¿Por qué no se compró el edificio del Consulado?

Por Rolando Robles

Aun y cuando no conocíamos los detalles pormenorizados, intuíamos que el asunto no era tan sencillo como lo presentaron algunos amigos colegas y periodistas, porque hay informaciones a las que no tenemos acceso y por tanto, no podíamos especular sobre su alcance y motivaciones. La cosa era más corta o más larga pero, no del tamaño que parecía.

De modo que me dispuse abordar al doctor Rafael Lantigua, presidente de la comisión nombrada por Luis Abinader para comprar el edificio que alojaría tanto al Consulado de Nueva York, como a gran parte de las dependencias estatales dominicanas que interactúan con la comunidad residente en esta ciudad y el resto de Estados Unidos.

Lo primero que me exigió el viejo amigo y galeno fue una “entrevista formal”, no por teléfono, donde pudiera él, mostrar todos los datos relacionados con el caso y donde no se le pusiera límite de tiempo a su exposición, Me extrañó esta clase de demanda de parte de un hombre que conozco desde 1957; pero luego comprendí que él estaba algo molesto por el juicio expuesto -sobre su declaración de que ya no se iba a comprar el edificio seleccionado- por algunos periodistas que él consideraba como muy serios y objetivos, por demás.

El edificio en cuestión está situado en el 12E, 53rd. street, New York, NY. Esto es entre las avenidas Quinta y Madison, a tres cuadras de la catedral de San Patricio, a unos pasos del tren subterráneo o “subway” y muy cerca de las Naciones Unidas. El precio convenido por la comisión negociadora y los dueños, fue de unos $26.5 millones, es decir, $5.5 millones menos de lo que pedían originalmente y $4.5 millones mas de lo que querían pagar los comisionados.

Para llegar a esa oferta inicial de aproximadamente $22 millones que le hicieron a los dueños, la comisión tuvo que buscar la opinión de tres expertos y nos decidimos -como corresponde cuando se compra por encargo- por hacer una puja de $4 millones menos que la más baja de las tres presentadas por los especialistas, que era de $26 millones; las otras dos eran de $28 y $30 millones c/u. La presentada por los dueños fue de $32 millones.

Previo a alcanzar este nivel en las negociaciones, la comisión hubo de obtener varios documentos para avalar la no objeción a esta compra, que aunque no es mucho dinero, por la zona en que se localiza el inmueble, para nosotros los dominicanos, son unos 1,500 millones de pesos, una verdadera fortuna.

Lo primero fue obtener un certificado del gobierno de la ciudad de garantía ambiental y otro en el aspecto estructural. Mas luego hubo que certificar, esta vez por el estado de New York, que el edificio no tenía cuentas pendientes por pagar. En esas condiciones de claridad, solicitamos la aprobación del Departamento de Estado que certificó el uso del edificio como oficinas consulares. Lo que si se encontró en la investigación fue una deuda a particulares de unos $5,000.00 pero, como dice el refrán: “palo largo, no se pisa base” y la comisión aceptó pagarlo cuando llegare la ocasión.

Raffi Lantigua dio la información de que se había descartado la compra del edificio para no ser deshonesto de su parte, hablando mentiras a la gente que ha convivido con él durante casi 50 años. “Yo pude haber evadido a la periodista que me interrogó diciendo que se estaba trabajando en eso, como hace la mayoría de los políticos pero, mentir es un lujo que yo no me permito disfrutar, sobre todo, sabiendo que ya el Presidente había tomado una decisión”.

Más luego el doctor -que estaba evidentemente “quillao” con algún periodista- explicó que el asunto del tamaño del edificio era una gran mentira. Alguien había dicho que la compra del inmueble “no lucía seria” porque tenía el mismo tamaño en pies cuadrados que el actual Consulado. No alcanzo a entender el significado de esta expresión pero, si entiendo que Lantigua se sintiera molesto porque “alguien” afirmara lo del tamaño de los dos espacios en cuestión, sin haber medido ninguno de ellos.

La segunda razón para “no lucir seria” -la propuesta de compra del inmueble- es aún mas desconcertante, y se basa en que dos personalidades dominicanas -el congresista Adriano Espaillat y el médico internista Raffi Lantigua- están incapacitados para ser parte de la comisión que el Presidente encargó de recomendar la compra del dichoso edificio.

Mi confusión con este asunto es porque el doctor Lantigua es un funcionario de la corporación que dirige el Centro Médico Presbiteriano y además, es vicedecano en Columbia University y supongo que en esas funciones, debe haber tenido que formar parte de comisiones de mucho mayor envergadura que la nombrada para comprar el edificio señalado; tal vez, por esas mismas razones Luis Abinader lo puso al mando de la misma.

En lo relativo al congresista Espaillat, es muy cierto que declinó amablemente la distinción -por razones de formalismos legales del Estado, supongo- pero, siendo un  legislador federal, es miembro de cuando menos, seis (6) comités de trabajo de la Cámara de Representantes; su capacidad es innegable. Qué lástima que Adriano, por su estatus de legislador, no pueda ayudarnos con ciertos asuntos de perfil dominicano.

Nos cuenta el amigo Raffi Lantigua que él y el arquitecto Bernardo Arias midieron todos los espacios que ocupa el Consulado en el 1501 de Broadway y sumándole las demás oficinas del Estado que funcionan en la sede consular, disponen de casi 12,000 pies cuadrados. El edificio que se trataba de comprar es de 24,500 pies cuadrados y si se traslada el Consulado íntegro al nuevo edificio y se incluyen las oficinas de la Misión Dominicana ante la ONU y las de Turismo, aún quedarían 5,500 pies cuadrados para futura expansión.

Pero donde mas molesto lució el doctor Lantigua  fue en lo del 5% del precio total, que se dio como inicial para asegurar el negocio; se realizó una transferencia bancaria de $1,325,000.00 de parte del Gobierno dominicano, a través de BANRESERVAS, el día 20 de enero de 2022 y al decidir no comprar el edificio, el Gobierno dominicano recibió un reembolso por la misma cantidad ($1,325,000.00) mediante el  cheque #1658 del TD Bank, el día 15 de marzo de 2022, cinco días antes de la fecha fijada para cerrar la transacción. El Estado dominicano no perdió un solo centavo por no haber comprado.

Lo que queda pendiente es saber las razones por las que el Presidente decidió abortar la importante transacción. Cuenta el doctor que cuando se disponían a negociar con los “landlords” lo de la desocupación de los locales alquilados al momento, ellos querían que se les pagara lo restante del contrato de arrendamiento, algo que no es nuevo en este país y que encarecería el precio total a pagar por el edificio en unos $5 millones extras. No dejaron ningún margen para negociar nada porque creyeron que estábamos en una situación de emergencia extrema.

La decisión final fue: aplazar la compra hasta que esta situación de penuria mundial se atenúe y estemos mas cerca del vencimiento de los contratos de alquiler; y ¿por qué no admitirlo?, opino yo de manera personal, también estaremos mas duchos en materia del manejo de este tipo de situación.

Ojalá que cuando volvamos a tratar de comprar el edificio para las oficinas del Estado en Nueva York, podamos contar con la misma comisión de trabajo. Creo que será muy pronto, porque Luis Abinader tiene el tema entre ceja y ceja, porque lo prometió.

 

¡Vivimos, seguiremos disparando!

 

 

ROLANDO ROBLES   rolrobles@hotmail.com

 

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