, una estrategia de desarrollo no se limita solo al ámbito económico de la sociedad.

Eso significa que en esa taxonomía, terminología y nomenclatura del Banco Central, tanto las políticas económicas de demanda agregada (política fiscal y política monetaria) como las políticas de oferta agregada (política industrial, política comercial, política agrícola y política de desarrollo científico-tecnológico) son políticas de mercado.

Y viendo el asunto en el estricto marco de la economía teórica y de la economía aplicada no es posible disminuir y mucho menos corregir los grandes desequilibrios sociales (desigualdad, pobreza, marginalidad y exclusión) ni que el Estado se aproxime al logro del bien común y de la justicia social mediante la simple conversión de las políticas económicas de demanda agregada y de oferta agregada en políticas de mercado y de apertura externa.

Según los técnicos del Banco Central esa estrategia de desarrollo basadas en políticas de mercado y apertura externa tiene tres pilares clave: Turismo, zonas francas e inversión extranjera.

Una estrategia de desarrollo integral no debe limitarse a tres sectores, los cuales por la misma esencialidad de su funcionamiento dan cuenta de las grandes vulnerabilidades de la economía dominicana por estar sometida a las fluctuaciones y volatilidades de la economía mundial.

¿Cómo reducir esas vulnerabilidades cuando la economía mundial deja de crecer o entra en crisis depresivas o recesivas? La respuesta a esta pregunta implica que hay que asignarles su espacio a los sectores agropecuario, industrial, agroindustrial, al sector financiero, sector minero, energético, transporte y provocar cambios profundos en las estructuras de distribución y redistribución del ingreso para redimensionar el mercado interno, de tal manera que la economía pueda mantener, por lo menos mínimamente, su senda de crecimiento frente a fluctuaciones y volatilidades de la economía mundial.

A partir de mencionar esos “tres pilares clave”, los técnicos del Banco Central se envuelven en la madeja de su tradicional discurso de la economía descriptiva que han practicado siempre: La tasa de desempleo abierto es de 5.6 %, el índice de crecimiento de los precios agregados fue de 6% de 1992 al 2017 y que hoy ese índice es de 1.3%, las exportaciones han crecido por el influjo de los servicios, la inversión extranjera ha promediado cerca de 2500 millones anuales desde el 2010 y las reservas internacionales brutas y netas se sitúan por encima de los 7600 millones de dólares y el crecimiento del PIB nominal y del PIB real, situando el crecimiento de último agregado económico en 7% en el 2018.

Esa estrategia de desarrollo no ha sido capaz de vencer (romper o anular) el nudo gordiano (o cuello de botella) que estructuralmente ha impedido siempre que los sectores industrial y agropecuario respondan significativamente al acicate que representa la depreciación de la moneda nacional, por lo que las exportaciones de estos sectores no han respondido dinámica y significativamente, en el tiempo histórico –largo plazo- de 28 años, al estímulo que representa, repito, la depreciación de la moneda.

Con una estrategia de desarrollo que promueva permanentemente la innovación, base esencial para el aumento sostenido de la productividad y de la competitividad en el nuevo paradigma impuesto por la globalización, la competitividad y el quantum de las exportaciones de bienes  hubieran aumentado significativamente en el largo plazo de 27 ó 28 años que hemos agotado desde 1991. Y más aún, los ingresos generados por las exportaciones de bienes y de servicios hubieran superado el rango de los 30 mil millones de dólares en ese largo que hemos recorrido como nación.

Pero donde los técnicos del Banco Central le ponen la tapa al pomo es cuando entran marginalmente en la elucidación de los efectos sociales de la estrategia de desarrollo dominicana a ver si ha tenido algún impacto sobre el desarrollo económico al señalar que “ha habido progresos en cuanto a la reducción de la pobreza, nutrición infantil y esperanza de vida”, de tal manera que la pobreza general ha sido llevada de 49.5% a 25.5% según el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo.

¿Y cómo es posible que la pobreza haya disminuido astronómicamente cuando el coeficiente de Gini apenas ha pasado de 0.439 en 1991 a 0.406 en el 2015? Es decir, ¿cómo es posible que la pobreza general o monetaria haya disminuido tanto cuando la distribución del ingreso y de las riquezas sigue estando altamente concentrada en ese período tan largo de 24 años?

Ahí hay una abierta e insuperable antinomia (contradicción) que no hay manera de que el Banco Central pueda explicar. Es decir que el artículo del Banco Central queda atrapado en esa insalvable contradicción.

Es lamentable que los técnicos del Banco Central hayan hecho suya la metodología de medición de la pobreza que utilizó el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo, metodología tan anticuada y obsoleta que ya no está en uso ni siquiera en los países más atrasados de África.

Como se ve claramente, los efectos o resultados sociales de la aplicación de esa estrategia de desarrollo durante los últimos 27 ó 28 años han sido sideral o galácticamente muy pobres.

Está probado y demostrado hasta la saciedad que esa estrategia de desarrollo solo garantiza de cara al corto, mediano y largo plazo la estabilidad macroeconómica con crecimiento del producto interno bruto.  De 1991 al 2018 hemos agotado el largo plazo y hemos visto que esa estrategia es incapaz de articular el crecimiento económico al desarrollo económico y social.

Sí se impone la reinvención ya de esa estrategia de desarrollo o de ese modelo.

Esa estrategia de desarrollo es una estrategia desarrollista, un desarrollo sin desarrollo, o un modelo de desarrollo sin desarrollo, es decir, un modelo que no rebasa las fronteras del desarrollismo.

Esa estrategia es desarrollista porque promueve, profundiza y agrava la distribución y la redistribución regresiva de las riquezas, aumenta la pobreza, no garantiza empleos productivos y bien remunerados, no garantiza una indexación adecuada y apropiada de los sueldos y salarios periódicamente, no vincula de manera significativa los sectores de servicios a los sectores productivos internos y depende para su financiación más del ahorro externo que del ahorro interno, colocándonos en la permanente ruta del endeudamiento externo, cuyo costo se dispara enormemente cuando hay la deliberada política cambiaria de aupar la depreciación continua, sostenida y progresiva del tipo de cambio como ocurre actualmente.

Es muy deplorable que ese artículo, escrito por una institución como el Banco Central, haya sido concebido como un ariete para apuntalar, muy sutil y subliminalmente, el plan reeleccionista, sabiendo esa institución del Estado dominicano que constitucionalmente hablando la reelección es un imposible, porque la Constitución nuestra la prohíbe tácita y taxativamente.

¡Es hora ya de que definamos y apliquemos una estrategia de desarrollo más integral, inclusiva y progresista y que conecte el crecimiento económico al desarrollo económico y social!

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