¿Por qué…por qué… por qué, las matan?

Por Rolando Fernández viernes 27 de enero, 2017

¿Quién dará reales respuestas? La verdad es que, el leer casi a diario en la prensa local sobre algún asesinato a una mujer por parte de su pareja, o ex, tiene que llamar poderosamente la atención a cualquier persona pensante, por más que se procure ignorar la temática.

Y es que, resulta inconcebible, el que alguien se incline por segar fríamente, de ordinario con premeditación, la vida de un ser humano con quien se ha estado compartiendo por algún tiempo momentos de paz y placer; que a veces hasta ha servido como soporte emocional en determinadas situaciones adversas o dolorosas, de esas que súbitamente se presentan.

Que, en adición, por lo regular ha permitido la formación de una tribu sanguínea, proporcionando al sexo opuesto los vástagos para la conservación genética individualizada de cada cual, como el aumento obvio de la especie humana, compuesta por los microcosmos representativos, con tan importantes roles que desarrollar tienen, en el ámbito evolutivo del Universo.

Pensar nada más en que los feminicidios se puedan producir, a veces de manera tan salvaje, resulta escalofriante es incomprensible, al tiempo que provocan un desconcertante estado emocional, sin importar el que se sea afectado o no, directa o indirectamente. Su concretización se reporta aun peor, y de inmediato hace preguntarse de forma repetida: ¿por qué…por qué…por qué, las matan?

¿Qué ha movido a ese hombre a cometer tan execrable crimen? Es siempre la pregunta obligada. Evidentemente, razones muy poderosas tienen que estar en la base de las acciones de ese tipo, en contra de un congénere (mujer) tan especial, el innegable ser más importante que existe sobre el planeta Tierra, por sus roles diversos a cargo, incluido el de la procreación divina permitida, sin la cual no habría aumento, como conservación de la especie, y sería imposible el curso evolutivo de las Almas que aquí encarnan, ingresan a través de ella. ¡La mujer constituye el puente imprescindible para tal propósito! De ahí lo improcedente de la agenda gay en cualquier latitud mundial.

Motivos muy especiales deben haber, por supuesto, en los hechos de tal naturaleza. “Eso no es cuestión de celos, o de que tú no quieres volver a juntarte conmigo” como es lo que siempre se está esgrimiendo en busca de justificar, desde los diferentes ámbitos asociados, que se entienden preventivos.

Causas de mucho mayor peso de seguro subyacen, y son las que se debe procurar definir en todos sus contextos, para ir en pos entonces de concienciar a los representantes de ambos sexos, a los fines de minimizar hasta el mayor grado posible los llamados feminicidios, que ahora no solo se dan en las relaciones hombre-mujer, sino que se producen además entre lesbianas, lo cual viene a complicar más aún la ecuación por resolver, aunque justifique el factor provocante “celos” a que siempre se alude

El marco para las exhaustivas investigaciones y análisis concluyentes necesarios, no son las páginas de los periódicos, o los mal fundados alegatos feministas, bajo la nueva corriente de pensamiento denominada “liberación”, aunque en esa concepción que se abriga, hay bastante tela por donde cortar, debido a mala asimilación inductora observada, como a las cuestionadas acciones “mujeriles” que se derivan.

Tampoco es de utilidad la realización de eventos públicos sociales, nada más que para denunciar, y proponer aéreas soluciones, ante un flagelo tan alarmante ya, que incluso ha puesto en entredicho la prevención de carácter judicial.

Aunque algunos así no lo crean, lo cual no impide pueda ser, tienen que haber motivos provenientes tanto del entorno mundanal, como del Universo inmanifesto, los más complejos e intrincados, por lo que esos últimos también deben ser investigados y ponderados por quienes estén capacidad de hacerlo, sin fanatismos religiosos, claro, para ofrecer algún tipo de solución viable respecto del tema abordado.

Siguiendo con esa línea final, somos de opinión que, siempre hay que irse al origen de todas las causales posibles en torno a las cosas que se quieren desentrañar, y que nadie sobre este planeta está en capacidad de negar la verdadera esencia de la humanidad: espiritual.

De que los hombres en realidad somos entidades espirituales revestidas de una estructura carnal perecedera, que visitan periódicamente el plano de la materia física densa, por lo que el mundo sutil de aquellas es una realidad; y, que aquel está interconectado con el Universo manifiesto, la Tierra, en términos de las repercusiones necesarias.

En ese tenor se sostiene dentro de la Doctrina Espírita que: “El Alma retorna al mundo espiritual llevando consigo todas sus cualidades, malas buenas”, desde donde también se puede manifestar a posteriori en consonancia con tales. Eso, concluida cada encarnación terrenal.

“Que los espíritus tanto encarnados como desencarnados pueden obsesar a otros, induciéndoles a cometer, determinadas acciones, o actos despreciables, que se dan por odio, por el sentimiento de venganza u otro sentimiento perverso. Son espíritus esos que se sintieron perjudicados por nosotros, en esta encarnación o en otras anteriores”.

Es obvio se entiende, proceden de manera retaliatoria”, cuando ya no están físicamente con los demás, o bien estándolo, en envolturas carnales diferentes, Procuran cobrarse al parecer, todo lo malo que se les pueda haber hecho. También “afligen, causan depresión, e influencian de forma perniciosa prolongada”, con efectos directos en lo humano, la personalidad.

A partir del análisis ponderado de esas aseveraciones, por los vínculos innegables entre los dos mundos – físico denso, y sutil espiritual -, no sería osado el plantearse, que algunas de las razones que provocan los llamados feminicidios se podrían ubicar dentro del ambiente espiritual también, debido a obsesiones que se puedan verificar.

Precisiones importantes hay ahí, en esa última parte, para los que siempre andan en busca de saber; que no se conforman con lo convencional religioso nada más; como, en quedarse con las inquietudes de conocer sobre el eventual origen de algunos sucesos que se verifican en el terreno de los hombres.

Y, el edificarse en cuanto al otro mundo sutil conexo al nuestro, al que regresamos después de estar aquí encarnados, la casa verdadera, y de donde provienen tantas cosas intrincables en el marco de la mente humana, según los que saben, que podrían asociarse también con los denominados feminicidios.

¡Qué sirvan esas de aguijones para las investigaciones procedentes, esperamos!