¿Por qué se la juega el planeta en la COP26 de Glasgow?

Por Alfredo de la Cruz

Hoy les escribo sobre la vigésima sexta Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (la COP 26) ¿Qué es y por qué se celebra? ¿Por qué son necesarias más reuniones después de haberse celebrado tantas? Les hablaré del Protocolo de Kioto de 1997 y del Acuerdo de París de 2015. ¿Por qué la COP26 es nuestra última oportunidad para salvar la vida del planeta? También de las llamadas, cero emisiones netas. Y de como una potencial ausencia de Xi Jinping a la cumbre de Glasgow, el informe de Amenaza Ecológica (ETR) del Instituto para la Economía y la Paz (IEP), junto con el presupuesto de Estados Unidos para el 2022 y la agenda medioambiental del presidente Joe Biden se interrelacionan con este tema.

 

Comenzó ayer domingo, en la ciudad escocesa de Glasgow, en Escocia, Reino Unido, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 26) con el trasfondo de un mundo sacudido por la pandemia del COVID-19 y a punto de agotar la última oportunidad para que la humanidad pueda evitar la catástrofe climática.

 

El presidente dominicano, Luis Abinader, suspendió su asistencia a la misma, debido al acentuado deterioro de la gobernabilidad del vecino Haití. Información que sirvió el vocero de la presidencia, Homero Figueroa, mediante un comunicado oficial.

 

De acuerdo con la página de Naciones Unidas, la COP26, es la vigésima sexta conferencia del clima, la mayor y más importante conferencia relacionada con el clima del planeta. En 1992, Naciones Unidas organizó un gran evento en Río de Janeiro, con el nombre de: la Cumbre de la Tierra, en el que se adoptó la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

 

En este tratado, las naciones acordaron “estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera” para evitar, la interferencia de la actividad humana en el clima. Al día de hoy, el tratado cuenta con 197 países signatarios. Desde 1994, en que entró en vigencia este tratado, Naciones Unidas ha reunido, a la mayoría de los países del planeta, todos los años, en cumbres mundiales sobre el clima, conocidas como las “COP”, por lo de “Conferencia de las Partes”.

 

Este año se debería haber celebrado la cumbre anual vigésimo séptima, es decir la numero 27, pero, por la epidemia del COVID-19, el año pasado no hubo convocatoria; por eso, este año se celebrará la vigésimo sexta conferencia, es decir la COP26.

 

Ustedes se preguntarán ¿Por qué más reuniones sobre este tema? ¿Por qué la COP26?

 

Miren, durante estas conferencias, se han negociado diferentes ampliaciones del tratado, buscando establecer límites, que sean vinculantes en términos jurídicos, a las emisiones de gases de efecto invernadero y para definir también, un mecanismo de aplicación para la evaluar el cumplimiento.

 

Así surge, el Protocolo de Kioto de 1997, que definió los límites de emisiones que las naciones desarrolladas debían alcanzar para el año 2012; también el Acuerdo de París de 2015, en el que todos los países del mundo acordaron intensificar esfuerzos para intentar limitar el calentamiento global a 1,5 °C por encima de los niveles que se tenían en la era preindustrial, e impulsar la financiación de las acciones sobre el cambio climático. El planeta tierra está ahora 1,1° grados centígrados más caliente que al comienzo de la revolución industrial.

 

Entonces, durante la COP26, entre otras cuestiones, se busca finalizar el reglamento de París, que son las normas necesarias para la aplicación del acuerdo. En esta ocasión, tendrán que acordar plazos comunes, sobre cada que tiempo se hará la revisión, así como el seguimiento a los compromisos climáticos.

 

En sentido general, París fijó como meta: limitar el calentamiento en términos ideales a 1,5ºC, ahora Glasgow se convierte en la última oportunidad para llevarlo a realidad.

 

Pero ¿Por qué, a decir de algunos, la COP26 es nuestra última oportunidad?

 

El cambio climático, ya no es solo, un incómodo problema, se ha convertido en una emergencia mundial que amenaza la vida del planeta en los próximos treinta años. El problema es que, aunque se cumplan los objetivos de Paris, el mundo se precipita hacia un peligroso aumento de la temperatura global de al menos 2,7°C en este siglo.

