¿Por qué permitirlo, y no se le ha puesto coto?

Por Rolando Fernández jueves 6 de febrero, 2020

Al plantearse tal interrogante, con respecto a todas las deshonras de que viene siendo objeto el cementerio “Cristo Redentor”: robos, atracos, vandalismos en general, ruta para transporte de pasajeros, etc., de inmediato cualquiera respondería, “¡por lo mismo que a todo ese desorden escenificado en el país!”, que lo han convertido en una selva de cemento. Más aún eso, cuando se está en jornadas electorales, que se le voltea la cara para ignorarlo, por falta de autoridad notoria; como, de conveniencias políticas innegables.

Ya aquí ni siquiera los fieles difuntos tienen derecho a descansar en sus moradas últimas; ni, tampoco pueden recibir las visitas periódicas de sus deudos, por el temor que acosa, en el sentido de ser atracados por las bandas de antisociales que allí operan; que se mueven con toda libertad, incluso en motores, y hasta en carros y guaguas púbicas; y, que son capaces de segarle la vida a cualquiera para robarlo, mientras se permanece en el camposanto.

En ese sentido las quejas de muchas personas llueven a granel, ante los oídos sordos del personal que allí administra, como los agentes del orden público, a los que correspondería proceder en consecuencia.

Pero, ¡hay más!, pues también están los “hurtos, o despojos directos en nichos y panteones. Se llevan todos los objetos posibles, candados, cadenas, puertas de hierro, como hasta los velones y las flores que en esos se depositen. ¡Qué barbaridad!

Tremendo reportaje ese que, sobre el particular tratado, aparece publicado en el periódico “HOY”, del 3-2-20, página 12B, en que se destacan determinados aspectos de la arrabalización que allí se tiene, haciéndose marcado hincapié, sobre la vía para transporte de pasajeros en que ha sido convertida su arteria de tráfico principal; se cruza la gente de Norte a Sur; y, se utiliza hasta para el desplazamiento de vehículos pesados. “Choferes convierten Cristo Redentor en vía transporte de pasajeros”. ¡Cuántas desaprensiones!

Lo más lamentable es que, en los momentos electorales en que vive esta nación, nadie le va a hace caso a nada de eso. Ahora todo se trata de buscar votos; de los trabajos oportunos de la Junta Central Electoral (JCE); y, de si procede o no el voto automatizado; como, la compra de cedulas, entre otras yerbas aromáticas relativas.

En estos precisos instantes dice el Cabildo del Distrito Nacional, “que tiene en planes cerrar la puerta trasera del lugar, después que se levante la verja perimetral que divide el cementerio del barrio Villa María”.  ¡Hace varios años que desapareció esa pared! ¿Y? La otra gran pregunta es, ¿desde cuándo se viene dando ese desorden? No es la primera vez que se producen denuncias y quejas en tal sentido.

Y, es obvio que, no se ha querido hacer nada. Pero, algo se tiene que decir en el presente, para entretener a los preguntones de la prensa.  Qué no sigan cacareando sobre la temática, pues se está en año electoral, y los votos hay que buscarlos. ¡Los finados, no sufragan!

En esa línea, muchos ciudadanos incluso creen, que las inobservancias de ese tipo, no solo a nivel del camposanto “Cristo Redentor”, sino de algunos otros aquí, son adrede; y, que las mismas, en apariencia, no solamente guardan estrecha relación con la ausencia de autoridad fehaciente en esta nación, como la politiquería de estilo; sino que, hay algo más subyacente en el asunto.

Se refieren, además. a que se producen con el objetivo de favorecer el incremento de los cementerios privados en el país, el gran negocio, en maridaje con los políticos; lo cual tiene el agravante de que, un amplio segmento de la población no puede tener acceso a los mismos, debido a los alto costos que la decisión implica. ¡Qué se puede hacer!

Y que, en adición, muchas personas tienen ya propiedades adquiridas en los camposantos objeto del desorden mayúsculo denunciado, para llevar a sus muertos, cuando se presente la ocasión, y poder visitarles con regularidad; que no las van a dejar botadas; que se les está forzando a abandonarlas cada vez; para que se vayan de allí, y den beneficios a los suplidores privados de ese servicio mortuorio.

Autor: Rolando Fernández

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