 

Entonces, la ciencia nos dice: un aumento de las temperaturas de esa magnitud para finales de siglo podría bien suponer, entre otras cosas, el aumento del 62% de zonas calcinadas por incendios forestales en el hemisferio norte en los veranos, la pérdida del hábitat un 33% de los mamíferos del mundo y períodos de sequías más recurrentes y de mayor duración.

 

De hecho, esta “catástrofe climática”, como la califica el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, está afectando ya, de manera letal, a las zonas más vulnerables del planeta, como el África subsahariana, o los pequeños Estados insulares, que se ven azotados por la subida del nivel del mar. Lo que debería ser desde hace tiempo, objeto de mucha preocupación acá en República Dominicana y en Haití, las dos naciones que comparten la isla de La Española o Isla de Santo Domingo.

 

Es por esto que, para numerosos científicos, un escenario de calentamiento de 1,5°C es el “único futuro habitable para la humanidad”. Pero el tiempo va de prisa, y el mundo necesita, para poder limitar el calentamiento global reducir, al menos a la mitad, las emisiones de gases de efecto invernadero a lo largo de la próxima década.

 

Esto es sin duda, una tarea gigantesca que, la única manera de llevarla a cabo es que los líderes que asistan a la conferencia presenten planes ambiciosos, con plazos concretos y una carga de trabajo que en principios fije eliminar el carbón y transformar las economías de sus países, para poder alcanzar las cero emisiones netas. Lo que en otras palabras significa que, no se estaría agregando nuevas emisiones a la atmósfera. En la práctica, las emisiones continuarían, pero se equilibrarán absorbiendo una cantidad equivalente de la atmósfera. ¡Ese es el desafío!

 

Un detalle preocupante es que, el presidente chino, Xi Jinping podría no asistir a la COP 26. De acuerdo con el diario londinense, The Times, el primer ministro británico, Boris Johnson habría sido informado que Xi no acudiría, lo que acrecienta el “pesimismo” respecto al “éxito de la cumbre”. Sin embargo, esta noticia, debemos verla en conjunto, con otras situaciones que han surgido en estos días, como:

 

El Reporte de Amenaza Ecológica, del Instituto para la Economía y la Paz (IEP); la presente crisis energética global y su relación con los problemas respecto de la transición hacia la energía verde (para lo cual les recomiendo un trabajo de The Economist, de la semana pasada, donde explican ampliamente este tema), y una preocupante noticia que nos llega desde Estados Unidos, pues al parecer, la gran iniciativa que el presidente Joe Biden, intenta pasar en el Congreso de aquel país, sobre políticas sociales y ambientales, muy probablemente tendrá que escindirle, la parte ambiental, para alcanzar los votos que garanticen su aprobación en el Senado.

 

El Instituto para la Economía y la Paz (IEP) efectuó una serie de correlaciones con sus otros dos índices: el Índice Global de Paz y el Reporte de Paz Positiva, para tratar de entender mejor la correlación entre los temas ambientales con la violencia, la paz, y la resiliencia socioeconómica que exhiben los países más pacíficos del planeta.

 

Uno de sus más importantes hallazgos fue, el círculo vicioso que se genera entre la degradación ecológica y el conflicto violento. Mientras mayor degradación ecológica existe, mayores probabilidades hay de que estallen conflictos violentos, pero también, en sentido inverso, los conflictos violentos generan mayor degradación ecológica.

 

Este reporte invita a las organizaciones internacionales, locales y a los gobiernos, a asumir enfoques integrales en la atención a las degradaciones ecológicas más severas. Porque, si bien, hay que mitigar los impactos por escasez de alimentos, de agua o por eventos de la naturaleza, concomitante se necesita edificar o reforzar las estructuras, y las actitudes que pueden crear y sostener la paz. Los que nos llevará al combate de la desigualdad socioeconómica, el respeto de los derechos humanos, pero, además, a la construcción y solidificación de instituciones eficientes, con un enfoque de desarrollo del capital humano y el combate a la corrupción.

 

Es cierto que, varios de esos aspectos, para tener éxito, no podrán ser atendidos de manera local únicamente. Como prototipo tenemos el tema corrupción. Pues, los esquemas transnacionales bajo los que esta o el lavado de dinero pueden evadir a las autoridades nacionales, obliga a que los diferentes países tengan que cooperar y coordinarse, estableciendo compromisos, acciones y mecanismos para poder hacer esas acciones, vinculantes, verificables y que su incumplimiento tenga consecuencias.

 

La ausencia de Xi Jinping a la cumbre de Glasgow, podría ser un duro golpe a esas aspiraciones de cooperación internacional, muy parecido a lo que fue, en su momento, el mazazo de Donald Trump, cuando anunció la salida de Estados Unidos del, Acuerdo de París. Lo que afortunadamente remedió, el actual presidente Joe Biden, al reincorporar a Estados Unidos al mismo.

 

China, es el país que más contamina el planeta, pues es responsable del 27% de las emisiones de carbono. Se especula que esta ausencia de Xi, podría significar que aquel país, tendría la intensión de negarse a establecer unos objetivos climáticos más ambiciosos y radicales. Sin embargo, el problema no es solo China, hasta ahora, gran parte de los países del G20, no han expresado de manera pública sus compromisos en ese sentido.

 

Ahora mismo, de acuerdo con The Economist la cooperación internacional es indispensable en todo lo que tiene que ver con la transición de energías contaminantes hacia más limpias. Pero “mientras los países se preparan a comprometerse en este esfuerzo, se está produciendo, ante sus mismos ojos, el primer gran susto energético de la era verde: Los precios del petróleo, el carbón y el gas se han disparado desde mayo, en un 95%.

 

En Reino Unido que es el anfitrión del evento, han vuelto a encender sus centrales eléctricas de carbón, que estaban apagadas. Los precios de la gasolina, en Estados Unidos han superado los 3 dólares el galón, en algunos estados. China e India han sido golpeadas por fuerte apagones y Vladimir Putin, le recuerda a Europa que el combustible que les llega depende de la buena voluntad de Rusia.

 

De todo esto extraemos que, no se ha hecho a nivel global, la inversión suficiente, para cubrir con energías limpias, el desabasto que se ha ocasionado. La pandemia generó, una crisis en la demanda energética que se mantuvo en sus mínimos históricos. Pero según la demanda ha ido subiendo, se ha puesto de manifiesto este gran problema. En otras palabras: la inversión en energías fósiles se había ido restringiendo, sin existir el contrapeso en energías renovables que pudiera cubrir la demanda existente.

 

Y es justo aquí que conectamos con Estados Unidos, ya que la parte más importante, de la agenda medioambiental del presidente Joe Biden, un programa que busca reemplazar las centrales eléctricas de carbón y gas en Estados Unidos por centrales con energía eólica, solar y nuclear, es muy probable que se tenga que eliminar, del proyecto de presupuesto del presidente Biden que cursa en el Congreso estadounidense. Pues, la oposición del senador Joe Manchin, un demócrata de Virginia Occidental, muy ligado a una industria que se ve amenazada por esta política ambiental, tiene la agenda social y climática de Biden muy mal parada, ya que, sin su voto no pasará. El gran problema es que Manchin, ve esta propuesta como insostenible y la ha calificado de “locura fiscal”.

 

Para concluir, pienso que, los efectos que está viviendo ya el mundo, son de una gran crisis sistémica que no se explica solo en temas climáticos o en las consecuencias de los fenómenos naturales. Si no, que a estos hay que agregar temas de otros tipos, cuyos vínculos con la degradación ambiental están bien documentados y sus consecuencias se sienten en todo el mundo: los conflictos armados y los desplazamientos humanos.

 

De manera que, se requiere una gran cooperación, y acción coordinada. Muchísima imaginación y creatividad, lo que implica pensar fuera de la usanza común, sino para resolver esta crisis de una vez y por todas, al menos para intentar mitigar todos sus muchos efectos. Esto implica, atender de manera integral, distintos aspectos y deficiencias en lo nacional, pero al mismo tiempo promover la colaboración multilateral a nivel global.

 

Por Alfredo De la Cruz

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